Mientras mi ciudad duerme (final).- Corregido y mejorado

Las imágenes corresponden a esculturas de Von Hagen en su técnica denominada "plastination".

 

 

Ignoro cuánto tiempo transcurrió antes de que me despertara en una camilla situada en una especie de quirófano ultramoderno, totalmente aséptico, iluminado por una tenue y agradable luz verdeazulada, donde se podía escuchar una suave y relajante música al más puro estilo new age, con sugerentes sonidos metálicos.

Una placentera sensación de paz y relajación me embargaba, aunque sentía que no era natural, que algo introducido previamente en mis venas, era la causa de esa inusitada sensación. Una joven de bata blanca, agradables facciones y simpática sonrisa me preguntó muy amablemente cómo me sentía. Me ayudó a levantar con cuidado de la camilla ya que al enderezarme me sentí un poco mareada, cosa a la que la supuesta enfermera quitó importancia advirtiéndome de que en pocos minutos me sentiría perfectamente.

Me hizo pasar a un moderno despacho, cómodo y bien iluminado, decorado con unas extrañas flores cuya corola parecían orejas humanas teñidas de bellos colores. En un búcaro sobre la mesa llamó mi atención un raro objeto decorativo, unos palillos lucían con el extremo que sobresalía como con ojos humanos pinchados. La lámpara que colgaba sobre el escritorio estaba fabricada de un bello material translúcido de finísima apariencia semejante a la piel humana.

En una de las esquinas de la estancia, una atrayente escultura parecía hecha con huesos humanos cubiertos de una lumínica pintura de extraordinario brillo metálico. Sobre el lienzo de la pared a mi derecha, lucían unos cuadros como de puzles hechos a base de uñas, piezas dentales y costillas colocadas en diferentes direcciones, consiguiendo un juego de formas realmente armónico y llamativo. Ah, y también llamó mi atención el par de pendientes que lucía la chica, a base de  cuentecitas engarzadas con hilo quirúrgico. Y me gustaron porque se salían de lo corriente..., eran en diferentes tonalidades de color carne y textura blandita. Las cuentecitas, de diversos tamaños, semejaban pezones de mujer, combinados a su vez con dientes y muelas teñidos de una transparente laca en dos tonos verdosos que contrastaban con el rosado de los pezones y le conferían brillo y luminosidad.


 

 
 

Me sentía confortada y a gusto en aquel agradable despacho, decorado en ese estilo tan ultramoderno pero con un gusto exquisito y, mientras la enfermera me soltaba un aburrido rollo con la sonrisa de oreja a oreja, yo me entretenía observando y tomando nota de los detalles en la decoración para aplicar alguna novedad a la de mi casa. Abstraída en mis pensamientos, de repente volví en mí al notar cómo la enfermera llamaba mi atención ofreciéndome un bolígrafo de hueso que escribía con tinta roja y pidiéndome que rellenara un papel en el que eximía de cualquier responsabilidad a la clínica, haciendo constar mi número de cuenta y firmando al lado del número de mi D.N.I.

Al despedirme amablemente, la joven me indicó que todo se desarrollaría con la más absoluta normalidad y que me sentiría bien al margen de pequeñas molestias sin importancia. Y que, a partir del siguiente mes me empezarían a pasar a mi cuenta bancaria el cobro de las cuotas mensuales.

Yo salí satisfecha de allí, con sensación de tranquilidad y las cosas bien hechas, aunque, sorprendentemente, no recordaba para qué había estado en esa clínica, cuál fue el motivo que me había llevado a solicitar sus servicios ni de qué se trataba lo que me habían hecho. Pero no me importaba, tenía mi total confianza depositada en ellos.

Tranquilamente me fui de compras. Poco a poco transcurrieron los días con absoluta normalidad y yo jamás volví a recordar mi estancia en la clínica, aunque me sentía totalmente a gusto conmigo misma.

Pasado un tiempo me di cuenta de que mi regla no venía. Esperé otro mes pensando que el retraso podía deberse a cualquier desajuste sin importancia, hasta que, transcurridos dos o tres meses, empecé a preocuparme. Mi menstruación seguía sin aparecer y además notaba unas extrañas molestias en mi bajo vientre que nunca antes había sentido. Pero no era sólo eso, es que también se iba abultando y tomando una forma extraña y sentía algo en mi interior muy molesto.

 

A los pocos días decidí pedir cita con mi ginecólogo porque las molestias se hacían ya poco o nada llevaderas, el extraño bulto crecía, mi regla seguía sin aparecer y ese algo me pinchaba por dentro, me arañaba la carne, me impedía adoptar algunas posturas normales...

 

El ginecólogo estaba muy solicitado, tenía mucha clientela y no podía darme la cita en breve. Yo no sabía qué hacer, empezaba a agobiarme y desesperarme. Ya no podía aguantar tanta desazón, ...cuando noté algo que me empezó a aliviar y transmitir una sensación de calma y esperanza. Como algo de humedad, de liquidez, un flujo que salía de mi vagina. Comprendí que sería la regla y que las molestias habían sido causadas por el retraso, quizás debido a que se acercaba mi menopausia, y decidí no darle mayor importancia al asunto pensando que las molestias me desaparecerían. Acudí al baño con la esperanza de ver mis bragas manchadas de sangre y ponerme un tampón.

Me senté en el wc mientras un agudo dolor parecía destrozarme el vientre. En efecto, mis bragas estaban manchadas de sangre, pero yo notaba salir de mi vagina algún producto más que no era líquido precisamente. Qué va, era algo duro que me hacía polvo las entrañas. Intenté relajarme y con un espejo de mano inspeccionar esa delicada zona que notaba arder en carne viva.

 

Enfoqué mis genitales con el espejito, algo asustada y perpleja. Miré con curiosidad pero no sin preocupación. Al ver reflejada mi zona vaginal en la superficie especular, no pude evitar dar un grito despavorido, y un sobresalto me hizo soltar el espejo aterrada... Hice todo lo posible por enderezarme y no perder el conocimiento, aunque a punto estuve de caer redonda al suelo desmayada cuando vi asomar por mi vagina algo parecido a una pequeña asta de toro.

 



 

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Comentarios:

Escrito por: saya_vampiro       09/05/08 10:51
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Dar a luz si que debe doler.
Son curiosas las imagenes
Escrito por: Cloro_fila       09/05/08 02:58
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Uyyyyyyyyyy qué final más fuerteeee! Por Dioss...yo creo que no quiero ni pasar por la vereda de una clínica así!!
Además, lo narras con un detalle impresionante, "a sangre diría" uff ufff Avecita..¡entré en pánico! jajaja te felicitooo
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