MI ROPA DE DOMINGO

"¡Maldita sea!, ya es tarde, de seguro mi viejita está preocupada por mí y yo recién llego a la casa. Todo por culpa de esos tarados de mis "amigos" que no me dejaban ir". Seguía caminando y pensaba qué decirle a mamá cuando llegue a casa. El sol ya estaba encimado en el cielo y yo recién llegando a mi hogar con el malestar de la resaca y con la peor pesadez que se pudiera sentir.
Me sentía raro ya que a pesar de lo desastroso que lucía y mi caminar tambaleante la poca gente que vi en el trayecto no me prestó atención. "Mejor para mí, luego no van a chismear tonteras en el barrio; bueno y si lo hacen igual no me importa."
Ya casi al aproximarme a la puerta de mi hogar me acomodé la ropa; ahí me di cuenta de que estaba todo cochino, parecía indigente. "Con razón no me reconocieron mis vecinos", pensé. Traté de recordar dónde pasé la noche, pero por más que hice el esfuerzo en acordarme no pude.

Mi casaca estaba toda negra como si me hubiera revolcado en polvo de carbón y lo mismo noté en mi blue jean, mis zapatillas blancas ya no son más blancas, el matiz grisáceo las hacían parecer zapatos. "¡Qué desgracia! ¿Dónde me metí?" seguía pensando "¡Qué vergüenza que me vean así!". En ese momento miré mis manos y las vi negras y melosas "De seguro fue por el trago", al acomodarme el cabello lo sentí duro como si me hubieran echado algo pegajoso en la cabeza. "¡Carajo! ¡¿Qué me han echado estos mierdas?!" pensaba en mis amigos muy furioso, pero no me acordaba nada. Me acomodé como pude y al empujar la puerta de entrada estaba abierta, "¡Uy, qué suerte!, así no hago bulla". Rápidamente me escabullí por el patio y me escondí en mi habitación. Con las pocas fuerzas que me quedaban me saqué todo y escondí mis ropas por si mi vieja entraba luego a mi cuarto. "¿Pero y ahora mi cabello y mis manos? ¿Cómo hago para lavármelas?, sino voy a ensuciar toda la cama y peor mi vieja se va a enojar más".

Ahí noté que la casa estaba muy tranquila y sombría "seguro no hay nadie", pensé y me asomé a la ventana que miraba al patio. Como no vi a nadie, salí apresurado al baño y tomé la ducha más veloz que me di en mi vida. Salí del baño y llegué a mi pieza, cerré con llave y me puse a dormir.

De pronto se interrumpió mi sueño.
- ¡¿Por qué haz sido tan inconsciente?! - Era mi madre frente a la puerta de mi habitación que gritaba y sollozada a la vez. El temor a la reprimenda y mi cobardía hicieron que me quede callado, es más me hice el dormido, pero: "Mejor pienso en
qué pretexto darle a mamá".
- ¡Siempre te dejé hacer lo que querías y ves cómo te has comportado! - Seguía diciendo frente a mi puerta, pero no entró a mi cuarto.
- ¿Era difícil decirle "no" a tus amigos? - dijo mamá sus palabras como reprimiéndome y lamentándose.
- ¿Acaso yo te crié mal para que me pagues así?- sentí que se pegó a mi puerta y se puso a llorar.
Estaba por abrirle la puerta cuando en ese momento escuché -Ya mamá, cálmate. Espera que pase ¿No te das cuenta que te hace mal ponerte así?- Era mi hermano mayor. -No hagas mala sangre. Luego va a pasar-
"¡Pucha!" pensé. "Seguro que como no llegaba, mi vieja fue a buscar a mi hermano para que me ubique y ahora él también debe estar enojado, y él me va a sacar la mierda cuando me levante" Me entró temor, más por mi irresponsabilidad que por enfrentarlo. Sabía bien que había hecho mal. Sentí más bulla en la casa, mis hermanos menores iban de un lado a otro, lo noté porque sus pasos iban y pasaban de sus dormitorios, junto al mío, hacia la sala. Escuchaba que sacaban charolas, platos y tazas de la vitrina que adornaba la sala como una estatua sempiterna. Todos hablaban en voz alta, empero uno a la vez. No escuché bien lo que decían, pero algo de una reunión en el local social se trataba.

Como era domingo, pensé que había una fiesta religiosa, de las tantas que había en mi barrio, y a las cuales mi madre era infaltable; sin embargo no sentía cohetes ni música de los "caperos". "Seguro es una fiesta pequeña...Ya luego me acuerdo" y seguí tratando de dormitar, pues la resaca me mataba la cabeza; era un golpe de gong que resonaba y me golpeaba a la vez.

Luego escuché a mi hermano menor decir -¡Ma´! Ya subimos para el local. Ya está todo listo!-. De mamá no oí nada porque sollozó en voz baja, lo único que escuché fue un sonoro suspiro y un murmuro que no comprendí. "Pobre mamá, sufre por mi culpa y mi falta de responsabilidad"; pensé. " Bueno, tengo que pedirle disculpas y cambiar de actitud". Quedé dormido nuevamente y la casa en silencio.
-¡Tan, tan, tan....!- Como nunca, escuché al reloj de campana de la sala que sonaba siempre a la hora del almuerzo. Desperté. Ya estaba repuesto, sólo un poco de pesadez dejado por la resaca tenía en el cuerpo.
"Bueno" dije "Tengo hambre y como todos están en el local social, voy para allá y seguramente hay un suculento almuerzo; de paso me acerco a mi viejita; le pido disculpas y como habrá full gente paso piola y el regaño no va a ser grande". Ya había planificado cómo hacer para que la reprimenda que me esperaba no sea tan fuerte.
Me levanté, me arreglé en el baño, regresé a mi pieza y me alisté. Vestido bien con la ropa de domingo, limpio y elegante, salí de mi casa con dirección hacia el salón social.
Al ir aproximándome al local, noté que entraba gente. "Bien, alístate para poner cara de arrepentido y de buena gente" me decía.

Cuando llegué a la puerta no pude creer lo que vi. Era un velorio, el féretro estaba en el centro de la habitación de entrada; el cuadro era tétrico, y el salón a pesar que era de día estaba en penumbras; mi madre y mis hermanos estaban en un salón contiguo vestidos de negro.

"¡No puede ser! Seguro es mi abuelo. El viejo ya estaba en las últimas con su corazón, y más aun que yo no llegaba a la casa, de hecho que le dio un infarto y se murió". Me sentí culpable "...Y lo peor de todo es que no estuve en la casa para ayudar a mi madre en ese rato de desesperanza, o a fin de cuentas, para acompañar al viejo en sus últimos momentos. “Soy de lo peor" me decía y agaché la cabeza moviéndola hacia ambos lados.
"El viejo siempre fue muy bueno conmigo y yo era su nieto preferido". Unas lágrimas se aproximaron a mis ojos mientras lo recordaba e ingresaba al salón.
Me acerqué lentamente a las exequias y a cada paso que daba sentía el temor del arrepentimiento, y de descubrir ese rostro que ya nunca más me iba a ver, o recordar esa voz que nunca más iba a oír y trataba de imaginar a mi abuelo en casa dándome un consejo o contándome una de sus anécdotas inmemorables, me acerqué cada vez más y cuando estuve al lado del féretro un rayo helado me atravesó todo el cuerpo, cruzó por mi espalda y me dejó paralizado; no podía creer lo que vi; dentro de él estaba yo vestido con mi ropa de domingo.
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: omenia       15/04/08 15:14
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me gustó tu cuento.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar cuentos