Por mi adolescente corazón pasaba aquella mañana toda la tristeza del mundo, y no tengo dudas que caben bastantes. Si no renegué entonces de la vida es porque aún no había conocido a cierta gente, aunque sí lo suficiente al Gordo Intelecto, hijo único de una joven viuda e insoportable fanfarrón.
|
Imprimir |
Enviar historia |
