Día de locos. Exhausta volví a casa. No podía más del agotamiento. Me dejé caer en la cama como un saco de patatas.
Me sorprendió que mi marido no estuviera pero no fui capaz de esperarlo y me quedé frita.
A
media noche, no sé qué hora sería, noté alguien a mi lado. Su olor, su
respiración, el roce de su cuerpo me resultó familiar. ¿Quién iba a ser
sino mi marido?
Aliviada respiré tranquila, me di media vuelta y continué durmiendo.
Sonó
el despertador y abrí los ojos. Normalmente yo me despierto antes que
mi marido. Me marcho al laboratorio donde trabajo antes de que él se
levante, pues mi laboratorio sigue un horario más tempranero que el
comercio de alimentos para robots donde él trabaja como dependiente.
Sin
venir mucho al caso os diré que mi trabajo es con genes humanos. Se
hacen experimentos de trasplantes, combinaciones novedosas,
manipulaciones de todo tipo, híbridos de humanos con diferentes
especies animales o con habitantes venidos de otras galaxias; en fin,
lo normal en estos casos. Es lo que se dice un laboratorio de
ingeniería genética.
Allí tenemos nuestras precauciones y vamos
siempre protegidos con un mono de ruizprado, una escafandra de
gaultier y unos guantes de givenchy que son los materiales más
protectores que exiten contra cualquier tipo de contaminación. Ah, y
por supuesto, la ropa interior de kalvinklein.
Pero a pesar de
todo, más de una vez he llegado a casa con restos genéticos adheridos a
mi calzado o a mi pelo, a consecuencia de lo cual, si caía
accidentalmente en la comida, podían salirnos antenas de cucaracha o
extremidades de saturnino. Un día sin darme cuenta me vine con un
embarazo de ocho meses y lo peor es que era de ballena. Ni os imagináis la
bronca de mi marido.
Pero volviendo al punto que estábamos, me sorprendió que la cama estaba vacía, mi marido ya se había marchado.
Legañosa
y aturdida me fui al lavabo. Me eché agua fresca en la cara para
espabilarme y, al levantar la mirada hacia el espejo, un escalofrío me
recorrió el cuerpo. Me di cuenta que no era yo sino que yo era mi
marido.
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