Mi Inmortal

PRÓLOGO
En el mundo majestuoso, misterioso y peligroso que es la mente humana, es difícil determinar con frecuencia cuando termina la ilusión y donde empieza la realidad. Es en este lugar en el que los mas grandes inventos y avances de la raza humana han germinado, han prosperado y dado frutos, pero también es donde las mas grandes pesadillas y demonios anidan y acechan, esperando a que cualquiera de nosotros caiga en sus garras para hacernos creer que lo que queremos es precisamente lo que ellos quieren, ¿o es al revés?
La mente humana es probablemente el instrumento mas poderoso de nuestra especie, es ella la que puede ser una herramienta para crear o un arma para destruir: es tan ambivalente y tan singular como la persona es única en el mundo; desde el comienzo ha sido lo único que hemos tenido para luchar, lo único que es puramente nuestro.
La hemos usado para enfrentarnos al mundo y conquistarlo: desde nuestros ancestros que procuraron su supervivencia creando herramientas, armas, aprendiendo a colectar alimentos, a manejar las fuerzas de la naturaleza; hasta nuestros tiempos, con científicos desarrollando formas mas eficaces de curar o de matar, con personas buscando salvación del mundo social al que nos enfrentamos, usando mascaras, trajes o mundos, todos ellos nacidos del interior de nosotros, de nuestra mas poderosa aliada y nuestra mas letal enemiga.
Pero, ¿que pasa cuando esta simbiosis, esta relación de usuario-herramienta deja de funcionar o peor aun, cuando es la herramienta la que decide “usar” al usuario, a nosotros? Los mas grandes genios de nuestros tiempos han aprendido a mantener las líneas bien marcadas entre ambos: pero los mas cruentos seres de nuestro mundo han dejado que estas líneas se borren y circulen libremente todas sus fantasías, saltando de un lado al otro, consumiéndolos a ellos y a los que los rodean, dejando solo una estela de miseria, dolor y destrucción a su paso.
Los mas brillantes estrategas militares, los mas ilustres artistas, los mejores de nosotros han usado su mayor talento, su vasta y útil mente para el beneficio de la raza humana y el desarrollo común: pero los mas crueles psicópatas, los peores sanguinarios tiranos y dictadores la han usado para destruirlo todo… así de poderosa puede ser, cuando “cruza del otro lado del rio” que es la naturaleza humana.
Con frecuencia se dice que el ser humano no usa más del 10% de su cerebro: en lo personal yo difiero. Este órgano, de unos 7 kilogramos consume más del 20% de toda la energía que obtenemos de los alimentos, es el órgano más desarrollado de todos los animales en este mundo, pero también es el más frágil de todo nuestro cuerpo: un simple golpe repentino directo al cráneo, un movimiento brusco a la cabeza o el suave pero poderoso efecto de ciertas sustancias son suficientes para que en nuestro interior haya un genocidio considerable de neuronas, un crimen que con frecuencia se paga caro, tarde o temprano…
Nuestro mayor orgullo,  trofeo de los sabios, el logro mas importante como especie es también nuestra mas dolorosa corona de espinas y también nuestro verdugo mas inmisericorde.
A pesar de esto, es lo más valioso que tenemos y pareciera ser también lo más resistente en nosotros: lo usamos todos los días sin fallarnos alguna vez y es nuestro amante mas caprichoso; podemos vivir sin extremidades, sin órganos, incluso sin piel, pero no sin él.
Pero no hay que olvidar, que a pesar de esto, es solo materia y algún día dejara de funcionar y hay que distinguir, que aunque parezcan sinónimos, mente y cerebro no son lo mismo, pero son iguales para nosotros.
Algo que es cierto de la Biblia, es que si hay un Dios que nos creó a su imagen y semejanza, nos creo también con la capacidad de crear mundos.  Mundos que podemos explorar, que podemos otorgarles todas las gracias y maravillas que conocemos en vida, poblarlos por quienes queramos y compartir con ellos esto, incluso mejorando lo que conocemos en nuestros lienzos en blanco: en este aspecto, cualquiera que sueñe, que tenga ilusiones o razone nuestro mundo, es un Creador y por consiguiente, es Dios de su creación, de su propio mundo.
Las personas crean mundos todos los días sin darse cuenta con ayuda de los dos, siendo en realidad una Santa Trinidad: nuestro mortal cerebro que nos da noción y una base para empezar, nuestra mente que nos transporta a nuestra creación y nos presenta allá y nuestro ser, que le da aquella chispa, para que sea real y viva allá, tan lejos y tan cerca de nosotros y nuestras vidas cotidianas.
Es un hecho bien sabido por todos, que al igual que en las civilizaciones anteriores a nosotros, habían jerarquías y panteones, con dioses mayores y menores que influían sobre el mundo de los seres vivos desde otros mundos, guiándolos, protegiéndolos o torturándolos sin miramientos; en este aspecto, las personas “Creadoras” también están agrupadas por dioses primarios y secundarios, y son los artistas los que son los mayores Creadores de mundos de nuestra especie.
 Los artistas, sean escritores, escultores, pintores, cocineros, actores, bailarinas, concertistas, músicos, etcétera, todos ellos, tienen un don único para crear con mayor detalle y vivacidad estos mundos, y donde de forma consciente o inconsciente, suelen llevar una segunda o primera vida, en la que pueden encontrar refugio y la inspiración que con demasiada frecuencia, el “mundo real” no puede proporcionar; aunque esto signifique perderse en esta ilusoria realidad o peor aún, perder este otro mundo real y dejar de ser un ser humano y ser solo un autómata mas…
Pero, una vez más vuelvo a preguntar, ¿que pasa cuando la creación se vuelve contra el Creador, cuando el Creador se vuelve la creación de su obra?
Filósofos, artistas, científicos, religiosos y comunes se han preguntado esto desde el origen mismo del hombre y en lo personal, solo puedo decir que de este choque de titanes, de mundos pares y dispares sincronizados y de la perdida del control, nuestro único recurso para tener orden en cualquier mundo, solo puede surgir la tragedia y la oportunidad…


 

 

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