Mi casa.

Categoría(s): ficción
Mi casa

 

La casa se fue llenando de sombras, a las siete de la tarde en pleno invierno, no se podía estar sin prender las luces, el sol ya se había ocultado y la oscuridad invadía la casona.
La casa, mi casa, ¡qué sola está!, solo ella y yo, yo y ella, nadie más, ni un perro, ni un canario, nadie que me acompañe en esta soledad, nadie puede vivir en ella, salvo yo.
Es que “ella” tiene vida propia, sólo yo lo sé, pero créanme, es así, ya lo he intentado, he tratado de traer gente, de vivir con alguien, pero todo es inútil, ella los espanta y vuelvo a estar solo, solo con ella.
Todo comenzó aquella tarde, hace algo más de un año cuando mi  esposa Fernanda y yo buscábamos una casa para mudarnos, al pasar frente a ella, fue verla y enamorarme de ella, aunque a Fernanda no le agradó para nada yo le hice ver que era muy espaciosa e iluminada, de dos plantas, ideal para nosotros.
Soy arquitecto, me llamo Nicolás Málaga y pensé que podría hacer algunos arreglos ya que tiene varias habitaciones y en general estaba bien, hasta el jardín era agradable, rosas y jazmines circundan la casa, mis flores predilectas, las rosas por sus colores y los jazmines por su fragancia.
Fernanda aceptó de mala gana pero solo porque quería mudarse del centro, ella es escritora y necesitaba tranquilidad para pensar.
Nos mudamos aún antes de que se secaran las paredes pintadas, quería vivir cuanto antes en ella.
Cada uno tenía su propio espacio, Fernanda su biblioteca, su escritorio, un barcito donde preparaba sus Martinis  cada vez que escribía, una noteboock con los más modernos adelantos de la computación, etc…
Nuestro dormitorio está en la parte superior de la casa, grande, sumamente luminoso, con un enorme somier, placares incrustados en la pared y un televisor de treinta y dos pulgadas, todo de última generación.
Así de a poco, la casa se fue transformando, de ser una casona pasó a ser una hermosa casa de dos plantas.
Al principio, todo marchaba bien pero Fernanda, a pesar de todo tenía miedo, no se animaba a quedarse sola en ella.
Yo comencé a traer mi trabajo a casa y fui dejando de lado mi estudio, el cual era atendido por mi socio y poco a poco fui abandonando todo lo que no fuera mi hermosa casa.
Ya no quería salir, ¿para qué? decía yo, tenemos todo en ella, casi un cine, la comida la pedíamos y nos la traían recién hecha, ¿qué más podíamos pedir?, pero a Fernanda no le agradaba vivir siempre encerrada, como decía ella, necesitaba salir, pasear, divertirse con personas de nuestra edad, jóvenes, yo no lo entendía hasta que un día, me abandonó, dejó todo y se marchó, me dejó solamente una carta explicando algo que yo no quería entender, esa no era la vida que habíamos planeado al casarnos y ella no lo pudo aceptar.
Yo me sentía muy a gusto en la casa, en la nueva casa a la cual me apegaba cada vez más sin notar el daño que me hacía.
Cierto día que me encontraba por casualidad en el centro, quería ir a mi antiguo estudio, la vi, estaba hermosa, pero al querer saludarla, salió corriendo hasta que la perdí de vista.
Me sentía extrañado, me ignoró por completo, hasta pensé que huía de mi, solo quería saber que hacer con sus cosas, las cuales dejó al marcharse pero al irse decidí ir a ver a mi antiguo socio, aún no lo entiendo pero él tampoco me habló, todos parecían ignorarme, pensé que había mucho trabajo y volví a mi casa un tanto decepcionado por los hechos ocurridos, pero contento de volver a ella.
A Homero, mi socio, nunca le agradó mi casa, recuerdo el día que nos mudamos, Homero nos trajo un cachorrito de regalo, el animal lloraba constantemente, fue imposible hacerlo quedar dentro de la casa y lo tuvimos que devolver, entonces nos trajo un par de canarios, los cuales a la mañana siguiente, encontramos muertos.
Fernanda me decía que la casa estaba embrujada, que era por eso que los animales no querían estar en ella, ellos presienten el peligro, por supuesto que yo me enojaba y no le prestaba atención.
Ahora, mientras recuerdo todo esto, voy hilvanando cosas y creo que me voy dando cuenta de lo que pasa.
El tiempo transcurre, pero sólo lo percibo al ver la luz del sol y la oscuridad de la noche, las luces no funcionan.
Además voy a tener que quitar el letrero que alguien ha colocado frente a la casa el que dice “Se vende”, yo no lo he puesto, hay varias cosas que no comprendo, trataré de dormir un poco, mañana veré de arreglar algunas cosas y poner al día mis pensamientos.
Fuera de la casa, a la mañana siguiente, un vendedor y un cliente mantenían la siguiente conversación.
___Sr. Martínez, si lo desea podemos pasar a ver la casa por dentro, como le dije antes está todo en orden, con muebles y todo lo que necesite para poder ocuparla lo antes posible si es que lo desea.
___Sr. Mendoza, déjeme verla primero, por fuera es muy bonita, pero no la he visto aún por dentro.
___Pase Ud. Sr. Martínez, ya se convencerá.
Luego de visitarla por completo, el cliente quedó muy impresionado y comentó:
___Tenía razón, la casa está impecable, pero imagino que ahora viene lo peor, el precio, debe ser sumamente cara con todo lo que hay adentro.
___No señor, al contrario, lleva un año desocupada y la propietaria, la señora Fernanda Málaga está deseosa de venderla y ha bajado sustancialmente su precio.
___Me pareció recordar que en esta casa hubo un suicidio, ¿es verdad?
___Ya que lo menciona le diré que en realidad nunca se supo que ocurrió con su dueño, el esposo de la señora Fernanda, algunos dicen que la soledad lo enloqueció y él solo se tiró de la escalera del segundo piso, otros piensan que no fue así, nadie lo sabe.
___Bueno, en realidad no tiene importancia, no creo que deba preocuparme, no creo en casas embrujadas ni en fantasmas, si el precio es bueno, la compro.
Al fin se develaba el misterio, el arquitecto escuchaba atentamente, parado frente al señor Martínez, al fin se daba cuenta de lo ocurrido.
Aquella noche, luego que Fernanda se marchara, subió a su dormitorio, se recostó en la cama pensando que quizá Fernanda tenía razón y de pronto comenzaron las voces, la casa se burlaba de él, diciéndole que no era lo suficiente hombre como para defenderla, y así, poco a poco lo fue empujando hacia la baranda de la escalera hasta que de pronto, una ráfaga de viento lo empujó hacia el piso inferior, partiéndose el cuello al caer, al fin lo sabía, aquella tarde, Fernanda no salió corriendo al verlo, porque ni siquiera lo vio, nadie podía verlo, ni siquiera el señor Martínez, los muertos no son vistos por los vivos, ¡al fin entendía! Y al fin estaba libre, libre de aquella maldita casa, lo lamentaba por el señor Martínez, pero nada podía hacer, quizá a él también le había llegado la hora.

 

Omenia.
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Comentarios:

Escrito por: AndresMiranda       14/07/08 20:02
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Me lo devoré.
Un drama de los de nuestro conocido Alfred Hitchcock, con todo el suspenso hasta el final, y abierto como debe ser.
Un beso
Andrés
Páginas: 1

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