Mea Culpa -ab imo pectore- (cap. 9: Otra alma desgarrada) -PARA ADULTOS-

Categoría(s): Mea Culpa, Ciudad Mágica

Siento como si hubiese pasado una eternidad y tres d s desde la última vez que publiqué un capítulo de Mea Culpa X_x mil disculpas a mis fieles lectores, porque la he estado pasando mal y ando con la musa baja -_- pero bueno, más vale tarde que nunca ˆˆ

 

Advertencias de rigor:


1- TODOS los personajes y la trama de esta historia son de mi total y absoluta propiedad.

 

2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta ¡NO LEAN!

 

3- Lemon y sexo no consentido narrado con pelos y señales. Si no les gusta ¡NO LEAN!

 

4- Críticas... Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, será ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.

 

¡Diviértanse!

 

 

Selene18 “The Spicy” Darkside & Zuster

 

Mea Culpa -ab imo pectore-

 

 

Capítulo IX: Otra alma desgarrada

 

Pasaron varios días desde que ocurrió el incidente con GiantDrop.

 

Para alguien como Dreams Live, aquel percance lo había dejado traumatizado y confundido, pero no de la forma que muchos podrían imaginarse. Durante los días siguientes, se había encerrado en su habitación, más silencioso que nunca.

 

Por un lado se sentía enfadado con GiantDrop, porque se había aprovechado de su actitud amistosa para engatusarlo y hacerle daño. Por otro lado, no podía evitar sentir algo de lástima por él, ya que pese a todo, seguía siendo un viejo cansado y triste…

 

«Justo como Jacques…» pensó el humanoide, recordando al embajador que lo adoptó, y su actitud de perenne y cansina tristeza a causa de la muerte de sus familiares en un accidente aéreo… ¿cuántas veces no tuvo que alegrarlo y consolarlo por tan lamentables e irreparables pérdidas?

 

Aún así, cada cosa tenía su bemol. Jacques era un hombre cansado y triste, también era gentil y cariñoso. Había tratado a Dreams Live como el hijo que nunca tuvo, sin importar que éste fuese una criatura de otro planeta. Siempre había procurado darle lo mejor de lo mejor y estar a su lado en las buenas y en las malas.

 

Sin embargo, GiantDrop era diferente. Estaba cansado y triste, pero también resultó ser alguien penoso y desagradable. Alguien que creía que haciendo daño se sentiría mejor. Alguien hambriento de poder por alguna insondable -pero triste- razón.

 

No intentes negarlo. Lo has disfrutado. Puedo leer tantas cosas en esos ojos café que tienes…

 

Si, me gustó… Pero no puedo evitar sentirme raro, e incluso mal con todo esto ¿qué pasará conmigo, GiantDrop? Nadie me dijo que pasaría por estas cosas, Jacques me prometió que aquí estaría seguro.

 

Cerró los ojos al recordar aquellas palabras. Era cierto, había disfrutado a pesar del dolor, la humillación y el miedo que le hizo sentir. No obstante eso no le impedía contemplar con sorpresa y desolación que Ciudad Mágica tal vez no sería un sitio muy seguro. Tal vez no habrían terroristas ni nada similar, pero si había gente como GiantDrop, y con ellos era más que suficiente.

 

«Me pregunto cuántos serán como él. Y más importante aún ¿quiénes?» pensaba Dreams Live, revolcándose en el calor de la sábana que lo cubría. «No sé si quiera llevarme alguna otra decepción de este tipo»

 

Decepción, vaya, bonita palabra la que usaba para designar todo este trauma, pero dentro de todo, tenía bastante sentido. Después de todo, Dreams Live había confiado ciegamente en las palabras de Jacques Lu Count, y había esperado encontrar amigos y seguridad en este sitio; mas lo que había conseguido era todo menos bonito.

 

Aún así, pensó que sería interesante saber un poco más de la persona de GiantDrop; cierta vez el embajador le había dicho que tanto a amigos como enemigos era bueno mantenerlos cerca, y si era posible, investigar sus debilidades.

 

«¿Podré con esto? Es decir, soy tan joven y se supone que debería estar asustado ante todo, pero aunque lo estoy, no voy a correr de todo el que se me acerque…» pensó Dreams Live «Tal vez no me siento así porque la curiosidad me está dominando…»

 

Miró el reloj: eran las doce de la noche; mucho más temprano de lo que pensaba. Esa noche iba a ser eterna, sin duda alguna. Resolvió salir a pasear, a fin de organizar un poco sus ideas.

 

**************

 

El edificio estaba solo, ni un alma se veía en las inmediaciones. La única compañía con la que contaba Dreams Live era el viento fresco veraniego, tan característico de Venezuela.

 

El humanoide recorrió los pasillos, escuchando toda clase de sonidos entremezclados: gorjeos de distintos acentos -debían ser topspins, seguramente-, silbidos también de distintos acentos -tal vez eran frisbees gigantes y martillos-, himplados de montañas rusas y hasta zureos de topscans. Vaya, toda una fauna humanoide residía en este parque.

 

De repente, un gorjeo fuerte, muy fuerte, estremeció sus oídos. Dreams Live casi saltó, y se puso alerta, buscando la fuente del sonido. El grito se repetía una y otra vez, sonando desgarrador a ratos. Parecía ser otro disco giratorio, a juzgar por el acento del gorjeo.

 

El rastreo lo condujo a una puerta muy familiar, sobretodo porque destacaba por ser más alta que las demás. Estaba entreabierta, por lo que el humanoide aprovechó para espiar.

 

La escena sorprendió en demasía a Dreams Live: un humanoide absolutamente conocido para él yacía sobre GiantDrop, mientras que otro de cabello rojo y corto -que no conocía de ninguna parte- estaba detrás suyo.

 

«¡Es SpinFly!» razonó Dreams, tras observarlo mejor «¡Claro, cómo olvidarlo! Yo bailé con él hace unas noches atrás…»

 

Empero el ojo de Dreams no lograba captar ni entender del todo qué diablos ocurría, como para que SpinFly gritara con tanta fuerza y terminara deshaciéndose en gorjeos ahogados que no sonaban a dolor en lo absoluto. Sólo podía ver a los dos gigantes moverse desenfrenadamente en una suerte de mutuo compás.

 

— ¿Qué tal se siente, pequeño infeliz? —inquirió GiantDrop, con un gruñido que sonaba irónico —Tener dos vergas tamaño regio entrando y saliendo por esa pequeña aberturita que tienes…

 

«¿¡Dos!?» a Dreams Live se le erizó la piel de sólo imaginar el nada despreciable sexo de GiantDrop -que por si sólo era capaz de causar un dolor increíble- acompañado de otro de dimensiones similares «¿¡Dos miembros en una sola…!?»

 

Las piernas le flaquearon totalmente, impidiéndose mantenerse en pie. Dreams buscó sujeción en el pomo de la puerta entornada, pero cuando lo hizo, la puerta traidora chirrió, alertando a los ocupantes de la habitación.

 

—Vaya, vaya…— roncó GiantDrop, con los ojos brillantes de una fiera hambrienta —Con que es el pequeño hijo del embajador…

 

— ¿Embajador? —repitió MegaDrop, mirando a Dreams Live con extrañeza — ¿Qué país?

 

Dreams Live casi se espantó al ver los ojos de la torre pelirroja: eran muertos y totalmente inexpresivos. Carecían del brillo de la vida, como si fuese un difunto resucitado.

 

—Francia. —cortó SpinFly — ¡HUYE, DREAMS!

 

GiantDrop soltó un gruñido burbujeante, que se asemejaba a una carcajada, y colocó su manaza en la boca de SpinFly.

 

—Puedes correr pero no esconderte, Dreams Live, así que no te lo recomiendo. —esbozó una mueca torcida y aferró a SpinFly, sin dejar de amordazarlo con su gigantesca mano —Pero si gustas, hazlo. Igual te vamos a encontrar.

 

Ni corto ni perezoso, Dreams Live emprendió la huída. GiantDrop le hizo un gesto a su esclavo.

 

—Tráelo aquí, mein kind.

 

«¡Esto está de locos!» pensó Dreams Live, corriendo como si el mismísimo diablo lo persiguiese «No puedo creer que este tipo de cosas pasen en un sitio con reglas y que se supone ser muy seguro…»

 

Sintió los pasos retumbantes y apresurados de la torre pelirroja, así que apuró el paso. Aquella torre de mirada vacía no iba a detenerse hasta encontrarlo.

 

«Tengo que esconderme, no quiero que me atrapen otra vez…» pensó, en un halo de lucidez «No quiero tener sexo sin mi consentimiento…»

 

Bien recordaba haberle propuesto a GiantDrop el volver a follar, pero bajo circunstancias diferentes, y eso excluía que lo hiciese sin su consentimiento. No quería volver a sentir esa oleada de triste violencia que percibió la primera vez.

 

Repentinamente se vio frente a un callejón sin salida, y segundos después, cara a cara con la torre pelirroja, que sonreía lánguidamente, como si la cosa en realidad no fuese personal.

 

—Hola, chamaco. —le dijo en lengua humana, con su acento mexicano —Ven conmigo, sino tendré que madrearte y de todas formas te traeré donde GiantDrop.

 

— ¡‘Tas loco, pana! —le contestó Dreams, con su acento venezolano — ¡Déjame en paz!

 

—Tal vez, pero si mi amo me dijo de traerte, pues te traeré ¿sale? Ahora ven conmigo, no me obligues a caerte a madrazos, chamaquito. —le contestó tétricamente, esbozando una sonrisa aterradora. Era una mueca vacía, carente de vida, de sinceridad y de calor. A Dreams Live le entraron escalofríos.

 

—No quiero que vuelva a violarme. —le dijo Dreams —Todo será consentido y cuando yo quiera, no cuando él lo diga.

 

—Parece que no entiendes tu situación, carnal. —le dijo MegaDrop, acorralándolo con su corpulencia —GiantDrop te quiere ahora mismo en su cama, y poco le importará si quieres o no. Así son sus reglas.

 

Dicho esto, se abalanzó contra Dreams Live y lo tomó en brazos, sujetándolo con fuerza tal que logró inmovilizarlo. Ahora el humanoide jadeaba de cansancio contra el hombro de MegaDrop.

 

—Lo siento si te violó, chamaco, pero no hay nada que ambos podamos hacer…— gruñó MegaDrop en voz baja, mientras subía las escaleras, rumbo a la habitación —Sólo relajarse y dejar que todo pase…

 

—Es muy fácil decirlo, pendejo…— gorjeó Dreams Live —No es a ti a quien violarán por segunda vez…

 

En esto, MegaDrop se detuvo y forzó a Dreams a mirarlo directamente a los ojos.

 

— ¿Y qué dejas para mi, que me ha violado como quinientas veces? ¡Y no me ando quejando!

 

Por un micro-segundo, los ojos vacíos de MegaDrop destellaron con fuerza, mientras su boca se curvaba en una expresión de ira.

 

—Cientos de veces sentí su miembro, sus manos y toda clase de objetos en mis esfínteres, hasta que me gustó tanto que dejé de resistirme…— Los ojos de MegaDrop volvieron a destellar una y otra vez mientras le recriminaba en rugidos iracundos —incluso le acepté como mi amo conforme la ley natural de las torres y porque además no me importa nada desde que perdí el alma…

 

«¿Perder el… alma?» los ojos café de Dreams Live se dilataron ante lo inimaginable y disparatado de la idea ¿cómo alguien perdía el alma? Se suponía que esa era la última fortaleza contra las desgracias de la vida.

 

—Así que no me salgas con cuentos que no te entiendo. — gruñó el pelirrojo, volviendo a su expresión neutra y los ojos perdieron el brillo momentáneo producto de la rabia —En realidad, te entiendo mejor que nadie, pero tampoco puedo hacer nada por ti. Las cartas han sido echadas ya.

 

Dicho esto, volvió a encaramarse a Dreams Live en el hombro, dispuesto a llevárselo a la habitación, donde aguardaban GiantDrop y SpinFly…

 

*******************

 

—No esperaba que Dreams Live se apareciera por aquí…— comentó GiantDrop, acariciando distraídamente los muslos de SpinFly —no después de lo que vivimos hace unas noches atrás.

 

Los ojos multicolores de SpinFly se dilataron.


— ¿Lo violaste tal como hiciste conmigo? —preguntó, al borde de la estupefacción —Por dios, GiantDrop…

 

—Hey, no comiences, enano. Para nosotras las torres, violar es un buen deporte. No me digas que se te pegaron esas leyes absurdas de los humanos sobre que el sexo es consentido, sino, a la cárcel…— gruñó y bufó, entreviendo los dientes — ¿Cuándo entenderás que está en nuestra sangre violar por placer y para obtener poder?

 

—Como raza pacífica y sin sed de poder NO lo entiendo. —contraatacó SpinFly, alzando la nariz —Y estoy harto de ti, y toda tu estupidez, GiantDrop.

 

La torre rubia le roncó largamente, sin mover la boca. Tomó a SpinFly por el cabello y lo obligó a recostarse.

 

—No me digas, SpinFly, que voy a suicidarme lanzándome desde lo alto de la rueda de la fortuna. Ya en serio, enano, déjate de estupideces que tenemos un trato. Además, no querrás que Dreams Live se entere…

 

—Seguramente ya leyó sobre mi en algún periódico de Francia…— replicó SpinFly, torciendo la mirada —No me sorprendería, siendo hijo de un embajador que debe estar al tanto de todo lo que ocurre en el país.

 

—Bueno, más a mi favor…— ronroneó GiantDrop —uno más que conoce tu vergonzoso secreto y que tendrás que silenciar para que la Manager no se entere y te ponga de patitas en calle, sino en la cárcel…

 

En eso, la puerta se abrió: era MegaDrop con Dreams Live sobre su hombro. El más pequeño ostentaba una cara de obstinada resignación.

 

—Bien hecho, mein kind. Trae a nuestro invitado a nuestra cálida cama. —dijo GiantDrop, haciendo algo de espacio para los dos. Ambos discos giratorios quedaron sentados frente a frente, y las dos torres detrás de ello, cuan extraña parodia de padres e hijos. —Imagino que ya se conocen, pues los vi bailar hace unas cuantas noches atrás. Todo un hermoso espectáculo, pues he de admitir que ustedes los discos giratorios saben bailar.

 

SpinFly emitió un gorjeo de fastidio y sacó un poco la mandíbula. Dreams Live desvió la mirada.

 

—GiantDrop, ¿sabes que puedo denunciarte con mi padre adoptivo? El podría ponerte en la cárcel o enviarte de regreso a Alemania. —gorjeó el humanoide moreno —Tengo poder para eso y más.

 

La torre rubia iba a responder, cuando MegaDrop dejó escuchar un rugido fuerte, muy fuerte. Vio atónito como la torre pelirroja cogía a Dreams Live por el pelo y le hincaba los dientes en la nuca; pudo ver la marca lila que comenzaba a dibujarse en la negruzca piel.

 

Como era de esperarse, Dreams Live se quejó de dolor y trató de zafarse, pero MegaDrop lo mantenía totalmente inmóvil. Lo mordía con tanta fuerza que al rato, su presa ya comenzaba a sangrar.

 

— ¡Basta, MegaDrop! —exclamó SpinFly, asustado con la reacción de la torre pelirroja. Iba a inclinarse para ayudar a su homólogo, pero MegaDrop -aun sin soltar a Dreams- alzó la mirada. Lo que SpinFly vio en esos ojos amarillos -y aparentemente muertos- le congeló la sangre: vio rabia, vio determinación, y vio en ellos una clara y amenazante advertencia: haz una estupidez y lo lamentarás.


«Se supone que las torres esclavas no tienen instinto agresivo…» pensó GiantDrop, bastante sorprendido por la reacción de MegaDrop. Su pequeño esclavo comenzaba a volverse impredecible.

 

—Te lo ruego, MegaDrop, suelta a Dreams Live…— le suplicó SpinFly —No hará nada de lo que dijo, te lo prometo.

 

La torre pelirroja giró sus ojos amarillos a los azules de GiantDrop, quien asintió en silencio. MegaDrop obedeció y soltó abruptamente al humanoide moreno, no sin dejarle una enorme marca lila con sus dientes dibujados.

 

—Le haces algo a GiantDrop y escríbelo, Dreams, gozaré arrojándote desde lo alto de la rueda de la fortuna…  —gruñó MegaDrop, con los ojos destellándole salvajemente. — ¡Y por mucho poder que tu papacito tenga, no podrá resucitarte!

 

—Dios mío, Dreams…— gorjeó SpinFly, limpiándole la sangre que manaba de su cuello producto del mordisco —No vuelvas a decir tonterías. Con estas torres, lo mejor es mantener la boca cerrada.

 

—Tienes razón, SpinFly. —asintió GiantDrop, con una sonrisa —De hecho, es mejor mantener la boca sea cerrada, o en su defecto, ocupada para evitar hablar tanto disparate… ¿no es así, mein kind?

 

MegaDrop asintió, como si aquellas palabras fuese algún mensaje en código. Tomó a Dreams Live por el pelo y lo acercó bruscamente a SpinFly, quien a su vez era empujado por GiantDrop.

 

—Por eso les sugiero que se besen con la lengua, así la mantienen ocupadita en algo más… placentero. — comentó GiantDrop, con una gran sonrisa en su rostro. —Vamos, saquen esas lengüitas…

 

«Esto no puede estar pasando…» pensó Dreams Live, rozando los labios entreabiertos de SpinFly «Y de paso me toca follar con los viejos…»

 

Finalmente, los dos discos humanoides se resignaron y fundieron su boca en un beso que si bien al comienzo fue algo reacio y poco espontáneo, poco a poco se contagió del calor del momento. No obstante, en el fondo, los dos discos giratorios no estaban muy felices por sus propias razones.

 

«Dios mío, menos mal que SpinBall no me está viendo…» se decía SpinFly a sí mismo, mientras sentía la lengua ansiosa de Dreams Live explorar torpemente su boca. Sin duda alguna, este humanoide era sumamente inexperto en estas cosas. Repentinamente le hizo recordar a su polluelo cuando la primera vez que experimentaron las delicias pecaminosas del sexo.

 

—Mein kind. —dijo GiantDrop, con una sonrisa torva —Puesto que Dreams abrió su gran bocota para amenazarme… ¿Qué te parece si le enseñas quien manda en el cotarro?

 

Al escuchar aquello, Dreams Live palideció totalmente. Permaneció con la vista baja, ya que no quería ver los ojos macabros de la torre pelirroja.

 

—Veo que aun tienes el instinto dominador, así que pienso que no sería mala idea que lo emplearas con este pequeño impertinente, no sea que al salir de aquí lo primero que haga sea llamar a su “papi” humano…— insistió GiantDrop, venenosamente. Quería ver hasta qué punto MegaDrop comenzaba a despertar, y no iba a desaprovechar la ocasión.

 

MegaDrop bajó la vista para fijarla en Dreams Live, y luego la fijó en GiantDrop.

 

—Si tú me lo ordenas, yo lo haré.

 

— ¡No seas mamahuevo, MegaDrop! —gritó Dreams Live, y rápidamente le propinó una bofetada. Fue una reacción tan rápida y violenta que la torre pelirroja no tuvo tiempo de reaccionar.

 

Fueron unos segundos de silencio eterno, hasta que al fin reaccionó.

 

— ¿Por qué hiciste eso? —preguntó, colocándose la mano en la mejilla golpeada.

 

—Porque eres un estúpido, un lacayo que sólo hace lo que el viejo gigantón ordena. —repuso Dreams Live, señalando a GiantDrop —No haces nada por voluntad propia, eres sólo una marioneta.

 

—Error, mi estimado Dreams Live. —corrigió GiantDrop, aferrándole la mano para que no volviese a alzársela —Estoy más que seguro que MegaDrop obra por decisión propia.

 

Miró al pelirrojo con una gran sonrisa… y éste se la devolvió, aunque parecía seca y fantasmagórica.

 

—Ciertamente…— los ojos de MegaDrop se dilataron al punto que parecían desorbitados. Era evidente que hacía el gesto para asustar e intimidar a Dreams Live, pues bien sabía MegaDrop que sus ojos vacíos inspiraban temor. —Déjamelo a mi.

 

«Está despertando…» pensó GiantDrop, sintiendo que un pequeño rayito de esperanza iluminaba su corazón «MegaDrop puede regresar a la vida en algún momento…»

 

—De acuerdo, mein kind. —concedió GiantDrop, con una sonrisa amplia y grotesca —Aquí lo tienes.

 

Dicho esto, empujó a Dreams Live, y éste aterrizó en el regazo de MegaDrop.

 

— ¡Pero qué clase de espectáculo grotesco pretendes hacer! —exclamó SpinFly, saltando para sostener a Dreams Live, pero GiantDrop se lo impidió.

 

— ¡Alto ahí, viejo pervertido! —gruñó la torre rubia, sosteniendo un puñado de los cabellos tornasoles de SpinFly —Quieto, o te arranco la cervical de un mordisco.

 

Contemplando con angustia como MegaDrop recostaba a Dreams Live, SpinFly negó con la cabeza.

 

— ¿Por qué?

 

— ¿Y todavía lo preguntas? —repuso GiantDrop, reclinando a SpinFly sobre su amplio pecho —Por bocón y andar amenazando a quien no debe.

 

—Está en shock por una violación y tú vienes a empeorarlo… ¡es lógico que reaccione así! —gorjeó SpinFly. Torció la mirada y cerró los ojos; no iba a ver aquella escena dantesca. —Me niego a ver eso.

 

Un gruñido de parte de MegaDrop le hizo abrir los ojos.

 

—Si no miras, será peor para ti y para Dreams. —aferró unos cuantos mechones de pelo rizado del humanoide moreno y lo besó, pero fue un gesto más bien obsceno y dominante. La lengua de MegaDrop se movía con humillante agilidad, provocando que el otro gimiese una y otra vez.

 

—Haz lo que te ordene mi pequeño esclavo, SpinFly. —le conminó GiantDrop. —Él es el segundo al mando en esta habitación, y ustedes deben obedecerlo por igual.

 

Una vez que contaron con la forzada atención de SpinFly, MegaDrop se decidió ensañar con Dreams Live. Tomó entre sus gruesos dedos los pezones grisáceos de su presa y tiró de ellos con mucha fuerza.

 

«Esto parece una pesadilla… no puede estar pasando…» pensó Dreams Live «Quiero despertar… quiero despertar…»

 

El corazón le tronaba en el pecho, sobretodo cuando tenía que mirar los horribles ojos de MegaDrop; no le gustaba mirar esas niñas vacías y sin vida que adquirían un matiz grotesco, sobretodo cuando su dueño abría sus ojos desmesuradamente. Dreams Live cerró los ojos con fuerza, y rogó mentalmente que no lo obligasen a hacer contacto visual.

 

— ¿Tienes miedo, Dreams? —preguntó MegaDrop, mordisqueando una de las tetillas erectas — ¿A qué le temes? ¿A mi? ¿A GiantDrop?

 

—Le tengo miedo… a tus horribles ojos. —gorjeó Dreams Live, con voz apagada, aun negándose a abrir los ojos —Son tan espantosos, tan muertos y tan macabros…

 

—Ohh ¡Cuánto lo siento! —contestó irónicamente MegaDrop, entrecerrándolos —La próxima vez cuando pierda el alma voy a escoger un color de ojos menos tétrico…

 

Tomó a Dreams Live de las caderas y lo penetró con brusquedad, sin ningún cuidado ni preparación. Mientras empujaba brutalmente en el interior de su presa, no dejaba de rugir, como el león que se monta a una hembra. El otro humanoide gemía por el dolor intenso que experimentaba con cada movimiento de su verdugo; fue casi como ser violado otra vez por el viejo GiantDrop.

 

«No los abras, no los abras…» pensó Dreams, apiñando los ojos «No quiero mirarlo, no quiero…»

 

A MegaDrop le llegó el olor del miedo; su presa estaba transpirando por el más puro temor. Su instinto agresivo y dominante pareció resucitar a cada segundo que aquel aroma invadía su sensible nariz. Se inclinó sobre Dreams Live y lo tomó de las muñecas; luego le gruñó al oído, haciendo que su presa se estremeciera de pavor.

 

— ¡No lo alimentes! —exclamó SpinFly — ¡Deja de mostrarle miedo!

 

GiantDrop cogió a SpinFly por la garganta, y le rugió al oído.

 

—Deja de animar a tu coleguita giratorio, o el que va a alimentarme serás tú…— le respiró varias veces en la nuca, mostrándole una clara amenaza —Y comenzaré devorando un pedazo de tu puñetera cervical si no te callas. Hablo en serio, viejo.

 

MegaDrop emitió una risita entre gruñidos; era un sonido extraño pero no por ello menos macabro.

 

— ¿Y qué quieres que haga, Dreams? ¿Qué me ponga una bolsa en la cabeza, con dos huecos en los ojos? Pensándolo bien, tal vez sería divertido, pero no me hago responsable si me veo peor.

 

«Hay que escapar de esta pesadilla…» pensó SpinFly, sintiendo como su cuerpo se iba enfriando paulatinamente. No sabía si se debía al temor y el asco que le inspiraba la presente situación, o si simplemente el celo había llegado a su fin. Fuese la causa que fuese, SpinFly agradeció que justo a tiempo su cuerpo se enfriara y le permitiese pensar en frío, a la par que mantenía la calma para no dejar que las amenazas de GiantDrop lo intimidaran.

 

«No tenemos que seguir soportando esto… al demonio el maldito chantaje de GiantDrop…» pensó SpinFly «Podremos hablar con la Manager y adelantarnos antes de que esa torre bocona tenga oportunidad de abrir su gigantesca jeta…»

 

Cuando MegaDrop se vaciaba entre gruñidos, SpinFly consideró que aquella era la oportunidad. Le dio un codazo en el estómago a GiantDrop, provocando que la gigantesca torre rubia lo soltara y se sobara el golpe recibido.

 

— ¡Maldito seas! —rugió GiantDrop, de dolor.

 

Pero SpinFly no perdió tiempo; tomó bruscamente a Dreams de la mano y salió con él de la habitación de las torres humanoides.

 

— ¡Regresen acá, pinches enanos! —gritó MegaDrop, corriendo tras ellos, pero un gruñido débil de GiantDrop lo frenó.

 

—Déjalos, mein kind. —la torre rubia seguía sobándose el estómago dolorido —Ya me las van a pagar caro los dos…

 

Alzó su mirada azulosa, y contempló con placer la figura de MegaDrop, pero no fue solamente placer lascivo, sino uno más emocional: era agradable ver al pelirrojo actuar con energía, desplegando sus instintos -que creía muertos- y mostrando la agresividad y dominancia de su especie. Para GiantDrop, eso fue un rayo de esperanza, y en aquel momento, le importaba mucho más el verlo tan despierto.

 

—Acércate, niño mío…— le dijo en un gruñido leve. La torre pelirroja obedeció dócilmente. GiantDrop contempló su rostro detenidamente, especialmente los ojos, que parecían tener atisbos de brillo. —Estás… estás…

 

—Descansa. —cortó MegaDrop, haciendo que el rubio se acostara. —No es momento para mirarme la cara.

 

Dicho esto, arropó cuidadosamente a GiantDrop. La torre rubia no se opuso, más bien parecía disfrutar de las atenciones de MegaDrop.

 

— ¿Debería ir tras ellos? —preguntó con frialdad. GiantDrop negó con la cabeza.

 

—No, mein kind. De todos modos, si nos vengamos, tendré maneras, así que no te preocupes…— dijo el rubio; luego bostezó largamente, dejando escuchar un leve rugido que sonaba a cansancio y fastidio. MegaDrop se tendió a su lado, recostando la cabeza sobre el inmenso pecho de GiantDrop y emitiendo un pequeño gruñido.

 

«Estás aquí… estás aquí…» fue lo que pensó GiantDrop antes de quedarse profundamente dormido «Estás… aquí»

 

**************************

 

Cuando llegaron a la habitación, SpinFly cerró de golpe la puerta y pasó todos los seguros, incluyendo el electrónico. Acto seguido, instó a Dreams a recostarse un rato.

 

SpinBall, quien los había visto llegar como tromba, no entendía nada en lo absoluto de lo que ocurría. Los miró evidentemente confundido.

 

— ¿Qué ocurre aquí, SpinFly? —preguntó — ¿Por qué entran así?

 

—Huimos de GiantDrop y MegaDrop. —dijo SpinFly, recostándose contra la puerta, como si pensara que las dos torres gigantes estaban detrás ella —De milagro pudimos.

 

— ¿Qué? —SpinBall palideció notoriamente ¡ojala no regresen en busca de venganza! Aquellas torres eran de temer. Se acercó a su hermano y lo ayudó a calmarse, porque el pánico colectivo no haría sino empeorar las cosas.

 

—Tú eres Dreams Live ¿no? —gorjeó SpinBall —Te recuerdo por el baile vespertino…

 

—Así es…— balbuceó el aludido, cubriéndose con una cobija. Todavía tenía miedo, aun le parecía sentir las gigantescas y abusivas manos de MegaDrop en su cuerpo.

 

Lo siento si te violó, chamaco, pero no hay nada que ambos podamos hacer…

 

 

Claro, claro, de hecho no podían hacer nada. El daño ya estaba hecho, y esta vez no sabía si de esta salía con vida. Dreams Live sintió sus ojos llenarse de lágrimas, y comenzó a echarse la culpa, ya que si nunca hubiera salido “de paseo” tal vez aquello no hubiese pasado.

 

 

«De nuevo me pasa esto, de nuevo… es mi culpa…» pensaba Dreams, aferrando la sábana. «Por andar confiando, por andar paseando…»

 

 

Entonces, Dreams Live emitió un gorjeo agudo, y rompió a llorar, desde lo más profundo de su alma. El sonido fue tan, pero tan lastimero, que sus homólogos presentes corrieron a abrazarlo.

 

 

—Todo va a estar bien, Dreams…— murmuró SpinFly, aunque no estuviese seguro de ello, pero era menester darle aliento, porque ahora mismo, el más necesitado era Dreams Live —Te ayudaremos, no estarás solo. No eres el primero que ha sufrido bajo el yugo de GiantDrop.

 

 

—Así es…— murmuró SpinBall —nosotros también lo sufrimos, y sabemos cuan doloroso es.

 

 

—Quiere decir… ¿Qué no estoy solo? —gorjeó Dreams Live, con voz quebrada, aunque sorprendido por el súbito cariño y apoyo que le prodigaban — ¿Me acompañarán?

 

 

—Claro, claro. —balbuceó SpinFly, tratando de no romper a llorar también. Tanto guardar la calma era nocivo para su salud mental, pero tenía razones de peso para seguir guardando la serenidad, y una de ellas era para no derrumbarse y dar fortaleza a aquellos que más la necesitaban: su hermano SpinBall y ahora el joven Dreams Live. Si había podido con aquellos imbéciles en Francia, entonces iba a poder con esas dos torres humanoides, aunque lo superasen en tamaño y fuerza.

 

 

—No nos vencerán, Dreams Live. —afirmó SpinFly, entrecerrando sus ojos multicolores —Y GiantDrop podrá irse de cabeza a la mierda con su chantaje, porque nosotros elaboraremos un plan que lo anulará.

 

 

Continuará…

 

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