Máscaras de Fuego
Por Danilo Illanes Bustamante
Alguien grita: ¡Fuego! El edificio de ventanas polarizadas empieza a arder. Los bomberos aparecen como cochinillas alrededor de una tuna, corren inquietos wayruros. Muy serenos, le arrancan geisers al asfalto con rapidez.
Tienen rodeado el área. Numerosas cintas canario invaden la zona, como celdas en el cual debe quedar atrapado el fuego. Ya se conocen los límites de hasta dónde caminar para estar frente al abismo y lo que es estar en ella. Ahora la humareda es densa, ocasiona eclipses en varios sectores de la calle. El fuego se ensaña con las grandes vigas de hierro: les estruja la savia, les cercena las articulaciones de fierro dulce y corrugado. Hay suficiente Carbono 14 para hacer dataciones. La policía tiene cercada el lugar, las llamas no pueden fugarse, y los vándalos: ¡Átenlos, son peligrosos! Algún científico sensacionalista dirá que puede datar nombres, horas y demás intrigas, si le dan una oportunidad.
Ricardo ajusta el filtro de su máscara antigás. Él es el comandante de bomberos. Brilla en extraño fuego con su chaleco de cintas refractantes. Hace una hora que viene salvando vidas, les dice a sus colegas en dónde resurgen las crepitaciones, qué puertas tirarse abajo o cuál pasillo es el mejor atajo para el rescate de gente atrapada. Otra pared se derrumba en donde hace unos minutos conversaban. Caen fragmentos de todo: el fuego es otro modo de anunciar el otoño. Se escucha un salvaje estallido. Hay que salir, no se puede hacer ya nada.
Ricardo debería estar en la ventana de su departamento, viendo el topless de la vecina o degustando televisión en cable; pero acudió quien sabe llamado por extrañas voces. Sucedió que estaba en la ducha, tarareando technocumbias;, siempre que está de mal humor lo hace. Prendió la televisión, sintonizó su canal favorito, esperaba ver un gran incendio. Pasó a otro canal, y otro, y otro. Decepcionado se fue a la calle. Caminó extraviado. Se durmió en un parque, frente a un edificio de lunas polarizadas. Despertó minutos después. No recuerda nada, salvo el momento que ahora lo mantiene ocupado. Comiencen a buscas espectros de vida, dice el comandante. Es difícil distinguir una sola sonrisa entre tanto sarcasmo disperso, pero buscan, aún sabiendo que nada encontrarán, nada con más vida que las suyas.
Extrañamente Ricardo se aparta del grupo. Ahora no parece ser bombero, sin chaleco, ni uniforme, un curioso más. Está parado frente al edificio lamentando lo ocurrido, como cualquier otro transeúnte. A su costado otras personas lloran a sus muertos (no se sabe si lo están, pero qué otra cosa puede esperarse, hasta después de los noticieros). Felizmente no hay muertos (algunos lloraron a supuestos cadáveres: querían llamar la atención).
Horas después el fuego duerme plácidamente. Digiere lo que ha tragado. La desgracia se volatiliza y la calma llega con la placidez del nuevo amanecer, sin presagios de fuegos malignos. Las cenizas empiezan a levantar vuelo, son mariposas nocturnas a quienes han despertado a la fuerza. Versiones trituradas en blanco y negro de algún arco iris a la que han incinerado: pasean, escapan, desvarían, no se sabe.
El fuego se ha extinguido, hay almas exhaustan que se resisten a creer lo que con esfuerzo han logrado. Afuera hay buitres rondando a cielo abierto. Ricardo está parado en una esquina, mirando las paredes caídas. Humos rebeldes amenazan bailotear nuevamente, la dictadura del agua no los extinguió.
Las imágenes son captadas por una estación de televisión: un hombre con cara de malo, mirada fija en la desgracia, sin sentimientos, guardando de prisa al verse descubierto por las cámaras, un encendedor con sus iniciales.
Tienes una narrativa como "cronistica", muy alejado de la mayoría de los esritores de este lugar. Tus imagenes y narraciones son muy concretas y translucen muchas cuestiones. (¿lees a kafka? tenes así como un aire muy ligero) besos y que duermas lindo.
Lino:
Esos términos "rebuscados" obedecen a un plan de regionalismos que van en los poemas como esencia del tema. Puede que muchos no lo entiendan, quizá haga falta desarrollar un glosario de térmimos, pero tienen mucha relación con las costumbres de Pasco: una hermosa ciudad minera del Perú.
Muy vívida la descripcción del incendio. Encuentro frases muy bien elaboradas, lo de las cochinillas está genial, y el buen uso del lenguaje es una constante en tu trabajo. Te debo confesar que hacia la mitad (más bien cerca del final) del relato se me ocurrió que Ricardo era un pirómano, cosa que se dá en el cierre de tu magnífico relato. También aprovecho para comentarte acerca de tus poemas, creo que están bien logrados y haces gala de gran imaginación, aunque para mi gusto utilices demasiados términos rebuscados y raros. Dicho esto sin ánimo de ofensa sino de cooperación bienintencionada.
Saludos
Lino
saludos
Es la primera vez que leo la crónica de un incendio. Me interesó el detalle de quienes lloran sólo buscando llamar la atención de los demás. Una sociedad alienante. La fuerte influencia de la televisión en ésa sociedad. Otro detalle, ya en términos de relato, es el de las "cochinillas alrededor de una tuna", muy descriptivo. Cordial saludo.
Interesante escrito.Intensas imágenes.Elección apropiada de frases para describir el fuego que no perdona.Inquietante presentación del personaje.Me gustó tu trabajo.Un saludo:GABRIELA.