
MÁQUINA DE SANGRE
La figura erguida de la criatura emergió arrogante en la noche primitiva. Bajo la guía de prístinas estrellas emprendió su marcha nómada y llegó hasta regiones apartadas, hiperbóreas. Desorientada, la criatura alzó la vista hacia el cúmulo de nubes escarchadas que horadaban el cielo cuaternario y sintió frío. Se refugió en cuevas húmedas y oscuras. El clima helado los reunió alrededor de un fuego tribal, mientras afuera los copos de nieve danzaban en abigarrada promiscuidad con el viento. En medio de la confusión del Universo, la noche se vistió de un pasado nebuloso, de ruinas circulares y fósiles sepultados bajo eones de Tiempo: el hombre de las cavernas descubre, en la fría soledad de su gruta, que tallando la piedra -o el hueso- podía transformar la materia en rústicas armas e instrumentos elementales, convirtiéndola en una extensión artificial de sus limitaciones físicas naturales. Un enorme abanico de posibilidades se abría frente a sus ojos como a un niño que aprende a dar sus primeros pasos.
El Mundo podía modificarse.
La primera gota de sangre, brillante y minúscula como una perla en el corazón del desierto, se derramó sobre la Tierra y abrió una grieta imperceptible, pero profunda, sobre la superficie virgen de la Historia.
Las nubes se incendiaron y lanzaron sobre los glaciares su luz amarilla. El hielo se derritió y el hombre abandonó la oscuridad de las cavernas. Se estableció en la ribera de los ríos y lagos. Construyó ciudades. Con el empleo del bronce y el hierro, el hombre inaugura una nueva civilización. Deslumbrada por el luminoso reflejo de los metales, la criatura humana -evolucionada- discurre la idea de extender sus dominios y decide fomentar la guerra con las tribus vecinas. ¿Por qué no? El Progreso.
La Máquina de sangre se alimenta de muerte y destrucción.
A aquellas primeras herramientas toscas, rudimentarias, siguieron otras, en complejidad creciente conforme giraban los planetas. De la rueda al descubrimiento del acero, de la soldadura de los metales a la polea fija, de la energía muscular animal (y humana) al molino de viento y agua; la pólvora, la imprenta, las armas de fuego, el reloj mecánico; flamantes chorros de sangre comenzaron a manar de la tierra como de infinitas heridas mortales, irreversibles. El hombre lanza finalmente la máquina contra la naturaleza, para conquistarla. Pero paradójicamente ella termina dominando a su creador. La Máquina de sangre se reveló en toda su vastedad y el hombre descubre, como si hubiera tenido los ojos vendados, la clase de monstruo que él mismo había engendrado y alimentado orgullosamente: guerras mundiales, armas de destrucción masiva, campos de concentración, bombas atómicas, instrumentos de matanza mecanizada, el perfecto paraíso maquinista.
Ríos de sangre fluyeron hacia el corazón bullente de la Máquina y se filtraron en sus entrañas sintéticas.
La tecnología avanza a una velocidad vertiginosa y en cuestión de siglos se convierte en un gigantesco vórtice que arrastra a los seres humanos. Las máquinas ocupan todo el espacio disponible, son veloces, eficientes, perfectas. No se puede dar un paso sin tropezar con una de ellas. Supercomputadoras, nodrizas electrónicas, respuestas sincronizadas, millones de giga bytes viajando en el ciberespacio cósmico y flujos de información codificada saturando el éter.
El hombre deviene máquina pensante. La inteligencia artificial reemplaza la impredecible y contradictoria racionalidad de la hombres. Las maquinarias terminan por confundirse en una sola Gran Máquina bajo la dirección de un solo Gran Cerebro positrónico en constante sinapsis, suspendido en un compuesto de emulsión amniótica. Desde ahí la Máquina envía millones de órdenes omnidireccionales por microsegundo a todas las células de su organismo. Desolado, el hombre se sintió por fin en un Universo incomprensible, cuyos objetivos desconocía y cuyos Amos, invisibles y crueles, lo llenaban de terror.
Como un arroyo de serpientes, la sangre comenzó a correr por el conducto principal de la Máquina, tronco vital, del que surgían otros cables conductores como ramas en todas direcciones, expandiéndose en innumerables arterias secundarias que se abrían y enredaban como una enorme telaraña sangrienta entre los tentáculos de acero y engrasados motores. El tejido bio-metálico que conformaban se extendía hacia una infinita periferia de unidades funcionales, perdiéndose en la larga perspectiva que se fundía en el horizonte. Las cumbres de las torres de ignición se confundían en las alturas con el cielo, otrora salpicado de estrellas y pulcros planetas, y que ahora aparecía como una costra sucia y caliginosa, que encerraba todo como una gran bóveda.
El hombre, aislado físicamente en celdas individuales, se convirtió en un engranaje dentado, una pieza más de la Máquina, removible pero necesaria. El recinto que ocupaban era un perfecto sarcófago, sin espacio para moverse, aunque ya no lo necesitaban. La Máquina lo rodeaba estrechamente y lo alimentaba mediante tubos que introducían en su cuerpo una fina corriente de vitaminas y proteínas. Hacía circular su sangre gracias a un diminuto motor que palpitaba en la cubierta como un corazón y proveía el oxígeno necesario por válvulas endotraqueales. La sangre circulaba por todos los componentes a través de un complejo sistema de vasos comunicantes. Las infinitas cámaras donde yacían los hombres se extendían en campos inmensos como panales inactivos donde sólo se veía correr el flujo sanguíneo. El hombre ya no necesitaba comer, dormir, respirar, (...) ni pensar. La Máquina lo hacía todo por ellos. Para entonces, la criatura apenas conservaba el aspecto de un ser humano.
Pero siguiendo una ley inmutable en la Universo, el crepúsculo de la máquina sobrevino. Falla mecánica o humana, era lo mismo. Los motores comenzaron a funcionar a destiempo, rugiendo con un sonido grave que sonaba como el concierto apocalíptico de la Humanidad. La sangre, aguachenta y sucia, rezumaba de los equipos como un humor malsano. La Máquina vibró mucho, con arritmia. La primera explosión desencadenó una serie de estallidos asincrónicos que se multiplicaron en toda la magnificencia de la Máquina de sangre. El mundo entero se iluminó por la mega explosión del epicentro que terminó por derrumbar el paraíso mecánico. El cataclismo sepultó sobre toneladas de ceniza el templo de la Creación del hombre.
Cuando el humo se hubo disipado reveló la profundidad de una noche cerrada y silente. Una calma desacostumbrada reinaba el orbe. La tierra quedó viscosa, de oscura arcilla roja. El paso de las edades se encargó de remover el suelo dejando un paisaje lunar, cubierto de mesetas y acantilados sedimentarios.
Algunas criaturas lograron sobrevivir a la catástrofe. Por primera vez, éstas se vieron las caras. Trataron de comunicarse, pero de sus atrofiadas cuerdas vocales sólo salieron sonidos guturales e inarticulados. Desnudo de sus ropajes tecnológicos, el hombre se sintió solo y desamparado a la intemperie del Mundo. Instintivamente buscó el calor de sus semejantes. Se reunieron en grutas húmedas y oscuras. Un fuego tribal los reunió en la noche gélida. Con mano torpe -neófita- la criatura experimentó su capacidad prensil.
Uno de ellos, tal vez animado por un oscuro instinto, o simplemente por curiosidad ociosa, tomó una piedra -o un hueso- y comenzó a tallarlo.
Comentarios:
Hola, amigo.
Ese Jorgito dejó sus rastros en todos nosotros, jaja (salvando las distancias abismales). ¿Y? ¿Para cuándo el asado? Ya hablé con el Eche y Pico, falta que convinemos un día y concretemos. El otro día te llamé pero tu teléfono estaba fuera de línea o apagado ¿lo cambiaste? Cualquier cosa avisame. Me compré una moto como la tuya, así que podemos salir a yirar por ahí, jeje. Nos vemos.
Escrito por:
Anhell
16/06/08 18:59
Hola Huguito,
Ante todo buenas tardes, muy buen relato, mas que gueno excelente, noto cosas de la "guia de la ciencia", como tambien del mundo de los hermanos wachowsky, pero con la diferencia, mejorada por vos, en que no hay un pueblo que resiste (lo que conviene a un pelicula) sino que todo el mundo es absorbido por la maquina, y los pocos que se salvan estan atrofiados y sin memoria del pasado, y el hecho de que la historia sea circular me hace acordar a algun Jorge.
Nos vemos, asado de por medio
Hola, animalson. Justamente me han criticado en este cuento el "uso de adjetivos y adverbios", para algunos excesivo. Tus palabras me vienen a demostrar que es una cuestión de gustos, lo cual me alegra y me agrada que a vos, como lector, te haya gustado así. Un abrazo, amigo.
Hola. Volvés a demostrar tu habilidad y sobre todo con la ciencia ficción. No tengo más que agregar. Ya conozco tu genialidad y es un hecho. Muy bueno el juego con el tiempo verbal en determinadas partes. Tenés esa gran habilidad de transportar al lector a tus mundos imaginados gracias a la excelente utilización de los abjetivos, justos, precisos.
Sobre el argumento nada más que decir. Un terreno tratado varias veces por la sci-fi pero le diste un final recursivo genial y redondito como una pelota.
Un abrazo compañero.
Escrito por:
Momo
24/05/08 20:01
Muchas gracias por la aclaración!! :)
Hola, Chares. Me alegro mucho que te haya gustado, amiga, y sobre todo me encanta que la lectura te motive y entusiasme. Por otro lado, a mí también me entusiasma recibir este tipo de comentarios, que a otros les resulte interesante y atrapante las locuras que a uno se le ocurren es ya mucho decir. Es cierto lo que dices, últimamente estoy cuidando mucho más la composición de mis relatos. Además de que les dedico algo más de tiempo, también estoy prestando mucha atención a los "detalles", sobre todo pensando mucho en el lector y en el escaso tiempo del que se dispone en estos tiempos tan vertiginosos. Así, como decía Poe, el cuento debe funcionar como un todo, donde cada detalle está pensado en función del efecto final que se quiere lograr, y cuando el lector cierre el libro "le debe quedar una sensación única y singular". Grandes palabras del maestro. Me alegro también que notes alguna mejoría en los escritos.
Ah, sobre el "cerebro positrónico", no es de mi invención. El positrón es una antipartícula del electrón. "Los robots creados por Isaac Asimov basaban su racionicio y su inteligencia en un cerebro artificial denominado por el autor cerebro positrónico. Tal como se describe en sus relatos, el cerebro positrónico, de tamaño similar al humano y ubicado en la cabeza de los robots, estaría compuesto por una delicada malla de platino, y los impulsos cerebrales (el equivalente a las comunicaciones interneuronales) se realizarían mediante un flujo de positrones, lo que justificaría su nombre." (Fragmento extraído del "Sitio de ciencia ficción", donde espero subir algunos relatos) Ya ves que hay gente más cojonuda que uno xDD.
Un abrazo, amiga.
Escrito por:
Momo
22/05/08 19:02
Magnífico. Me ha entusiasmado, VictorHugo. Tienes una gran imaginación para crear mundos nuevos. Cuando hablas de las celdas individuales me has sugerido una colmena gigante y después, más abajo, tú mismo hablas de panales inactivos. Por eso, y creo que ya te lo he dicho antes, tu imaginación motiva. Al ser la historia tan interesante y totalmente circular, acabas con la sensación de haber estado metida dentro de ella. Por otro lado, podría imaginar un cataclismo de distintas maneras, pero nunca se me habría ocurrido con la imagen de sangre mezclada con polvo, como tú lo has imaginado. Creo que, además de que cuidas mucho tus textos, sobre todo los últimos, cada vez eres mejor narrador. Me gusta mucho tu estilo.
Una curiosidad… la palabra positrónico me ha gustado, pero es de tu invención ¿no?. Un abrazo, amigo. Chares
Hola, Sergio. Y bienvenido a estas regiones oscuras de escribeYa. "Carmina Burana", buena música de fondo para una imagen apocalíptica, pero en la versión de The Doors, XDD. Me alegro que te haya gustado. Un abrazo ;D
Victor Hugo.
?Sabes?, mientras leia tu historia, comence a sentir una musica que provenia desde dentro mio: "Carmina Burana", y veia la rueda de la fortuna girando, girando y girando...
Desoladora imagen de lo que en realidad es esta mal llamada Humanidad nuestra.
Ni cien Cristos seran capaces de parar el Apocalipsis que se nos viene encima, viejo.
Vale tu coraje con que miras de frente a la miserable realidad que hemos creado.
Un abrazo.
Sergio
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