
Mal presentimiento
Magdalena la había convencido de irse juntas al África, la idea no le agradaba del todo, pero se le vencían las millas que tenía acumuladas de otros viajes y quería tener aventuras. Estaba intranquila, un sexto sentido le decía que algo iba a ocurrir, alejó los malos pensamientos que la asaltaban y se puso a preparar las maletas.
De pronto, vio la cara de su madre que la miraba desde el portarretrato de la cómoda y decidió que no viajaría, llamó a su amiga, ensayó las palabras una y otra vez, para que ella no se tomara a mal su decisión. Igual se enojó, le dijo que ella viajaba, sí o sí a viajar, no pudo convencerla. No era cierto que tuviera miedo y que no quisiera dejar las comodidades de su casa o de los hoteles en los que estaba acostumbrada a hospedarse, como pensaba Magdalena, era una inquietud para la que no encontraba explicación.
Para tranquilizarse salió a caminar a la luz de otro sol. Resolvió ir a despedir a Magdalena al aeropuerto. Volvió a su casa, tomó una siesta, durmió, más bien dormitó intranquila, ese mal presentimiento no dejaba de alterarla, se levantó. Llamó a la amiga para avisarle que la pasaba a buscar, no era justo que se fuera en taxi, ella podía llevarla en el auto, y quería hablarle, no le gustaba que se fuera de viaje enojada.
Las luces lejanas de la calle le parecían más débiles que nunca, manejo tratando de no pensar en nada.
Llegaron al aeropuerto con suficiente tiempo, se sentaron bajo un viejo roble, que había afuera en una plazoleta, y charlaron de mil cosas. Por temor a que se enojara, omitió decirle que un mal presentimiento la asaltaba desde la mañana. Entraron, los altavoces llamaron el vuelo de su amiga, se despidieron con un fuerte abrazo, un dolor le cortó el corazón, la miró, le volvió a decir que no viajara, Magdalena la miró con cara de reproche; -no empecemos de nuevo-; le dio un beso y se fue.
Se dirigió a la terraza para ver como despegaba el avión, este se perdió en la noche. Se fue caminando lentamente, la ansiedad que sentía hacía que le costara moverse rápido.
Cuando entró en su casa, la soledad le pesaba. Prendió la tele para distraerse, estaba el informativo. Se estaba desvistiendo cuando escuchó la noticia. Sintió que la tierra se movía bajo sus pies: un avión con destino al África se cayó, los motores habían fallado. No quedaron sobrevivientes. Se sentó en la cama para no caerse. Llorando, vio la cara de su madre que la miraba desde el portarretrato sobre la cómoda.
Comentarios:
previsible, pero intenso...
Nota : Campaña comentario recibido dos por hacer...
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