Escritor: ALY
Públicado: 08/02/2008

Luz de Luna

Categoría(s): Romántica

    Prometía ser una primavera cálida, después de un invierno húmedo y frío, y hacíamos planes para hacer un campamento al lado de una playa cercana, nosotros y unas tres o cuatro parejas más, sin hijos, sólo nosotros, los adultos.

    Soy Lorna, madre de dos chiquillos a quienes encargué con mis padres; tengo 30 años de edad, y tengo una inclinación romántica por personas de mi mismo sexo, sobre todo las que son maduras y podrían ser casi mis madres.

   Victoria, es una mujer de entre 47 años,  y luce su edad hermosamente, es la inspiración a mi soñar despierta. Sus hijos ya estan grandes, así que ella no tiene dificultad en ir sola con su marido.

   Llega el momento de partir, iremos en caravana de tres autos, llevamos todo el equipo necesario para acampar, y ella y su esposo van en el mismo auto que nosotros. Los dos hombres van enfrente y nosotras dos atrás. Es de noche y a ella le da sueño, así que recarga su cabeza sobre mi hombro, me encanta verla dormida a mi lado mientras viajamos. Ya tengo 2 años de conocerla y aún me siento nerviosa cuando está tan cerca de mi.

   Pasamos los dos primeros dias de lo más normal, disfrutando del paisaje, del agua del mar templada y sus olas apacibles, de la comida cocinada a la parrilla, es decir... de la aventura en sí.  Y al tercer dia, los hombres deciden ir a pasar la noche en la Montaña, querian cazar conejos o liebres, así que nos quedamos las mujeres en el campamento, hicimos una fogata donde pasariamos la noche, todas, a su alrededor. No sé que hora sería, pues no teniamos un reloj, pero estabamos disfrutando de nuestras conversaciones femeninas, acusando a los hombres ausentes de los que nos hacen injustamente, pero también confesando con justificación y complicidad lo que nosotras les hacémos a ellos, etc., cuando, una de las que estabamos ahí, Rocio,  se paró a servirse más bebida y accidentalmente tiró su bebida en mi lugar, mojando mi sleeping bag. Oh, pobre de mi! no tendría mas remedio que dormir en mi casita de campaña, sola. Así que empezé a recojer mis cosas y a desearles buenas noches para retirarme. Pero Victoria dijo: "No Lorna!, no te vayas, mejor métete en mi sleeping bag, está bastante amplio, y seguimos conversando todas".

    Sentía que esta soñando, pero era realidad.  Con dudas y titubeos, acepté, me quedé quieta, para que ella no notara que yo me estaba derritiendo por dentro de la emoción que tenía, pero me dijo muy quedito acercándose a mi oido: "Relajate!, no te voy a comer, ni te voy a pellizcar!" . Estiró su brazo para que me recostara sobre él, yo le di la espalda y me repegué a su cuerpo para poder cerrar la bolsa,  ella me abrazó por la cintura, entrelazó sus pies con los mios, ella los tenía helados y yo tibios, así que empezó a frotarlos con los mios a la vez que decia: "Que rico! que bueno que Rocio derramó su bebida en tu lugar, mira! asi no pasaré fríos".

    Está de más mencionar que pasé la noche casi sin dormir. Por lógica, no hubo nada esa noche, pero fué la noche más erótica y romántica de mi vida. La tenía junto a  mi, sentía su tibieza, la fogata se apagó poco a poco por falta de leña al avanzar la noche y nos quedamos sin el calor y la luz que éste fuego producía. Pero en el cielo oscuro brillaban más que nunca las estrellas y la luna y su luz se reflejaba en su cabello fragante y sedoso. Oí su corazón latir, despacito. Que sensación tan maravillosa!. Hubo un momento que me quedé dormida, arrullada por sus latidos y el ruido que hacen el vaivén de las olas del mar, pero me despertó ella cuando me dijo que tenia que levantarse. Al volver, me dijo que me hiciera yo al fondo de la bolsa, y ella quedaría por donde queda el cierre, así que se inclinó y dijo:"tu lo vas a cerrar, esta bien?". Se acomodó de frente a mi, me abrazó y puso su piernas entre las mias, buscando mi calor, por que se había enfriado al salir. Temblando de frio me dijo: "Ay mi bebita hermosa, si tu supieras cuanto te quiero!", y empezó a besar mi frente, con besos cortitos y tiernos, acariciando mi cara y pasando mis cabellos para atrás de mi oreja. Hasta que se quedó dormida, calientita entre mis brazos, yo no quería que nada la despertara y que ese momento durara para siempre.

   

  

   Esa noche, lo juro, toqué la luz de la Luna. 

 

 

   

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Comentarios:

Escrito por: AndresMiranda       14/02/08 02:42
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La sensualidad no existía,
hasta que la hiciste aparecer
entre tus dedos.

Haz escrito delicada y
sublimemente erótico.-
Páginas: 1

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