Es un texto muy hermoso, ¡cuántas cosas que no sabemos de los niños lustrabotas!
Conmovedora historia. Que lejos estamos del dolor humano y que cerca estamos del egoismo. Saludos.
Mi amiga Mantis:
La vida de un expósito es inimaginablemente cruel.
Una vida de privaciones, de angustias, de limitaciones, porque se le ha negado la oportunidad de vivir éxitos, boatos, esperanzas. Es decir, una vida sin vida. Cruel, despiadada, inmisericorde. Una vida que no es vida; del otro lado. No la vida que germina como un botón de ilusiones, llena de proyectos y posibilidades de desarrollo. Esa vida, en el mundo que describimos no se concibe ni como una simple ilusión, porque sencillamente ¡ no existe!
Y hay mucha gente; muchísima gente, que muere a diario la vida de un vivir para morirla a cada instante.
Mantis, mi gran amiga Mantis. Gracias por tu nota.
JACO
Hermanos humanos... Qué bello aporte de realismo mágico nos has dado Javier. Me ha dado gusto leer esta obra. Pienso que, en esas personas de la calle, y en la manera en que salen adelante, los que pueden, se encuentra la clave para un mundo mejor, perfecto ni en broma, porque la perfección me parece poco importante, o inexistente, pero, al menos, más justo.