¡ Epale !- Le dije a mi compañera de turno que en ese día me había acompañado a la fiesta del cumpleaños número 45 de mi amigo Rosendo.
- ¡ No te subas a ese taxi !- Insistió la Margara, y me quedé por un segundo pensativo si le hacía caso o no, ya que en el barrio no solo se le concocía por bailar bien la "salsa" y sus ricas nalgas, sino por sus dotes de adivinadora.
- ¡ Naaaaaa !- Le dije.- La verdad no te creo nada Margara, según tu decías que el Rosendo era "puñal" y mira, el cabrón salió con que tiene dos viejas y cinco chamacos con ellas.
- ¡ Hay manito!, hasta los poderes desconocidos pueden fallar de vez en vez.
- Poderes desconocidos, inche vieja embustera, na más le sacas sus pocos pesos a la bola de indias de la colonia que se creen tus pinches cuentos de que sus calenturientos maridos andan de cabrones con otras viejas.
- ¿¡ Y no !?- Me reclamó ofendida, ya que comó me atrevía a dudar de sus poderes del más allá.- ¿No él marido de la Jazmín, anda de ojete, cojiendose a la panadera?
Bueno, en eso tenía razón, pero que de adivinanza, la muchacha de la panadería tenía buen biscocho, eso que ni que.
- ¿Y no adiviné cúando le dije a la Alelí, que su mugriento hijo andaba metiendose cochinadas por la nariz y fumando esa porqueria de hierba?
¡ Inche Margara !- Me dije, que de augurio tenía eso, si todos bien sabíamos que su hijo, el "Patotas", vendía grapas de cocaína como si fueran caramelos en subasta.
-¿Y.......- ¡Parele, parele! le dije, me vas a poner más pedo con tanta habladuría de tus adivinatorias mujer.
-Bueno Narciso, yo solo te digo que no te subas a ese taxi, veo algo feo en ello, mientras yo me regresaré a la fiesta, quiero leerle el iris, las manos, los pies y lo que se deje a tu amigo el Rosendo.
La despedí con un ademán de manos y me subi al dichoso taxi, y vaya q tenía razon la Margara, porque el triste "volcho" estaba para llorar.
Los pinches asientos crujían, se le salian los resortes y el relleno por todas partes.
El piso tenía mas ahujeros que un coladera, y cada piedra que pasabamos se metia al carro.
La ventana del pasajero no tenía manija, he iba sostenida por un desarmador.
Tarde me di cuenta cuando vi que ni taximetro traía, y el conductor, ¡ uta madre !, dije, aqui ya vali madres.
Regordete, la panza le llegaba hasta el volante, el pelo hechado hacía atras agarrado en una coleta de caballo, y parecía que no se había bañado en un mes, por el maldito olor que desprendía de sus axilas.
- ¿ A onde joven ?- Me preguntó.
- A cerrada de la Colina, y Pico de Orizaba.
- ¡ Chales joven !, ni le conosco y ya me está albureando.
No mi buen, es en la colonia Nuevo Amanecer.
- Ahh, pus ahi si cambia la cosa mi joven, ¿ quiere una chupadita ?
- ¿Qué pachó, que pachó?- Le respondí, nel a mi me gustan las viejas, no tan viejas y la morritas.
- No wueyyy, perdón mi joven, de cigarro.
Y me extandió una "bachita" de marihuana, pero el solo olerle me revolvió el estómago.
- ¿No me vaya a "guacarear el asiento joven?, que acabo de lavar el "volcho".
No hice más que esbosar una sonrisa, si lo acababa de lavar, como estaría sucio.
Entonces fué cuando en un alto, ví que aceleraba y frenaba, aceleraba y frenaba, pensé que el carrito traía algún desperfecto, pero no, él me vió por el espejo retrovisor la cara de duda que tenía y me dijo:
- ¿Chale joven, a poco no había oído de los "taxistas kamikazze?
- Le dije que sí, pero que solo era una leyenda urbana.
- ¡Que leyenda ni que madres!, me contestó, apagó los faros, aceleró a fondo y pasamos serca de cinco avenidas sin detenernos.
Yo me agarré con todas mis uñas, y hasta succioné el culito para no despegarme del asiento que se estaba despégando de las vibraciones. Solo nos detuvimos, por que el dichoso "volchito" se le apagó.
Aproveché la ocación y sali huyendo de ese ataud con ruedas. Entre mentadas de madre y ojetes y cabrones, dirijidos hacía mi, el gordo sebozo arrancó de nuevo su chatarra y salió despavorido como caballo desbocado.
Eran las tres de la mañana, me dije, ni pedo wuey, a caminar, al fin y al cabo ya no quedaba muy lejos mi casa.
Casi al llegar a mi casa, en la avenida grande, vi el destello de varías sirenas y el aullar de un par de ambulancias. Me aserqué morbosamente a ver que sucedía, y vi a un "volchito" patas pa´rriba, aún con las llanatas girando, hecho mierda, y al otro extremo un camíon de volteo del departamento de limpieza de la ciudad.
No quise asercarme al "volchito", pero vi caundo los paramedicos subían al herido a la camilla, y la sabana que lo cubría no era suficiente para cubrir al gordote del conductor.
¡Vaya!, me dije, la Margara, aparte de tener buenas nalgas, bailar bien la "salsa" tiene dones de pitonisa la mujer.
Mixtli
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