LOS QUE NO VIVIERON PARA CONTARLO


 

 

      Caminando entre los huesos de una aparente nación devastada por una bomba atómica; se me erizaba la piel de sólo pensar cómo los Changos tuvieron que destrozar sus uñas para escarbar la tierra que ya no podía generar fruto alguno. El padre Sol se había enfadado con la tribu del valle de Camaná, aproximadamente en el 300 D.C. Un castigo despiadado había hecho secar las fértiles tierras que labraban, con sus herramientas y la fuerza de sus manos, para ganar el sustento de la comunidad.

      Los sembríos se habían secado y los utensilios de barro, de madera o de obsidiana no habían sido usados durante días. Las plegarias que la tribu entera realizó para suavizar el horrible carácter del dios Sol, no sirvieron de mucho.

      El río del valle se había secado y los camarones habían muerto asfixiados sobre las piedras, intentando huir de la calentura de las aguas. Las algas secas amortajaron muchos camarones y peces en el gran río, momificándolos en cuestión de un día.

      El ambiente afuera era insoportable, la muerte de los más débiles olía a descomposición y a desesperanza, ya que la peste comenzó a emprender otra masacre fuera y dentro de las chozas.

      El Inca Huayna Cápac les había advertido, antes de partir, de la severidad con que su padre castigaba si ellos no cumplían con los designios y normas que el Sol había encomendado.

      Ahora lo vivían en carne propia. El terror y la sed insoportable debieron internarse en las chozas de las tribus, aniquilando a los enfermos de la peste y haciendo correr despavoridos a los sobrevivientes que, llegando a un claro de su territorio, comenzaron a escarbar por todas partes.

      Algunas herramientas partidas y vestigios de bellos tejidos dan cuenta de las artes y el folclore que practicaban. Los restos óseos son lo más visible; en algunas partes se han desperdigado, debido a la actividad de los huaqueros o saqueadores de tumbas en busca de huacos o tesoros antiguos.

     Acaso nadie, ni siquiera los huaqueros en su ignorancia, sospecha lo que pudo ocurrir en la extraña y repentina desaparición de esta tribu. Los Changos habían ablandado, con sus herramientas de cultivo, la tierra y escarbado con sus propias manos hombres, mujeres y niños. El fin, meterse en las fosas y enterrarse mutuamente con el único afán de no ser tocados por la cabellera ardiente y el aliento abrasador del Sol. El dios incaico asomó el rostro, disipó las nubes y pintó de color amaranto la tierra; antaño húmeda; sin el indicio de mostrar la más mínima indulgencia contra los infieles.

      Y nos les dejará salir nunca del polvo con el que se cubrieron bajo tierra.

 

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: salvino       25/04/08 23:53
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Este relato es ilustrativo a propósito de las peripecias del hombre engendrado por enigmáticas combinaciones en este magma recubierto de roca. Y será siempre así. O más bien dicho nuestros actos irresponsables acelerarán el proceso. Los que creen en Dios piensan que hay otro mundo mas allá de la muerte. No soportan vivir sin ese consuelo llamado fe por algunos. Entretanto la Amazonia desaparece y en Irak mueren quince o veinte por día sin saber muy bien por què. A lo mejor nos miran desde el Paraíso y se conduelen de nosotros. Dios juega a la baraja con el Diablo. Un gran abrazo uruguayo.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poesía