Apenas lo ví, presentí que desde ese momento mi vida iba a cambiar radicalmente.
Aquél domingo de enero, mi padre llego a casa con un niño de la mano.
Era un muchachito de cara angelical y cuerpo delgado, mas alto de lo normal para su edad, al que llamaban Tomy diminutivo de Tomás.
Era costumbre de mi padre traer a casa a algún niño abandonado o a alguna persona que necesitara comida o un techo donde pasar la noche, ya estaba acostumbrada, pues en casa éramos cinco los adoptados.
Tres niñas y dos varones.
Jesús, que así se llamaba mi padre, era una de las personas mas caritativas que conocí, igual que Nelly mi madre y entre todos formábamos una familia rica en amor pero cada vez mas pobres en dinero, aunque jamás desde que llegue a esa casa, cuando apenas tenia dos años, al ser abandonada por mis verdaderos padres, nos falto la comida en la mesa.
Pero ese día fue diferente, presentí que las cosas en la casa ya no serian igual.
Tomy tenía nueve años, apenas uno mas que yo, pero al verlo, no se por que me estremecí, sus ojos oscuros me miraban sin parpadear haciéndome bajar la vista sin quererlo.
Mi padre llevo a Tomy a la cocina, se lo presento a la familia y le pidió a mi madre que le diera de comer.
El muchacho miraba a todos y escuchaba sus nombres con mucha atención como para retenerlos en su memoria sin necesidad de que se los tuvieran que repetir.
Enseguida me di cuenta de que mi madre le había tomado mucho cariño y pensé que como a los demás a él también lo adoptarían, pero eso no sucedió, tenía madre y padre y dos apellidos a los cuales no quería renunciar.
Por ese entonces era aun muy chica para preguntar, pero con los años fui descubriendo las respuestas sin necesidad de hacerlo.
Tomy era hijo de un matrimonio cuyo padre estaba en la cárcel y su madre con cuatro hijos mas apenas podía mantenerlos, por esa razón, al saber de la bondad de mis padres, decidió entregarles a su hijo mayor pues sabía que con ellos iba a estar cuidado y que no le faltaría nada.
Tomy era un niño callado, pero no sumiso, le costaba la convivencia con nosotros, pero no era malo ni mal educado, por el contrario, vivía leyendo y estudiando sin jugar jamás y cuando le preguntaban por que estudiaba tanto, les respondía que cuando fuera mayor sería abogado.
Más de una vez lo sentí llorar por las noches, pero al verme se secaba las lagrimas y me hería de alguna manera, ya fuera de palabra o con la mirada que sabía que era más fuerte que la mía y por tal motivo yo bajaba los ojos para no verlo.
A pesar de ser duro conmigo, con mis hermanos se llevaba bien.
Así fuimos creciendo, cada uno de nosotros estudio algo diferente y todos trabajábamos, ya no sentía temor al mirar a Tomy pues sabía que su mirada no era otra cosa que una armadura con la cual se protegía.
Tomy estaba poco en casa, la facultad, su empleo en una firma de abogados y su verdadera familia lo mantenían ocupado.
Al estar trabajando, todos nosotros aportábamos algo y manteníamos a nuestros padres, Tomy también, pero la mayor parte de su sueldo se la llevaba a su madre.
Después de un tiempo quise saber que había sucedido con el padre de Tomy, si aún seguía en la cárcel y por que motivo estaba allí, pero no quise preguntarle a el y recurrí a mi padre que me contó que los padres de Tomy eran personas muy respetadas y que tenían un almacén del cual vivían pero que una tarde, entraron tres jóvenes a robar, uno de ellos tomo a Tomy de rehén mientras que los otros dos robaban todo lo que podían.
El padre de Tomy al ver a su hijo en manos de un delincuente no dudó, tomo un revolver, el cual nunca había usado y sin querer se le disparo un tiro que hirió de muerte al joven que tenia a su hijo.
Al ver esto, los otros delincuentes huyeron llevándose el revolver que tenía en su mano el delincuente muerto, al llegar la policía solo encontró el cuerpo del mal viviente.
El juez declaró culpable al padre de Tomy pues el revolver jamás apareció.
Nada pudo hacer el pobre hombre, el ladrón muerto era hijo de una familia muy adinerada que no dudo en pagar a la policía para que lo encarcelaran y le dieran la pena máxima.
La madre de Tomy al ver que nada podía hacer para salvar a su marido de la cárcel, le rogó a Tomy que estudiara, que se recibiera de abogado y algún día sacara a su padre de la cárcel pues tenía una condena de treinta años.
Tomy le prometió a su madre que sería el mejor de los abogados y que liberaría a su padre de una condena tan injusta.
Así llego el día tan esperado por Tomy, su graduación, se había recibido de abogado con apenas veinticinco años y con los mayores honores.
De inmediato se puso a trabajar en el caso de su padre, tenía muchas pistas que fue juntando con el correr de los años y ahora era el momento de presentar las pruebas que tenia contra por lo menos uno de los delincuentes que había escapado dejando muerto a su amigo.
Tomy tenía guardada una pulsera que pertenecía a uno de los ladrones y que se le había caído en el almacén, su madre la recogió y se la había llevado a la policía, pero al verla el joven negó que le perteneciera y como el también era hijo de una familia rica, todo quedo en la nada.
El muchacho dueño de la pulsera se había convertido en un famoso futbolista, pero en aquel entonces era un rico mas en busca de aventuras peligrosas.
Los padres habían creído en el y no en el almacenero, Tomy que aún conservaba la pulsera porque su madre la conservaba como prueba, decidió ir a hablar con el futbolista y con sus padres a pesar de que sabia que ahora ese joven era mayor de edad.
Lo recibieron pero el volvió a negar que la pulsera fuera suya, pero cuando la madre del muchacho, ahora un hombre,
la vio, su rostro cambio de color y así supo Tomy sin lugar a dudas que aquel había sido uno de los tres que habían robado el almacén dieciseis años antes.
Con tal seguridad le pidió a la madre del futbolista que dijera la verdad, que su padre llevaba muchos años pagando por un crimen que no fue tal, el solamente había defendido a su hijo.
Al día siguiente Tomy recibió la visita en su despacho de los padres del futbolista quienes le dijeron con lágrimas en los ojos que su hijo les había contado la verdad y que de allí irían a la jefatura a hacer una nueva declaración.
Pocos días pasaron hasta que Tomy del brazo de un hombre llego a casa de su madre.
La mujer no podía creerlo, era su esposo, libre al fin gracias a su hijo.
Tomy había cumplido su promesa.
La alegría había vuelto a sus ojos, ahora ya no siento temor al mirarlos y mis hijos tampoco, su padre es el mejor padre del mundo.
Omenia.
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