Lo Recuerdas?

Categoría(s): Historias de amor

Lo recuerdas?

 

 

Que maldita manía tenemos los humanos de aferrarnos a momentos pasados; en el duelo de lo perdido, relamernos nuestras heridas; buscamos en la memoria el día, aquel instante. Como ocurre en una pintura de Miguel Angel buscamos ese momento justo en que Dios toca a Adán para darle vida.

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Esa noche en que yo persiguiendo otra ilusión me tope contigo. Ese bar con un impresionante mural y la música de principios de los setenta, que aumentaba mi incomodidad; no la música evocadora, ni el lugar acogedor, sino la situación misma.

En una mesa, junto a cuatro desconocidos, dos parejas aparentemente formadas y yo, como el quinto en discordia. Todos convocados desde una platica por Internet. Ustedes ya amigos, yo recientemente en esto. No recuerdo haber platicado contigo antes. Te recuerdo a partir de ahí, de ese momento en que con tu risa descarada y esa manía tan tuya, de invadir el espacio vital, sentados en una pequeña mesa circular atiborrada de cervezas medio vacías, te aferraste a mi brazo y me comentaste no se que cosa.

La discusión enfrascada en que tu acompañante y su interlocutor, trataban de definir el nombre y la letra de una antigua canción, dio el momento propicio para que yo tuviera la atención de las dos damas en la mesa, y desde ahí monopolizaste mis sentidos, hablamos de cosas intrascendentes, clima, música, cerveza, Chat, etc.

La noche terminaba para el bar pero empezaba para ti y para mí.

La caravana de tres coches, se dirigió a unas calles de ahí, en busca de alimentos. Bajo el sazonado aroma de las hamburguesas, una necesidad fisiológica creció en mi, de un tamaño en que mi vejiga ya no soportaba; tal condición y la rustica conformación del puesto de alimentos, dio como resultado que buscara calles adelante, un lugar solitario en que pudiera echar de mi, las cervezas en un estado mas fermentado que al tomármelas.

Al regresar, tu acompañante se despedía dejándote al resguardo de la otra pareja. Al término de la velada y de los alimentos; yo, haciendo uso de técnicas que el mismo Nicolás Maquiavelo envidiaría; me ofrecí llevarte a tu casa.

Durante el trayecto, te propuse parar la marcha del vehículo y platicar un poco, casualmente me estacione en un oscuro tramo de una calle poco transitada. Mi falta de pericia en el arte de conquistar y la incomoda e insoportable postura de galán, dieron como consecuencia que al poco rato de conversar, me mostrara tal cual soy, dejando ver ese un mar de defectos de mi personalidad, en el cual encontraste no se como demonios, los motivos para enamorarte de mí.

En un momento, cuando la cacería de tus labios estaba apunto de llegar a su fin, la luminosa torreta de una patrulla pusieron alto a las andanzas de mi boca rumbo a la tuya. Tras unos segundos de ordenar mis ideas y formar en mi mente un discurso convincente, baje del auto y hable con los oficiales. Dos palabras domingueras y la conjugación perfecta del verbo emancipar; sirvieron para que obtuviera como única sanción una reprimenda casi paternal y la invitación de mover mi vehículo unos metros, debajo de un luminoso farol

Y justo ahí. Como ladrón furtivo, arranque de tus labios la humedad, reprimiendo tu aliento, saboreando tu suspiro. Te bese. Como únicos testigos: los cientos de insectos que revoloteaban formando un aura en torno del vehículo, atraídos por la luz blanca del farol

Ella no es Dios, ni yo soy Adán, pero si se pudiera modificar la decoración de la Capilla Sixtina, y si yo pudiera influir en la mano virtuosa de Miguel Angel le suplicaría que plasmara ese instante, ese momento, que ahora, a la distancia y sin ti, forma una herida mas, que tras las relamidas del recuerdo,

no cierra.

 

Ojos de alcancia

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Nacho       26/06/08 01:10
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Te falta pulir un poco tu estilo pero Me encanto el final de Tu historia
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar historias