LO INESPERADO DEL DESTINO La conocí accidentalmente, sin pensarlo. Sus padres eran muy amigos de los míos. Un día, en una visita a mi casa, entró a mi habitación por equivocación, tan bella, tan risueña ¡Guau! ¡Qué mujer!... Tantos años teniéndola tan cerca, y sin saber que existía. Estoy muy seguro que ella tampoco lo sabía. Empecé a investigarla: era una cajera del supermercado cercano a casa, de escasos recursos, pero muy amable y servicial. Pero mis padres no iban a reconocer nuestro romance. Nos separaba la posición y el dinero. Yo era un doctor muy estimado y reconocido con una enamorada escritora y famosa; del mismo círculo social. La verdad es que no nos gustábamos, pero como buenos hijos, debíamos hacer lo que nuestros padres querían. Éramos solo buenos amigos, pues sabía que ella estaba enamorada del policíade la comisaría del pueblo cercano. Suspiré profundamente y me convencí que el amor a veces es cruel. Debía quedarme callado, por miedo a decepcionar a mis padres. Sin embargo, desde que la conocí, siempre buscaba mil y un pretextos para ir al supermercado, pasar por allí, comprar algo y escuchar su voz melodiosa que decía: ¡Buenas tardes, su cuenta es ! Era tan feliz Hasta el día que me enteré que ella se casaba. ¡Me quedé helado! Siempre había albergado alguna oportunidad para conquistarla, pero ¡ahora sí que la perdía! De repente, instintivamente, llamé a Fiorela, mi enamorada. Noté en ella también una tristeza inmensa. Su voz era como un hilo, se quebraba al hablar. Fui a verla y noté sus ojos llorosos. Le pregunté la razón de su tristeza, pero evadió su respuesta. Me dijo que tenía una sorpresa para mí, que había terminado de escribir su último libro. Ingresó a su habitación. Mientras tanto dí una revisión a su sala estar. La mesita de centro se encontraba muy sucia; los muebles, sucios y los servicios, sin lavar. Me sorprendió, porque ella siempre había sido una persona muy ordenada y le encantaba que su departamento esté muy presentable. De pronto, mis ojos se clavaron en una tarjeta de matrimonio arrugada junto al mueble de la sala. La leí y comprendí todo: Su policía se casaba con mi cajera. En ese preciso momento, Fiorela me vio con la tarjeta en las manos y me abrazó profundamente. Me susurró¡Ahora lo entiendes! ¿No? No sé, pero ese abrazo me hizo sentir muy a gusto, empecé a sentir algo que nunca antes había sentido por ella. Conversamos. Le expliqué lo de la cajera, lo del amor imposible, ambos estábamos pasando por lo mismo. Fiorela empezó a llorar más y más, sus lágrimas me hacían sufrir. -No llores... lo afrontaremos... me tienes a mí -. dije Fiorela alzó la vista y me miró a los ojos. Me le acerqué, y la besé Fue un beso inolvidable, profundo y muy duradero. Le sonreí y dejamos atrás el pasado. Años más tarde, mi hijo Arthur me confesó estar enaorado de una chica muy linda, pero que no poseía dinero. Recordé los momentos que pasé, y le dije que la conquistara. ¡Vaya sorpresa! Un año después, decidían casarse. La muchacha me hacía muy familiar y, Fiorela, mi esposa, sentía mucha curiosidad sobre sus futuros consuegros, quienes aún no conocíamos. Los invitamos a nuestra casa, para conocerlos y casi nos desmayamos cuando ellos entraron: ¡Eran el policía y la cajera! Nos miramos a los ojos (Fiorela al policía y yo a la cajera) pero descubrimos que ya nada pasaba entre nosotros. Fiorela y yo nos agarramos de la mano y empezamos, por primera vez, a hablar con nuestros ex amores sobre el casamiento de nuestros hijos. Estrella fugaz