El jardín era maravilloso, y debía cruzarlo completamente para llegar a vos...
Al final del corredor estaba el aula donde nos encontrabamos una vez a la semana.
Considero que esperábamos con las mismas ansias ese día.
Con paso rápido me acercaba al lugar tratando de ser puntual con nuestra cita.
Atravesaba la entrada color verde...y allí estabas...
Mi saludo te hacía sonreir y ya nada importaba..
Nos sumergíamos en el Universo increible de las palabras...
Nuestro tiempo no era más que una hora pero exprimíamos cada segundo entre historias, música, poemas...
Mi voz para llegar a tí se volvía pura y cristalina, sin prisa, tratando de revelarle a tu mundo hasta el más mínimo detalle...
Flotabamos, levitabamos, recorríamos lugares desconocidos, volabamos sobre mundos salvajes, sobre vidas que no nos pertenecían pero nos fascinaba descubrir...
Pensar que nuestra conexión comenzó con miedo y desconfianza...-es lógico que ésto ocurra!!!; alguien me dijo para tranquilizarme.
En tiempos suaves, cargados de ternura nos fuimos colonizando; hasta el punto sagrado que me reconocías por mi perfume.
Con nuestros minutos compartidos sin aliento, culminabamos la ceremonia...
Yo cerraba mi libro y apagaba la música...tu desplegabas tu bastón blanco, me tomabas del brazo y sin prisa caminabamos con la única ilusión de nuestra cita la próxima semana.
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