La joven estaba esperando que dejara de llover. Eran los únicos que estaban en el hall del edificio. Carlos se acercó con un tímido:
-¡Hola! ella lo miró, respondió al saludo pero no le dio importancia. Él insistió:
-¿Cómo estás? ella se volvió y le dijo:
-Perdone, no lo conozco rápidamente salió y subió a un taxi que la esperaba.
Cupido miraba la escena, bajo su arco y se sintió tan mal como Carlos.
Al otro día buscó encontrarla, no sucedió. Habló con el encargado, él podría saber ¿quién era, esa joven?
Le explicó como vestía, la hora que la encontró el detalle de las carpetas de oficio que llevaba en los brazos. Él encargado medito un instante y le dijo:
-Puede ser la secretaria de la abogada del quinto C. Sale siempre a las seis de la tarde.
Al siguiente día, a esa hora Carlos estaba esperando. El informe no falló, era ella, se acercó nuevamente:
-Señorita usted no me recuerda, pero nos conocimos hace unos meses en la ruta, llovía y su coche no arrancaba ¿recuerda?
-No recuerdo, nunca lo he visto, debe confundirse -. Sin otra palabra se fue. Quedó desmoralizado. ¿Cómo no lo recordaba?
El portero que miraba la escena se acercó y le confió:
-Mire que es casada y me contó que tiene dos chicos.
Carlos salió a la calle con una extraña sensación, era ella, pero al acercarse le pareció una desconocida, como si fuera la primera vez que la veía.
Dos meses no son tantos como para olvidarlo.
Aquella noche en el bar, él sintió que los dos se gustaron. La sonrisa de ella era sincera, sus ojos también lo parecían. ¿Y ahora qué?
Él no era un adolescente para ilusionarse fácilmente con la primera mujer que se le cruzaba en el camino, ella lo miraba directo a los ojos, pero esta Alicia de hoy no tenía esa mirada.
Cupido había contemplado la escena, estaba pensativo, a él también, algún cálculo le había fallado.
Unos días después, cuando él salía del edificio, ella entraba.
-¡Joven! lo llamó.
-Sí él la miró y quedó esperando.
-¿Cómo se llamaba la chica que ayudó en la ruta?
-Alicia -. Ella sonrío, buscó algo en su cartera y le entregó una tarjeta.
-Alicia es mi hermana gemela, aquí tiene su teléfono.
Desde un árbol vecino Cupido saltaba de rama en rama loco de alegría. ¿Está vez sí, se tenía que dar!
Cinco minutos después, la estaba llamando:
-Hola ¿Alicia? Soy Carlos.
-Hola, ¡Qué felicidad oírte!
Dedicado a todos los que pidieron una segunda parte
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