


| Escritor: | fardi_1975 |
| Públicado: | 29/01/2010 |
San Agustín
Las agujas penetraron en su cuerpo y la carne no opuso mayor resistencia. Solo un quejido evidenció la vida que se escapaba en trozos, sin control alguno.
Las paredes, otrora de un verde esmeralda, se resquebrajaban con la humedad. La luz penetraba tímidamente ante el lecho, que dominaba el espacio invitándole a no abstraerse del dolor, a entender que la ausencia comenzaba lentamente a establecerse en aquel lugar.
Las gotas marcaban el ritmo de la espera, repicando en el cristal de un pequeño tragaluz. El cielo comenzaba a despedirse, la vida se alejaba, el silencio comenzaba a dominar la habitación y los recuerdos comenzaban a ordenarse, en un sentido de recuento.
Le vio, jovial y ajeno a todo dolor. Paseando por los valles. Empapado por la lluvia. Era curioso recordar aquello en aquel instante y el cielo lo admitió regalándole sus Lágrimas con el fervor que aquella imagen merecía.
La lluvia conservó su ritmo, el dolor y la pérdida crecieron a la par. El entendimiento los alcanzó con una sonrisa de dulce despedida, una complicidad húmeda y rítmica, una invitación a confundirse con el cielo, era el adiós, era el silencio...
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