LLorando una pena.
En la oscuridad de su habitación, sus nublados ojos no cesaban de mirar las imágenes que se reproducian en aquel video.
Silente, sentada en su arrugada cama, con el control en sus manos, miraba cada escena pasar.
¿Era ese el hombre aquel del que se enamoró en los años de escuela, siendo una joven e ingenua colegiala?
Si... de seguro que si es el mismo hombre, aquel al que le entregó todo su amor, sus desdichas, sus triunfos.
El hombre que la llevo al altar y prometio serle fiel hasta la muerte y no hacerla derramar nunca una lágrima de tristeza. Sin embargo en esta noche fria, sus ojos no derraman solo una lágrima, sus ojos se convirtieron en un oceano de dolor.
Bajo de su almohada, reposaba un filoso cuchillo, con caña de madera oscura y pulida. ¿Acaso al usarlo, ella dejaria de sentir todo este agolpamiento de sentimientos en su pecho?.
Sin duda la muerte de su esposo hace un mes en un accidente de tránsito la habian desquiciado. Pero perder ahora a su única hija, no le dejaba fortaleza para seguir.
Seguia corriendo el video, ella aún lloraba, empezaba a llover afuera, tomo el cuchillo entre sus manos y abrazandolo por su caña de madera pulida, lo hizo descansar en su adolorido corazón.
¿Es posible que Dios conceda perdón a un alma suicida?
¿Podra Sara encontrarse con su amado esposo e hija en la plenitud del paraiso?
"Hay un corazón que llora una pena y le fué más facil penar de dolor, que seguir viviendo su cruel realidad".