Fue contratado por la mediación de su amigo Ernesto, quien le insistió para que se cambiase de empresa y porque le aseguró que allí no despedían a nadie aunque se fuese el más inútil del mundo. Y él reconocía que no era una lumbrera, sino más bien un poco torpe, pobre de espíritu y lento de seso.
Pero el día que asumió el cargo se acordó de todas las burlas: ¿Otro vasito de leche, Ibáñez? ¿Lechita para el nene? Ibáñez nos salió maricón: ni bebe ni fuma ni toma café..
A los dos años falleció Rico y le sustituyó Ibarra, el cual murió cinco meses después; Ibarra fue remplazado por Cardona, quien duró en el cargo un año y medio. Por Carmona designaron a Morales Ernesto- e Ibáñez fue nombrado subdirector. Todos los finados debieron su suerte a un infarto.
Es ese status quo transcurrieron tres años, escuchando las mismas bromitas de Morales y de los subordinados. Hasta que el corazón de Ernesto gritó basta.
De repente, Ibáñez era el Claudio que sin comerlo ni beberlo se convertía en el César de zona.
Respiró hondo y se subió los pantalones; después susurró: Ahora van a saber lo que es la mala leche.
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