lazos

“Un hombre tenia dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece; y les repartió la hacienda”. Lucas 15-11,12.

 

En realidad no sabia que hacer. Encontrarle sentido a su vida o simplemente…

Se canso de la vida que le rodeaba.

Se canso de su padre, de su madre y de Dios,- no quiero a Dios. Renuncio. Me marcho- fueron sus ultimas palabras.

Llego a la ciudad… dejando su casa en el olvido, decidida a volverse toda una mujer de mundo.

En la ciudad se divirtió, encontró “amigos” y con ellos compartió. Anduvo por lugares fascinantes.

La ciudad se alzaba ante sus ojos. Retenía todo cuanto observaba para luego hacerlo suyo, parte de su vida.

Poco después de un tiempo estaba en la miseria y los empleos no era algo fácil.

Entro en las primeras calles de un barrio. En ellas solo encontró los costilludos perros desgarrando las sombras de los zafacones. Eran perros que parecían no haberse movido del mismo lugar por muchos anos.

Miro el reloj, la una de la madrugada.

Cuando la luz amarillenta del farol embistió su rostro, ella sabía que se encontraba frente a la barra más famosa del barrio.

Observo el interior del establecimiento. Se acerco a una mujer y le pidió trabajo,- la única forma de conseguir dinero es prostituyéndose- le dijo la mujer.

Se dedico entonces a recorrer las calles para vender su cuerpo como sostén.

En prostituta se convirtió. Conoció amores singulares y pasionales.

Durante un tiempo se acostumbro.

Se decía: “es extremadamente aburrido, monótono, mecánico”. Pero necesitaba el dinero.

Luego de varios anos su padre murió, su madre envejeció.

No acontecieron contacto alguno entre la madre e hija durante aquellos anos. Su madre se dirigió al barrio donde escucho que vivía.

En cada albergue de socorro que encontraba entraba,-¿me permiten fijar esta fotografía en el mural?- decía. Era una fotografía de la madre, sonriendo y con los cabellos grises, con un mensaje escrito a mano en la parte inferior: “no he dejado de amarte…regresa a casa”.

Después de unos meses, ella entro en uno de los albergues para recibir una comida que necesitaba con urgencia. Se sentó distraídamente a escuchar el oficio religioso, mientras dejaba que su mirada errara por la cartelera de anuncios.

Allí vio lo que no esperaba, la fotografía y pensó: ¿podría ser mí…?

Sin poderse contener hasta que terminara el sermón, se puso de pie y fue a mirar de cerca el anuncio.

Era el de su madre y leyó: “no he dejado de amarte… regresa a casa”.

De pie frente al retrato lloro de emoción, pues no podía creer que algo tan maravilloso le sucediera a ella.

Ya era de noche, pero se sintió tan conmovida por dicho mensaje que comenzó a caminar hacia su hogar.

Llego en la madrugada. Sentía temor y avanzaba tímidamente, sin saber realmente que hacer. Cuando llamo a la puerta, esta se abrió de par en par. Pensó que un ladrón había entrado antes.

Preocupada por la seguridad de su madre, corrió hacia su habitación y la encontró dormida. La sacudió para despertarla- soy yo, soy yo, estoy en casa-, le dijo.

La madre no podía creer lo que veía. Se seco las lágrimas y se estrecharon en un fuerte abrazo.

-Estaba tan preocupada. La puerta estaba abierta y pensé que había entrado un ladrón- llego a decirle la hija.

-No cariño. Desde el día que te marchaste,- le contesto la madre- la puerta nunca ha tenido seguro
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Comentarios:

Escrito por: mariazul11       10/02/08 18:18
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Muy buen trabajo, me emocionó.
Cariños
Lili
Escrito por: Donquijote       09/02/08 19:19
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Genial adaptación. Adelante hermano.
Escrito por: GabrielaAgilda       09/02/08 04:25
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Interesante la forma en la que lográs relacionar la parábola con tu texto...Me gustó el resultado.Permitime que te observe que faltan algunas tildes,especialmente al comienzo.
Buen trabajo.Lo seguiré de cerca.
GABRIELA.
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