LAS REGLAS. CON TODO SU AMOR.
29 de septiembre
2:49 p.m.
De pie bajo el sol abrasador, refresco mi mano derecha con las monedas que pagaré al conductor del autobús. Diviso aquél vehículo, avanzando parsimoniosamente por el ardiente asfalto. Al fin, mis pies tocan los escalones algo manchados de tierra seca, quizá de alguien que subió dos paradas atrás, en el parque familiar. Doy las monedas ahora ahogadas en sudor y recibo a cambio, toda la indiferencia de un hombre regordete que bebé una soda mientras conduce.
Una vez en el asiento, sigo la primer regla:
No mires a nadie. Todos te quieren hacer daño.
y dejo que las oscuras gafas me oculten de todo aquél que me rodea.
Una señora atiborrada del sopor comunal, pregunta la hora y yo
yo sigo la segunda regla:
No abras la boca, o pagarás por tu falta.
Me apresuro a tocar el timbre del autobús y bajo apresuradamente. He llegado feliz de haber seguido las reglas establecidas. Me siento tan bien conmigo misma de haberlo hecho y seguiré, sin más, practicándolas.
Camina por la acera viendo hacia el piso.
Y camino
y el piso es todo lo que veo. No estoy dispuesta a arriesgarme más, no como antes. Sé muy bien que lo mejor es lo que se hace por convicción y sé la recompensa que me traerá seguir las reglas.
Tres cuadras a la derecha, dos a la izquierda y saco la llave para abrir la puerta, eso sin que previamente haya ignorado la pregunta tan indiscreta de la vecina. Mira que preguntar por mi nuevo maquillaje color púrpura
¡va!, ¡cómo si existiera toda la confianza del mundo entre ella y yo!
Al fin estoy en casa. Todo recogido, la ropa lavada, las viandas puestas y el reloj que marca ya la hora en la que mi adorable esposo cruzará la puerta. Es tan curiosa la manera en que uno puede llegar a ser tan feliz, como todas las parejas deben serlo
hasta que la muerte los separe.
Entonces él cruza la puerta, se dirige hacia mí y yo
en segundos veo las estrellas.
3 de octubre
10:05 a.m.
El sol brilla en la ventana y el haz de luz entra resplandeciente por los cristales hacia un cuadro con la imagen de una virgen de no sé donde. Mi visión está algo rara, como nublada
pero percibo a la vecina y escucho su sermón. Me siento furiosa cuando la oigo hablar así de mi marido, insultándolo, queriendo que él estuviera en el estado en que me encuentro, pero yo sé que tuve la culpa al mirar a un hombre que no era mi marido, sin advertir que él iba sentado en la parte de atrás del autobús. Yo no seguí las reglas y tuve que pagar. No es culpa de él, jamás ha querido lastimarme.
Las reglas eran claras, mi amor por él también.
bien escrita, con unos retoques quedaria sublime, alargada quedaria mas escatologica, pero sin embargo no pierde la emocion que nos atrapa desde el principio
sigue con la idea original
felicidades
woow mi niña... simplemente me asombras mas y más cada que te conozco un poco más...
Francamente me sorprendiste con ese giro final de tu historia, que está muy bien escrita por cierto. Durante su desarrollo pensé que la mujer hablaba de las reglas de supervivencia en una urbe moderna y peligrosa y con la vuelta de tuerca final, le das un significado totalmente distinto y a la vez igual, ya que no sólo existe la violencia en la calle sino también la doméstica, que es, quien sabe, peor aún.
Felicitaciones, muy buen relato amiga.
Original y hasta algo divertido, puesto que refleja el típico matrimonio al que se circunscribe el ser humano, atentando contra su independencia y autoestima. De alguna u otra manera, cuando se está enamorado, tambén existen ciertas reglas que hay que seguir (o acatar, da lo mismo) para poder "robustecer" aquella relación empática (lo que yo llamo, neurosis simbionte). Saludos.
la tristesa de la mujer ke no vive la vida plena en un mundo opresor y hostil, me encanto esa triste historia cotidiana. gracias por compartirla.
Me gusta tu relato. Shakespeare hizo su "Otelo" por algo. Los celos son lo peor que hay.
Es una víctima , pero no lo sabe, cuantas veces he sido como la vecina, repudio al detestable agresor y juzgo la poca inteligencia de la que soporta. Pero ella no es víctima es la que causa, la que detona y tal vez es el único momento del día donde se siente importante, donde existe. Es una realidad tan triste que no logramos erradicar de nuestra sociedad.
Así es Ricardo. Lo peor es que muchas veces no se dan cuenta y creen que el aguantar todo es una muestra más de amor; cuando cada golpe se convierte en un gramo más de odio y desprecio de la otra persona.
Triste realidad, pero cierta.
Gracias por comentar mi historia que, curiosamente nació al observar a un tipo dando todo tipo de instrucciones a su esposa, quien cabeza abajo obedecía sin chistar.
Besos cósmicos.
Es un dramático relato de la realidad que sufren muchas mujeres
Tú lo expresas muy bien en tus letras. Me gusto mucho. Felicitaciones