


| Escritor: | Jismaelmtz |
| Públicado: | 03/10/2007 |
Los trucos que juega la memoria hacen que la realidad sea muy diferente en la mente de cada uno. Cuando mi infancia se acerca a mí a escondidas atraviesan los laberintos de mi pasado extraños recuerdos. Muchas veces imágenes fijas, curiosamente algunas en blanco y negro. Detalles sin importancia, bromas malas que de alguna manera se empeñan en persistir como un homenaje a lo absurdo o lo que nunca debió haber tenido lugar. No podría decir hasta que punto lo que recuerdo se acerca a lo que realmente existió, es como el viejo juego de pedirles a varias personas que traigan a la memoria un incidente en el que todos participaron, la versión que darán del mismo nunca será exactamente lo mismo.
La condena del tiempo hace que todo lo que fue se vuelva en su mayor parte bruma. Sin embargo como fantasmas reaparecen ante mí ecos de historias incompletas cuerpos con rasgos perdidos.
Hoy en la mañana, por ejemplo, llego a mí una imagen de alguien que seguramente revistió cierta importancia en mi vida. Sé que existió pero no existe su rostro. Cuando la recuerdo es mi cuerpo al que miro, como si yo fuera ella recordándome.
Le he preguntado su nombre y reconocí los sonidos en ese momento, sin embargo ahora ese nombre no significa nada, ni siquiera es un patrón sonoro distinguible.
Recuerdo su mano trazar un símbolo en mi palma. Nuestro secreto. me dijo. Nuestro pacto. Luego mi alma emprende el vuelo al que nombro olvido. Otros recuerdo me asaltan sin que los llame.
Recuerdo que mi padre me dijo Todo se vapora excepto yo.
Nunca más, pues ahora muere como murió, muerto solo en sus ojos, su cuerpo respirando. Su cerebro destruido.
Recuerdo que mi madre se consumía hasta desaparecer, pero no logro recordarla joven, no logro recordar cuando me amamantaba, no logro recordar lo que invoco. Lo que quiero recordar no es lo que viene a mí.
No recuerdo, por ejemplo, lo que ocurrió minutos antes y después de unos ojos, de una sonrisa que al final no era para mí. Pero esos ojos y esa sonrisa me persiguen en momentos inoportunos. Cuando le robo un beso a una sonrisa más familiar y comparto palabras y sentidos con alguien tan cercano que no forma parte de mi pasado. Unos ojos que ya no miro porque sé que existen.
Esa es la mentira del tiempo. La gran mentira de la historia, los millones de detalles que nadie recordó mencionar. La vida interior de las ciudades sitiadas. La biografía de escritores que no se atrevieron a publicar su obra. Las noches en que los héroes estuvieron solos. Las versiones previas de una novela, las defecaciones de Alejandro Magno, las caminatas diarias al trabajo de un filosofo que hizo miles de cosas sin importancia además de escribir mentiras acerca de la vida y el ser. La diferencia entre lo que él escribió y lo concreto es una bruma. Su biografía, que firma alguien que nunca lo conoció, es lo único real de él.
Puedo concluir que la vida es una percepción del caos (un caos ordenado arbitrariamente) envuelta en la bruma de lo recordado, lo memorizado, lo asumido y las conclusiones hechas para que todo ocupe un lugar.
La vida no es más que la sangre derramada por la lucha de dos dioses, la eterna dicotomía de dos amantes eternos, quienes deben lastimarse para sentirse. El olvido y la memoria. Sus terribles amores han generado un bastardo: el tiempo.
¿O el tiempo es solo una invención humana?
Algo que me sorprende es que algunos objetos inanimados carecen de tiempo.
Hace unas horas descubrí un reloj en una calle donde he transitado muchas veces. Repentinamente lo descubrí, apareció en una pared antes inédita. El reloj se hizo real porque yo lo necesitaba, o surgió porque me sentía desorientado, como si nunca hubiera transitado por esa calle, pienso que talvez apareció por le di tiempo a algo inanimado que de otro modo no lo tenía. El objeto se había detenido una vez a las seis de la tarde y entonces desapareció. Un día lo recuperé en mi universo, volvió a tener existencia. Un momento dentro de la nada.
Aunque para otros quizá tenga una presencia perenne: es el sitio de encuentro para unos amantes, la brújula que orienta a un burócrata y le dice que está a punto de abandonar el autobús; pero, para muchos otros que transitan la calle no existirá aunque pasen junto a él día con día. Lo miran sin verlo y en seguida lo dejan perder en el olvido.
Talvez podamos decir que lo único real es el olvido. Un río profundo de andar lento e infinito que arrastra pequeños guijarros que lentamente desgasta y consume, nuestras vidas.
Lo destruye todo, hasta al universo.
Lo destruye todo, excepto pequeños fragmentos descompuestos. Una mano ensangrentada, una risa de burla, la vergüenza que sentimos y nadie notó. Un día cuando alguien nos vio cometiendo un error y lo comentó casualmente a la mesa. Algunas personas dirigiéndonos miradas acusadoras. Una noche cuando escribimos secretamente la amo en un diario e imaginamos lo que nunca fue.
Por eso hoy siento que escribo desde una duna, justo en mi espalda el presente se escurre colina abajo cual arena hacia el abismo. Grano a grano se acerca a mi arrastrándome, absorbiéndome. Me sostengo al escritorio y obligo a mi mente a pensar en el futuro, a avanzar, a no ser alcanzada por la vorágine del no existir, pero al final lo inexorable deberá alcanzarme. Me abrazaré al dios olvido.
Me abandonaré entonces, me disolveré dentro de él fertilizándolo.
|
Imprimir |
Enviar historia |


