Las cicatrices del alma, primera parte el capitulo 14

Nuestro Traslado a Monzón. 1984

 
P
 
or aquella época en la fabrica de Aiscondel de Cerdanyola sobraba personal y por el contrario en la fabrica de Aiscondel de Monzón, en Huesca, faltaban operarios, así que la empresa propuso a los trabajadores de plantilla que si alguno le interesaba podía cambiar su puesto de trabajo a Monzón. Si lo hacía por supuesto seria indemnizado y continuaría percibiendo la misma renumeración sin perder su antigüedad en la empresa.
 
Pensé que se me presentaba una nueva oportunidad y que si sabía aprovechar la situación cogería un dinero extra que buena falta nos hacía.
 
Como yo al fin y al cabo era inmigrante en Cataluña me daba igual ser un inmigrante en Aragón y más teniendo en cuenta que la vivienda no era mía, así pues, con entregar la llave a la empresa, todo arreglado. Lo único que tendría que hacer sería la mudanza de los muebles.
 
Se lo comenté a mi mujer y los dos estuvimos de acuerdo, ya que me daban la opción de que si durante un año no me gustaba el cambio, sin ningún problema podría volver a Cerdanyola.
 
Me trasladé a Monzón y durante todo este año estuve viviendo apartado de mi familia en una pensión, pues con las dietas que me daban por estar fuera del puesto de trabajo de Cerdanyola, me bastaba para pagar la pensión, pagar los viajes que solía realizar todos los fines de semana para ver a mi familia y además, para darme algún capricho.
 
Lo malo fue que durante todo el año estuve solo en Monzón y tuve que estar separado de mi familia por doscientos kilómetros. La verdad que acostumbrado a estar siempre al lado de mi mujer y de mis hijos, se me hizo muy pesado. Recuerdo que siempre estaba deseando que llegara el viernes para marchar a Cerdanyola y poder abrazar a mi mujer y a mis hijos.
 
Aparte de estos inconvenientes me agradaba Monzón, pues es una ciudad muy acogedora y sus gentes son muy abiertas con la gente que viene de otras regiones hermanas.
 
Además tiene de todo. No tienes que desplazarte para nada a otras localidades si no lo deseas.
 
Como la decisión no dependía sólo de mí pedí a mi mujer que visitara Monzón para ver que le parecía a ella. Su primera impresión fue muy positiva, pues lo primero que vio fue la avenida de Lérida, que es preciosa y me acuerdo que sus primeras palabras fueron “Me encanta Monzón”.
 
Ya de acuerdo mi mujer y habiendo cumplido el año que tenía de prueba para decidir si me quedaba o volvía a Cerdanyola, decidimos nuestro traslado.
 
Con el dinero que me dieron de la indemnización nos compramos un piso de segunda mano y después de restaurarlo un poco cargamos los muebles en un camión y nos vinimos definitivamente a vivir a esta ciudad tan maravillosa y acogedora.
 
Con este cambio la más perjudicada fue Isabel ya que ella se había echado novio en Cerdanyola.
 
El chico se llama Alfredo y, como es normal, cuando dos personas se aman la separación duele mucho.
 
En principio mi familia se adaptó bien a nuestro nuevo cambio, la única que no lo asimilaba era mi hija Isabel.
 
Finalmente Alfredo buscó trabajo en Barcelona para Isabel, y ésta nos abandonó yéndose al lado de su novio. Yo no me opuse a ello ya que ella ya era mayor de edad y tenía derecho a elegir el rumbo de su vida.
 
En cuanto a Paquita, como es normal, se quedó en Cerdanyola con su marido e hijo, pero las cosas continuaban de mal en peor. A aquel matrimonio no le quedaba mucha vida.
 
Isabel terminaría viviendo en pareja con Alfredo. Arrendaron un supermercado en Santa Perpetua de la Moguda, alquilaron un piso y empezaron una nueva vida. Nosotros los veíamos muy a menudo ya que íbamos de vez en cuando a su casa de Barcelona.
 
En uno de estos viajes nos enteramos que Paquita estaba en estado. Pensé que no sabía como iba a terminar todo aquello. Nuestra preocupación era evidente, pues yo sabía que su pareja iba a durar poco y el problema se complicaría más con otro hijo en camino, pero no se podía hacer nada, deberíamos dejar pasar el tiempo y que decidiera lo que estaba por venir.
 
Un mes antes de salir de cuentas Paquita, su marido se eximió de toda responsabilidad mandando a mi hija y a mi nieto a Monzón para que diera a luz.
 
Al mes de estar en mi casa dio a luz una niña con muy poco peso y con el síndrome de abstinencia. La registramos en el Registro Civil de Barbastro con el nombre de Tamara.
 
A los quince días de haber tenido mi hija a la niña, vino su marido a verla y a pesar del comportamiento tan anormal que tenía Jesús María, nosotros lo recibimos bien y lo acogimos en casa. Pero su desvergüenza no tenía límites, pues en agradecimiento, nos hizo una buena faena.
 
Recién habían terminado de comer (yo me encontraba trabajando) Jesús María dijo que salía un momento a la calle a tomar café y a comprar tabaco, pero el tiempo pasaba y no regresaba.
 
Todos estaban preocupados, no fuera que le hubiese ocurrido algo, y ya se disponían a salir a buscarle cuando se presentó una patrulla de la Policía Municipal y lo trajeron drogado y borracho.
 
Después del lamentable estado en que lo trajeron empezó a insultar a toda la familia, entonces mi hijo Juanjo no se pudo contener y le dio una buena tunda de puñetazos.
 
Ante este vergonzoso comportamiento mi mujer, para evitar más problemas, cogió una bolsa y metió toda la ropa que había traído, más una parte que sacó de la lavadora a medio lavar y se la entregó invitándole a que abandonara mi casa.
 
Aquella noche Jesús María durmió en una pensión y al día siguiente regresaron los dos con sus hijos a Cerdanyola.
 
Fueron pasando los meses y nuestras vidas siempre estaban en tensión, esperando que en cualquier momento surgiera lo peor.
 
Un día, en el trabajo, recibí una llamada telefónica de mi mujer. Me dijo que me esperaba en casa, que había surgido algo imprevisto y que teníamos que ir a Barcelona.
 
Nervioso, me fui a casa. Allí me dijo que había recibido una llamada de un médico de una clínica de Sabadell, pidiéndonos autorización para operar a mi hija urgentemente. Sin pensarlo más cogimos el coche y nos fuimos llevándonos a nuestros hijos Alex y Raquel ya que todavía eran pequeños para dejarlos solos en casa. Cuando llegamos a la clínica ya habían operado a Paquita.
 
Desde estas líneas quiero agradecer a mis hermanas, que hicieron compañía a mi hija en la clínica, el día de esta tragedia, evitando que en estas circunstancias tan duras para ella, pudiera encontrarse completamente sola.
 
Después de hablar con el médico pudimos enterarnos de que tuvieron que extirparle el bazo debido a una brutal agresión de malos tratos por parte de su marido. Aquella noche mi mujer y yo decidimos que ella se quedaría acompañando a Paquita. Y yo me llevaría a Alex y a Raquel a casa de mi hija Isabel.
 
 Cogí el coche y nos dirigimos a casa de mi hija. Al mismo tiempo que conducía, me esforzaba por contener mi llanto, para que los pequeños no se percataran de ello pero no podía controlarlo. Alex, aunque pequeño, se daba cuenta de la situación y me preguntaba:
-         ¿Papá por qué lloras?
 
Cuando llegue a casa de mi hija, todavía llorando, le conté lo sucedido a su hermana. Isabel trató por todos los medios de consolarme pero la pena me ahogaba y no encontraba consuelo.
 
Al día siguiente fui a ver a Paquita, que ya un poco mejor pudo contarnos toda la tragedia. Según ella por cuestión de las drogas, su marido le dio una brutal paliza delante de los niños. La dejó desangrándose y huyo abandonándola a su suerte. Sólo gracias a la intervención de los vecinos que acudieron en su auxilio y avisaron a una ambulancia, no murió desangrada.
 
Cuando mi hija estuvo un poco más recuperada, la dejamos en la clínica y nos llevamos a mis nietos a Monzón.
 
A la semana siguiente fuimos de nuevo a verla y nos encontramos con que ya le habían dado de alta. Una vez que la vimos nos dijo que el médico deseaba hablar con nosotros, así que antes de regresar a Monzón me dirigí a la clínica para hablar con el médico. La conversación que tuve con éste me dejó un sabor muy amargo.
 
A partir de aquel momento la tristeza me inundó y la llevo conmigo desde entonces.
 
Yo siempre tuve fe, esperando que algún día mi hija pudiera salir del mundo de las drogas y pudiera llevar una vida normal, pero a partir de la noticia que me dio el médico, mi fe se vino abajo y pude ver la muerte muy cerca de nosotros, ¡mi hija tenía los anticuerpos del sida!
 
A pesar de mi angustia y de mi tristeza yo me esforzaba ante mi hija para que ella no fuera consciente de la angustia que me inundaba y trataba de animarla para que dejara la vida que hasta ese momento había llevado y de esta forma poder rehacer su vida con sus dos hijos.
 
Cogimos el coche y regresamos a Monzón con mi hija. Aunque el piso era pequeño pusimos literas y nos acomodamos como pudimos, sacando espacio de donde no lo había.
 
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Comentarios:

Escrito por: Conec       12/02/08 21:55
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Yo también estoy contigo en tu dolor por la perdida de tu hijita amiga, por mi parte decirte que hice lo posible y lo imposible por sacarla de ese mundo sin salida y que odio con todo mi corazón, a pesar de todo mi esfuerzo fue estéril y solo me queda el convencimiento de que hice lo correcto como padre, nada mas amiga, decirte que te agradezco mucho que compartas estas vivencias mías y saber algo de ti, un beso y un gran abrazo CONEC
Escrito por: lady_dy       12/02/08 05:38
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Conec, estoy leyendo este capítulo y que dolor sentí en mi corazón al saber todo lo que ha sufrido tu hija. Admiro tu apoyo de padre que le das a tu hija. Donde plasmas el gran amor y el gran corazón que tienes. Estoy contigo, en este espacio de tu vida y siento mucho dolor... un abrazo cariñoso.
Escrito por: Conec       07/02/08 16:23
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Pues si amigo, la vida no es fácil y estamos condenados a sufrir, si te mueres tu ante que tu familia te fastidias que te has muerto, y si no te mueres también, porque vas a sufrir mucho viendo como tus seres queridos se te van, y yo me pregunto, donde esta le felicidad? en ninguna parte, a este mundo hemos venido a sufrir, pero es lo que hay y lo hemos de asimilar.
En cuanto a nuestras experiencias por los muchos años vividos, aquí en España tenemos un refrán que dice, sabe mas el diablo por viejo que por diablo, y creo que es bien acertado, respecto a tu hija esperemos su madurez para saber el camino correcto a seguir, lo que es bueno y lo que no es tan bueno, pero todos estos conocimientos se adquieren con los años, no obstante paquita no supo elegir el camino correcto y lo pago con su propia vida, también te doy un abrazo Jaime
Escrito por: Oscarhugo       07/02/08 00:37
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Ah, mi amigo Conec, cuando uno tiene la edad que ya tenemos, vemos tantas desgracias en familias que están viviendo felices, que de la noche a la mañana vemos muertos por accidentes, enfermedades catastróficas, etc. Nunca sabemos cuándo nos tocará a nosotros; increíblemente cuando se está pasando por años de cierta tranquilidad, surgen la desgracia, latente en tu familia por la pareja de Paquita. Los hijos se ciegan con lo que creen amor, en contraste con nosotros los viejos que ya hemos visto la historia repetida; el Señor me libre, pero mi pequeña de 18 años dice saberlas todas, que soy exagerado, le digo que sólo espero que al primer porrazo que le dé la vida su inteligencia la haga entender y rectifique su actitud. Terrible parte final de este capítulo, da mucho que pensar; casi creo la superstición que reír demasiado hoy, trae lágrimas mañana. Te abraza tu amigo Jaime.
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