Las 12 (tercera parte)

Categoría(s): Relato breve


-          Hola, Laura, me da gusto verte – contesté sin la menor emoción.
-          ¿Cómo estás, José?
-          Bien.
-          ¡Caray!, parece que estás de mal humor el día de hoy. Si quieres vuelvo en otro momento.
-          Como te plazca Laura, creo que nunca te he pedido que me visites si no quieres.
-          ¡Seguro! Estás enojado por algo o con alguien, perdona, ¿estás molesto conmigo?
-          No, ¿tendría por qué estarlo?
-          No, al menos, no por algo que yo sepa.
-          Entonces, no te preocupes. Indudablemente no estoy molesto contigo, al menos, no por algo que tu sepas.
-          Dicen en mi tierra, ¡caras vemos, corazones no sabemos, chico! Pues, no me habría imaginado tu mal humor. ¡Que tengas buen día, José!
-          Lo mismo te deseo.

No había alcanzado a cerrar la puerta cuando José ya se estaba arrepentido de la forma como la había tratado. ¡Estúpido! ¿Era esa la mejor manera de arreglar las cosas?, pero, ¿había algo que arreglar con aquella mujer? Fue evidente que tenía un amor y que Laura le correspondía mucho más que a él, ¿a qué hacerse el tonto? Las horas de la mañana se le fueron lentas. Pensaba y pensaba pero, por mas vueltas que le daba al asunto, no lograba comprender como era que Laura, aquella mujer en quien había depositado su confianza, en quien creía por sobre todas las otras, ahora resultaba una traidora que le había engañado, ¡a él!, que, había acabado por aceptarlo, ¡sentía que la amaba! ¡Las lágrimas salieron sin que pudiera hacer nada!

-          José, ¿quieres que te prepare otro café? – la voz de su secretaria, ¿tenía que ser tan prudente para interrumpirle?
-          Si, por favor Olga, gracias.
-          Perdóname, ¿te sientes bien?
-          Si, no te preocupes, es un dolor de estómago. Probablemente me cayó mal el desayuno.
-          ¿Quieres que te consiga alguna medicina?
-          No, no, ya estoy tomando algo.
-          ¿De verdad?
-          Sí, Olga, no te molestes.
-          No, no es molestia. Bueno, voy por tu café. De cualquier manera, dime si necesitas algo más en el momento que sea.
-          Gracias.

Ojala que en lugar de Olga hubiera sido Laura. Necesitaba muchas cosas de Laura, ¡la necesitaba a ella! Pero, era Laura la que no lo necesitaba a él. ¿Qué podía hacer?, ¿qué iba a hacer? El café que le sirvió su secretaria lo calmó un poco y sin darse cuenta, se quedó dormido en su escritorio por muchas horas. Las seis de la tarde llegaron y José seguía dormido. Ninguno de los que pasaron a su privado buscando algún documento o que les respondiera alguna cosa, se atrevieron a despertarlo, ¡dormía tan a gusto!

-          ¡José!, vamos hombre, ¡despierta!, ¿te sientes bien?
-          ¿eh?, ¿qué, qué quieres Laura?, ¿qué haces aquí?
-          ¿Qué hago aquí? Te estoy despertando hombre, ¿acaso te piensas quedar a dormir en la oficina?
-          ¿Dónde está Olga?
-          ¿Olga?
-          Mi secretaria.
-          No, hombre, ella y todo el personal de oficina se marcharon hace más de veinte minutos. De hecho, fue ella la que me dijo que por favor te despertara.
-          ¿A ti?, ¿te dijo a ti que me despertaras?
-          Sí, ¿por qué?, ¿qué tiene de raro?
-          ¿Cómo que que tiene de raro?
-          Sí, hombre, ¿qué tiene de raro?
-          Pues, ¡todo!, ¿por qué te dijo a ti que me despertaras?
-          Pues, me imagino que como todo el mundo, tu secretaria también sabe que estamos saliendo, porque no puedo decir que lo somos ya que no me lo has pedido pero, sí que estamos saliendo.
-          ¡Que estamos saliendo! Y, ¿dices que lo sabe todo el mundo?
-          ¡José!, ¿Qué te pasa?, ¿por qué gritas?
-          Pues, porque no es para menos. ¿Te parece poca cosa lo que la gente anda inventando?

Laura se quedó tiesa. No se movió ni un centímetro. Su mirada se dirigió directamente a los ojos de José. Sus ojos parecían ser dos llamas de fuego queriendo devorar cada centímetro de su piel.

-          ¡Estúpido!, ¿lo que la gente anda inventando? O sea que, ¿te da vergüenza que la gente diga que estoy saliendo contigo? ¡Imbécil!

Sin decir más, Laura dio media vuelta y salió del privado, no sin antes limpiarse las lágrimas que comenzaron a salir profusamente de sus ojos sin intentar ocultarse de ello de José. Quería que se diera cuenta de lo mucho que habían calado sus palabras en su corazón. ¡Era un soberano idiota!  Mira que sentir vergüenza de salir con ella cuando muchos otros estaban buscándola, pretendiéndola, ¡queriendo casarse cuanto antes con ella!

-          ¡Espera, Laura! – el grito salió desesperado de la garganta de José. Fue un grito que mostraba ansiedad y un verdadero intento de ser escuchado solo que, en esta ocasión, el tiempo no lo había acompañado, salió solo, como José, solo y condenado a pasar aquella noche buena en el rincón de su cuarto, evocando, recordando aquellos tiempos, ahora lejanos, del niño Jesús, de Santa Claus, de los regalos. ¡Como olvidarlo!, ¡cómo!

La noche cubrió con su negro manto el edificio de oficinas como ocultando la pena de aquellos seres. Una mujer a la que se le desgarraba el corazón por el fracaso de la promesa de amor que, sin nacer siquiera, ahora se moría. Un enamorado que realmente amaba a su pretendida pero que permitía que su orgullo asesinara a tan caro amor.


Jadi
febrero 2008
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Rina       15/02/08 22:08
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Pobre Laura, algo me dice que ella no es mala, ni quiere herirlo, ojala que Jose reaccione pronto...
Te sigo amigo
Besos
Escrito por: mariazul11       15/02/08 01:59
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Vamos bárbaro, estoy muy atrapada por tu novela, veremos cómo siguen las cosas. Ay!!!! los malentendidos del amor.
Interesantísimo amigo.
Besitos
Lili
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar historias