Me llevaron hasta el final del mundo.
Me hicieron partícipe de mi propia vida, permitiéndome juzgarla a mi antojo, marcando aquello que hice bien o mal.
Cuando quise modificar algunas cosas, me lo impedía una mano invisible.
Luego esa voz...
Me susurraba algo. No podía entender.
Cerré los ojos y al abrirlos, me di cuenta de que seguía vivo.
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