La venganza.
El mal aliento que entregaba su boca, era la evidencia más tangible de que partiría pronto.
Lo mire, sonreí.
Otra bocanada de su agónico aliento y me sentí tranquilo.
Dos gusanos más para mi nariz, un sorbo más de whisky, la sonrisa imborrable de mi rostro, el arma tibia apretando mi vientre.
El trabajo estaba hecho, mi verdadero padre ya podía dormir en paz.
|
Imprimir |
Enviar historia |
