


| Escritor: | Escribana |
| Públicado: | 11/10/2007 |
La pintura estaba lista, pero una corriente de aire que se coló por la ventana superior la hizo sobarse los brazos para proporcionarse un poco de calor Eso de andar a las 3 de la mañana, en el estudio, con el camisón de dormir que le llegaba a penas a los muslos, y que encima era de finos tirantes, parecía una soberana tontería para esa noche de principios de invierno. Sin más, usando un pincel, se sostuvo el cabello con el, haciéndose un chongo muy al estilo japonés. Encendió la grabadora que tenía junto al caballete. Se puso los audífonos y con una mano en la cintura y la otra sosteniendo el pincel a escasos centímetros de la tela, volvió a visualizar la imagen en su mente.
Se asombró por un momento, parecía que su mano había cobrado vida propia y uno tras otro los trazos iban adquiriendo sentido apenas y podía separarse del caballete para acercar la pintura, sentía la imperiosa necesidad de no moverse de allí hasta haber terminado
Dos horas después, de pie frente al cuadro recién pintado, Natalia fumaba despacio un largo y delgado cigarrillo.
La imagen era hasta cierto punto desgarradora Sobre un fondo que parecía la entrada a un abismo sin fin se apreciaba un rostro de mujer, el cabello desordenado flotaba a ambos lados del rostro, dejándolo totalmente descubierto. La mirada parecía fijarse en quien observaba la pintura, fría, vacía, pero a la vez, podría decirse, amenazadora, la trayectoria de las lágrimas guiaban a los labios, acomodados en una siniestra sonrisa, en una mueca de extraña satisfacción, como si el destino que le esperaba fuese mejor que todo lo que había acontecido, como si todo el sufrimiento que parecía haber tenido hubiera valido la pena.
La joven se acercó a la pintura mientras dejaba la colilla humeante dentro del plato que usaba como cenicero.
De forma casi inconsciente acercó su mano al rostro de la pintura, queriendo alejar un cabello que opacaba la visión. Sorprendida, vio su mano desaparecer en el interior de la pintura Haciendo a un lado el miedo, y envalentonada por la idea de que nada malo podría pasar, aventuró con su otra mano. Podía sentir tan real el cabello de esa mujer, el aire frío que soplaba, hasta la inminente fuerza de gravedad que acercaba al abismo el cuerpo sin vida
El caballete terminó en el suelo por el susto que sufrió Natalia, se sintió jalada al interior de la pintura por unos delgados pero extremadamente fuertes brazos, fríos al tacto, quemantes en su gelidez
Fue una batalla silenciosa Las palabras no lograban escapar de la garganta de Natalia por más esfuerzos que hacía Solamente las lágrimas que corrían por sus mejillas, impotentes
Eran casi las doce del día cuando alguien comenzó a revolverse bajo las sábanas, palpó con una mano la zona de la cama a su lado. Abrió los ojos y escrutó su alrededor, hasta encontrar el reloj Era tarde El joven se sentó en la cama y se pasó la mano por el rostro, aún con pereza; sin duda debía afeitarse más tarde.
Comenzó a caminar por la casa, así como estaba, solamente con los calzoncillos puestos. Finalmente llegó al estudio, ese lugar estaba más desordenado que nunca: el caballete, las pinturas, todo estaba tirado Solamente la grabadora seguía encendida pero repetía una y otra vez un fragmento de la canción que debía durar, como la mayoría de las de ese género, varios minutos
El joven apagó el aparato mientras seguía avanzando. Sus pisadas se marcaban en el piso a causa de la pintura derramada. Llegó hasta el cuadro que estaba tirado cerca de la ventana, seguro a ella le había dado una crisis y había intentado tirarlo por la ventana Lo levantó y lo observó con detenimiento ¡Qué loca! Era lo mejor que había pintado desde que la conocía Un autorretrato bastante original, o alguna fantasía, o pesadilla, plasmada en el lienzo
El rostro de Natalia observaba al espectador, un singular contraste dominaba su expresión, la mirada era triste, muy triste, pero la sonrisa tenía oculta, de alguna manera, una sensación de bienestar A la altura del pecho se alcanzaba distinguir una mano azulada que parecía ser la causa del sufrimiento, como si le oprimiera el corazón El resto era una confusión de tonalidades negras azuladas y sombras vagas.
El joven se imaginó la historia del cuadro:
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