


| Escritor: | cesarar |
| Públicado: | 03/07/2009 |
A la tarde del otro día el calor es mucho más sofocante. Se aparece Carlos en el apartamento de Beatriz y la sorprende con un tarro de helados de chocolate, dentro de una gran bolsa de plástico. Carlos recostado al marco, bajo unas hojas de enredaderas sonríe. Beatriz lo mete para adentro y no lo deja ni hablar.
Sigue siendo traviesa, hacía lo que quería cuando niña. A temperaturas como estas: tomaba agua en un envase y chorreaba a las arañitas en las cuevas. Ahora después de grande su manía es comer helados.
Carlos lo recordó en la mañana antes de entrar al consultorio de su medico de cabecera. Lo anotó en su agenda, y después de varias diligencias más, decidió comprarlo.
Gracias por los helados de chocolate, Dice ella mientras toma la funda y caminando hacia la mesa escudriña dentro de la bolsa no sabes cuanto me fascinan.
No más que a mi verte comértelos. Le contesta él con expresiva sonrisa.
Y ¿qué te fascina tanto?
Ver como se avivan tus verdes ojos y se sonroja tú cara.
Pensé que solo lo hacías para complacerme. Sonríe ella también Es broma.
Tus labios de fresa saben mejor si llevan chocolate.
Sabes ¿que me gusta de ti? Cuando me dices estas verdades. Pero más que todo por que conoces todos mis antojos. Murmura absorta, se sienta en la mesa, destapa el tarro y le introduce una pequeña cuchara plástica y continua Contigo se puede charlar. ¿Podemos salir a bailar, ir de compra?
Carlos desde el otro lado de la mesa, levanta la cabeza al decir:
Por supuesto.
De playa y de
y de mucha, muchísimas cosas más. Interrumpe, ella le da una cucharada de helado y el exclama Traviesa.
Eres genial, le dice mientras se le sienta en las piernas no sabes lo aburrida que estaba, pero llegaste para alegrarme el día.
Me gusta verte divertirte. Verte risueña.
Ella vuelve a sonreír mientras lame la cuchara y dice:
¿Te gusta? Mmmmmm ¿ en verdad? Le pasa la cucharita por sus ásperos labios.
Eres traviesa. Dice él abriendo con timidez la boca.
Tú también lo eres, pero tienes un dulce corazón.
Este no es el mío. Aclaró él mientras se limpia la boca.
Pero es como si lo fuera. Me dio escalofrío. Se encoje Beatriz de hombros.
Ven déjame abrazarte. Se inclina Carlos para alcanzarla.
Ves que no ha cambiado tu corazón. Su reclamo era una broma pesada.
Eso no lo hizo mi corazón, sino mi buena memoria. Actúo por instinto.
No has dejado de ser cariñoso.
Gracias.
No quiero más helado, ¿quieres tú? Carlos da un giro a su cabeza y ella continua Lo pondré en la nevera.
Ella se levanta, tapa el tarro y Carlos la persigue. Después de meter el tarro al refrigerador Carlos la carga y la lleva a la habitación. Se desnudan, El va al baño y sale, luego va Carlos y la encuentra metida en la cama, arropándose de nadie. Carlos se escabulle entre las sabanas y al cabo de una hora y media dándose goces se levantan: uno para el baño y otro a ponerse la ropa.
Te pido un favor. Le dice ella desnuda en la cama ¿Estarás ocupado para mañana?
No creo. ¿Por qué?
Para que me lleves al súper...
No acostumbro salir los domingos, pero voy a ver que le da a este corazoncito mío.
Aprovecharé una oferta, quiero adquirir este fin de semana mi portátil. A la hora de estudiar me hará la vida más fácil.
Te acuerdas que quería regalarte una
Si que me acuerdo. Responde desarropándose por completo Apenas entraba a uni. Ahora sí la necesito.
¿Para qué hora de mañana?
Bien temprano en la mañana.
Yo te llamo.
Nos comunicamos...
Así es. Dame otro beso con sabor a chocolate.
Con mucho gusto. Llámame. No esperes a qué yo te llame.
No lo esperaré. Lo tendré presente. Aseveró Carlos gozoso y se marchó.
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