


| Escritor: | cesarar |
| Públicado: | 02/07/2009 |
Carlos esta despierto en la cama, arropado hasta la cintura, la lámpara de mesa encendida, su brazo izquierdo atraviesa su barriga, la otra apoyada en su codo, y sus dedos cubriendo el rostro. Mira al reloj en la mesita de noche y comprueba que han pasado más de los diez minutos habituales que se toma Amelia para apagar las luces. Y recuerda: Espérame despierto, ¿sí? La lujuria con que ella le contestó.
En eso entra Amelia, sonriendo; no hay de otra, tiene en mente hacerle el amor mejor que de quien sospecha, aunque no tiene pruebas suficientes para alegar aquello y como su rival no ha dado señales de vida, aun significando para su matrimonio inminente amenaza, de momento lo ignora, esta noche dará lo mejor de sí, toma aquello como puras suposiciones.
Amelia se desnuda, toma la toalla y se introduce al baño, sale en unos minutos, se sienta al borde de la cama totalmente desnuda, recoge sus cabellos sin dejar de mirarse en el espejo, se quita las argollas, cadena y reloj, toma su perfume preferido, luego una cremas y soba todo su cuerpo, levanta bien alto las piernas, hasta las puntas pies. Le pasa el frasco a Carlos para que la excite mientras le soba espalda.
Empezó Carlos a jugar con sus caderas, sus hombros y nalgas. Amelia empieza a delirar y su delirio duró hasta la media noche. Como se podrán imaginar, lo que sucedió en hora y media de fuego intenso. Quedaron totalmente rendidos.
A los diez minutos, aproximadamente, suena el teléfono móvil, Carlos se lanza de la cama y a ciegas logra tomarlo, lo visualiza y responde enseguida, del otro lado del auricular una voz femenina le dice:
Hola ¿estas bien?
Me quedé dormido Responde Carlos al conocer la voz que le susurra.
Disculpa querido que te haya llamado, con premura Beatriz le habla sucede que me preocupé al no me llamarme, ¿estabas muy ocupado?
Llegué bien, gracias. Ya estoy en la cama, ya sabes ¿Cómo quedó todo por allá?
Con sabor a ti. Vuelve a contestarle Duerme bien amorcito mío.
Igual, igual. Mirando a su esposa que se voltea y se hace la dormida Mañana seguiremos hablando del negocio, hoy es muy tarde ya. Disimulara de que hablar con un amigo, teme alargar la conversación, que es tan interesante, añadió Mañana me das la cuenta completa.
Carlos se vuelve a su cama victoriana, pone el móvil en la mesita de noche, al lado de la lámpara de pedestal, aprieta la almohada, no logra conciliar el sueño, se lanza de la cama, chequea el aire acondicionado, apaga la vela aromática al final de la alfombra y la lleva a la pared color púrpura debajo de la repisa.
Se voltea Amelia presumiendo que se ha despertado en ese momento y dice:
Estabas hablando alto: por si me interesar saber, carraspea y se desarropa hasta la cintura te diré que ya nada me interesa de lo que hagas. Te lo he dicho siempre.
Carlos se queda igual, una mano tras la almohada y con la otra tratando de borrar la llamada entrante, cierra el teléfono, la divisa entre las tinieblas, no dice nada y se vuelve a acostar.
Respóndeme, le dice Amalia mientras lo remueve por los hombros no te quedes callado. No me vas a responder. Ah respóndeme.
Dame un segundo, voy al baño. Lanzándose en seguida de la cama.
Quédate por allá. Le dice ella incomoda y añade ¿Por qué te llevas el móvil? Ah.
Carlos tira el teléfono a la cama sin detenerse.
Así es, déjalo aquí en tu cabecera no me vas a engañar. Se arropa de pies a cabeza y le da la espalda.
Carlos se ducha, sale y se perfuma por todas partes, se mete a la cama, busca los pies de Amalia, huele el cuello de su esposa y se convence al darle y esperar sus besos, que ella rendida roncaba. Decide dormirse abrazado.
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