LA SOMBRA DEL OTRO

Categoría(s): CUENTO



LA SOMBRA DEL OTRO

Según las apariencias, todo pareció indicar que fue un descuido del hermano menor. Un simple movimiento...!clic!...sólo un segundo, para que el disparo, escapado accidentalmente, lo llevara lejos de este mundo.

Sin embargo, resulto muy extraño pensar, que hace sólo dos días, en esa misma calle, mientras llovía, caminando abstraído por la acera, una voz hueca tronó a mis espaldas. No me detuve, mas, con movimiento lento volví el rostro y reduje mis pasos.

A corta distancia, al otro lado de la calle, frente a su casa pintada de gris, estaba él, sonriente, como siempre. Sonreí, simplemente, extendí un leve adiós y caminé más a prisa...Pero, no bien transcurridos sólo unos segundos, sin saber por qué, lejanamente, volvió a mi memoria la imagen vaga de su cuerpo; lo veía aún, blandiendo los brazos y las manos, con esa voz grave y lejana, cada vez más apagada, como quien se aleja tragado por el fantasma del tiempo. Así, poco a poco, su imagen se fue haciendo opaca, borrosa, perdiéndose lentamente en el espacio infinito.

Mas..., nueva vez...a pocos instantes de la desaparición espectral de la imagen y del silbido monótono que se produce por el desinterés de las cosas banales, recordé...con espanto y escalofrío que aún me hiela las venas, que esa imagen vaga que había quedado en mi memoria como consecuencia de la imagen real, por un breve espacio de tiempo se había transformado en algo siniestro, ya no era el rostro sano y sonriente de mi hermano, era una máscara de resentimiento que parecía exigirme algo que, a mi conciencia, no tengo. Aquel rostro frío, siniestro, con la mirada puesta sobre mí, tenía ahora el sueño de la muerte. El donaire de gracia de su cuerpo, daba lugar ahora a la danza macabra y siniestra de los muertos vivientes; ya no movía las manos para decirme adiós, sino que, con movimientos torpes, como si estuviera lanzando cuchilladas al aire, pretendía alcanzarme, mientras sus ojos, aunque ausentes en el tiempo, permanecían fijos en mí....Por suerte que, como sucede en la fantasía de los sueños y al igual que en las alucinaciones anteriores, su imagen se fue esfumando en un remolino infinito, como absorbida por una máquina del tiempo, sólo que esta vez, maldiciéndome con la mirada.

El murmullo de las gentes se hace monótono, mientras parece que comentan discretamente el suceso. Todos giran a mi alrededor como autómatas, como muñecos torpes con sus rostros lánguidos y compungidos, como ausentes, mientras continúa monótonamente la danza fúnebre. En tanto yo, en medio de aquella absurda ceremonia, me imagino como a un ser idiota, exangüe, con los labios temblando, y al que todo el que pasa, con befa e indiferencia le pega una bofetada sin dignarse siquiera en mira hacia atrás. Finalmente, de forma mecánica se acercan al féretro, al miserable y rústico féretro, rodeado de cirios y flores sangrientas. El hedor característico del cadáver, ya en proceso de descomposición, mezclado con el aroma del alcohol y el incienso y el olor a claveles, siempre causan esta molesta sensación que corroe los huesos, golpeando con fuerza las paredes interna de la nariz y las sienes. Detesto los actos fúnebres, por eso me aburre y me fastidia estar aquí, sentado en esta incómoda postura, con el rostro tieso, como autómata, sin saber a la espera de qué, aunque pronto será dado el dictamen final en mi contra; lo sé, pero no estoy aquí para expresar condolencias ni mucho menos para hacer ver que cumplo con mi deber: sencillamente no le veo sentido a estas cosas; tampoco estoy aquí por curiosidad, sólo una fuerza extraña me conduce, sin poder evitarlo, como si el destino fuera cómplice de esta funesta circunstancia.

Me estoy acostumbrando ahora al frío de las rejas; ya al final de la tarde, en mi cómoda postura, puedo observar a través de ellas alguna que otra nube viajera con millones de gotas como yo; en ocasiones, mi espíritu vaga y viaja junto a ellas en busca de la imagen espectral de quien fuera el hermano menor.


Rigoberto Vásquez Paulino


Santiago, Rep. Dominicana


26 de junio del 2008

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