LA REVELACIÓN DE NENÉ
LA REVELACIÓN DE NENÉ
Cuando la vi, me incomodó el flujo maloliente que dejaba a su paso y la gruesa capa de mugre que recubría su cuerpo.
Cruzaba la calle con los pies envueltos con trapos y plástico a cuenta de zapatos. Marcaban pasos pausados que calculaban, quien sabe, la distancia que faltaba para llegar a su destino. Su pelo, amasado con suciedad, parecía un casco de grasa apelmazado en años de abandono o quien sabe de revancha contra una desilusión, y por qué no de una temprana locura. Resultaba imposible evadir al escalofrío que originaba mirar su rostro debajo de esa inmundicia. Apenas se adivinaba que era una mujer de mediana edad.
Los andrajos que vestía se sumaban a los trapos y otros elementos encontrados en el basural, los que se habían superpuesto con el tiempo unos sobre otros para tapar su esquelético cuerpo; sin embargo, ya no cubrían sus vergüenzas.
El único diente que se aferraba a su boca aplastaba el labio inferior y se hacía notar con descaro cuando la abría para bostezar su hambre adormecida. Solo su fina nariz delataba una relativa belleza en su juventud.
La gente se alejaba rápidamente de su lado por la repulsión que originaba su cercanía. Nené se detuvo para rascarse los hombros mientras retiraba con familiaridad algunos piojos, luego reorientó su camino. Hasta el aire evitaba mezclarse con el olor nauseabundo que desprendía esa imitación de mujer.
Ahora se sentó sobre el sardinel. De algún lugar sacó un pomito con agua y un pedazo de tela que luego de humedecerlo empezó a frotarlo en círculos concéntricos sobre su rostro. Todo esto lo repitió varias veces, hasta que poco a poco empezó a notarse la piel de su cara como una máscara que contrastaba con la parte oscura del resto de su cabeza. Usando el meñique, lo untó con tierra del piso y pasó el polvo sobre los párpados de sus ojos a manera de sombras; en seguida, con el otro meñique arrancó de un tubito un poco de rojo para untar sus labios, y quiérase o no, hizo una mueca de coquetería olvidada; el contenido de otro frasquito vacío sirvió para perfumar su cuello y orejas; luego, con algunos pedazos de periódico, más los inexistentes insumos de maquillaje, infló levemente una bolsa de plástico negro que trató de colgar en su hombro izquierdo a manera de cartera. Se puso de pies mientras soplaba las uñas de sus manos mugrientas para secar la supuesta pintura y retomó su camino arrancando una ancha sonrisa a sus labios que se resistían a representar ese falso libreto, pero cerró la escena dando pequeños pasos, entrecruzando los pies, meneando la cintura con exagerada picardía, que se vio vulgar.
Algunos curiosos, simulando no ver nada, se ubicaron estratégicamente para no perder detalle de lo que estaba ocurriendo. Nené, cruzó la calle como filmando sobre una pasarela de un exclusivo desfile de modas y se paró frente a la puerta de una casa de citas. Del interior apareció una mujer ataviada con exageración, quien preguntó con soberbia:
−¡ Qué quieres!
−Es
, esteeé −balbució Nené, más por haberse olvidado de hablar con nadie o como sorprendida en falta. Pero armándose de valor, inesperadamente apartó los brazos con violencia, estiró los músculos de la cara con rabia, tensó todo su cuerpo para concentrar su ira en unas cuantas palabras y llenando sus pulmones abrió su horrible boca como un portón oxidado de un tétrico castillo y lanzó su protesta como una extraña esperanza:
¡ ¡ ¡ Q U I E R O T R A B A J A R ! ! !
Los curiosos que habían escuchado todo, estallaron en carcajadas, mezcla de asombro y burla. Un cruel sarcasmo que lapidaba la última esperanza de la mujer
Ellos desaparecieron tan igual como habían llegado, pero dejaron la ironía de su burla en el ambiente.
La puerta se cerró violentamente sobre la cara de Nené, quien se quedó nuevamente sola, cargando su locura y sus ilusiones aplastadas
JACO
Es un buen texto, bien escrito, la descripcion excelente. No creo que haya una adjetivacion abundante, pero si algunas palabritas aqui y alla que pudieran cortarse. Cuida los "como" muy juntos, en "su horrible boca COMO un portón oxidado de un tétrico castillo y lanzó su protesta COMO una extraña esperanza." Si yo fuera el autor de este buen texto hubiera terminado con la mujer soberbia permitiendo la entrada de Nene a la casa de citas. El comentario de esa escena hubiera sido contundente.
Me ocurre lo mismo que con Columpiando, creo haberlo leido y comentarlo
El relato es puntilloso y no carente de ángulos interesantes. Hay un escritor que pugna por salir y estos pasos balbucientes así lo confirman, creo yo. Estimo que debes trabajar mas la composición y evitar nuestro pecado capital: la adjetivaciòn macarrónica. Sin perjuicio me ha dado placer acompañarte por ese buceo ansioso por la locura de los otros, tema tan recurrente (entre nosotros) y a la vez tan azaroso. Un abrazo uruguayo y espero comentarios acerca de mis trabajos. Que pases estas fiestas rodeado de amor. Salvino