LA PINGA DE DIOS

 

            –¡De ninguna manera –bramó Dios desde algún rincón divino, majestuoso, aunque algo polvoriento también–, esa hembra no entrará jamás! ¡Cómo te atreviste a engendrarla sin nuestra autorización!

            –No lo considero un atrevimiento –le contestó, notoriamente divertido, otro Dios, desde otro rincón, aún más polvoriento–, sino más bien una reforma, digamos que le resta monotonía a nuestra eternidad.

            –¡Ya lo creo, y qué mejor forma de pasar la eternidad que con una hembra estéril!

            –Te equivocas, la hice casi tan igual a nosotros, puede procrear e incluso…

            –Me temo que ese no es el punto –intervino un tercer Dios, más polvoriento que cualquier rincón de la eternidad–; estamos ante una novedad, lo cual, aparte de ser un indicio de nuestro crecimiento como deidades, constituye también un punto débil que puede ser utilizado por aquella reciente creación insípida y grotesca.

            –¿Te refieres a la hembra?

            –No; me refiero al monigote ese que tú engendraste cuando te encontrabas sumamente aburrido con la idea de un juguete nuevo para sobrellevar mejor la eternidad –y miró fijamente al Dios más alterado, al que iniciara el acalorado diálogo.

            –¡Yo lo hice con fines altruistas, y les pedí consejo para hacerlo!

            –Según recuerdo, nos dijiste si podías crear alguna nueva distracción en el nuevo mundo que acabábamos de crear.

            –Entonces mi creación no es tan mala como aparenta; qué daño puede hacer una hembra en la eternidad.

            –Créeme que nada, pero a la vez muchísimo; a veces las creaciones escapan de nuestro control, sobre todo cuando vislumbran que son chispas de nuestra eterna flama. Es entonces cuando empiezan a reclamar derechos y autoridad.

            –¡Pero esa hembra no debe pisar nuestros jardines, lo estropearía todo!

            –¿Qué puede estropear en ti? Según sé –“recuerda que somos omniscientes”–, te agrada tanto que no puedes evitar una erección cada vez que la miras.

            –¡No seas idiota! ¡Además, claramente sé qué fines mórbidos te llevaron a engendrarla! ¡Pasas demasiados evos encerrado en tu rincón…!

            –Basta –concluyó el tercer Dios, disimulando la protuberancia floreciente debajo de su túnica resplandeciente–; la solución a todo este embrollo será igual de justa tanto para nosotros tres como para el resto de nuestra comuna. Afortunadamente ellos desconocen todo este bochornoso capítulo, y es nuestro deber hacer como si nada hubiera pasado.

            –¿Qué pasará con la hembra entonces?

            –Será confinada al nuevo mundo para pervertir su memoria y, por si fuera poco, le enviaremos al monigote primigenio como compañero, para que entre los dos, terminen pervirtiéndose el uno al otro. De esta manera, borraremos toda huella y contacto que los vincule a nosotros.

            –¡Maldita sea, mi monigote no tiene la culpa de los errores de otro!

            –¿Crees que no? Sólo cierra los ojos y ubícalo, entérate de lo que está haciendo en estos momentos.

            Los tres se concentraron y, a través de las luces y las sombras de las que estaba formada la eternidad, ubicaron al monigote junto a la hembra en el Edén; éste la perseguía con un ansia enfermiza, sus ojos vidriosos e inyectados en sangre delataban la desesperada lucha por introducir su falo descaradamente enhiesto y al aire libre dentro de la apetecible ranura de la hembra, expuesta esta al aire libre también. Y es que, al parecer, el diseño de la creación no era del todo perfecto. Los tres dioses, lejos de avergonzarse ante semejante espectáculo, sintieron que, efectivamente, la hembra constituía un peligro potencial dentro de la eternidad. El más colérico de los tres, sin poderlo evitar más, clavó sus uñas en su túnica con impotencia y placer, todo al mismo tiempo.

            –¡Pinga de mierda! –bramó una vez más.

            –Creo que nuestro creador también falló en el diseño –dijo el tercero, coloradísimo y dispuesto a exiliar a tan peligroso ser de sus jardines.

            –Todavía creo que es demasiado injusto –susurró el segundo, ahogando su clímax con un suspiro entrecortado y nada disimulado.

            Fue así como la hembra y el monigote fueron conminados al nuevo mundo, y se proclamaron, con sorna divina, reyes de las demás criaturas.

            –¿Y cómo se llamará el monigote ese? –preguntó el dios que creara a la hembra.

            –A partir de ahora se llamará “hombre”, debido a su hambre voraz por la hembra. Es sólo un juego de palabras, como todo lo que existe.

            –¿Y qué piensa de todo esto nuestro amargado compañero?

            –Según sé, piensa estar supervisándolos de tiempo en tiempo, incluso estoy convencido de que interferirá en la historia de ese mundo. Por si no te diste cuenta, la pinga lo delató; eso refleja que también nosotros tenemos debilidades…

            –¡Pero podría crear catástrofes si interviniera así, incluso podría acarrear una religión!

            –Sí, pero es un mundo entre muchos… No me mires así, guárdame el secreto, que no se entere que hay otros mundos como éste, con hombres, hembras y dioses como nosotros.

 

Carlos Aurelio Díaz Enciso

 

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Comentarios:

Escrito por: Maledetapalabra       04/08/08 20:32
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Con éste cuento termino de convencerme que valoro y aplaudo tu inteligencia o lo que creas con élla.(Salvo que planees la destrucción,cosa que dudo por lo que escribis)
Puf,qué emoción Aurelio.Esta genial.Que logra movilizarme en serio.Aplaudo la curiosidad que me trajo a leerte,lo disfruté muchísimo.
Escrito por: Aurelio       10/07/08 18:23
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Vivian, como te dijera, esta historia es meramente simbólica, hecha a propósito; Gentecool, qué bueno que te haya resultado gracioso, pero te aseguro que esta historia fue concebida sin intenciones de secuelas o similares; Mantis, ya sabes que esta idea me punzaba... la cabeza; y Minerva, siempre con la s palabras precisas y diplomáticas, tienes razón, es sólo mi punto de vista respecto a un tema genérico del resto.
Escrito por: minerva       10/07/08 17:16
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Cada uno piensa de sí mismo, lo que quiere, así como se siente, así lo expresará.
Por mi parte me quedo con esto; ... y vió Dios todo lo que había hecho y era BUENO EN GRAN MANERA ( incluso la mujer ).
Me gusta leerte no tanto por los temas que abordas, sino por el uso correcto que haces de los signos, en este aspecto se aprende mucho contigo.
Y bueno admiro la imaginación que tienes, una imaginación fuera de este mundo.
Escrito por: gentecool       09/07/08 05:10
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jajajajaja es demaciado buena jaja si me hizo reir .... jajaja espero la segunda parte te pasas por mi serie chau!!
Escrito por: ISISLA_2       09/07/08 05:00
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JAJAJAJA, pensar en los diosesen condición similar a la nuestrame pareció, indicada.
El moniogote=hombre, esa nalogia me parecio genial.
La mujer y su facultad para hacer gemir a medio mundo, es solo un aspecto, pues nosotras podemos más.
Bien Aurelio.
Vivian
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