Sucedió que a un camión, se le ocurrió hace un mes fracturarme la pierna por la mitad del fémur. Después de unos de días de internación me dieron el alta, a mi y ha esta pierna de yeso, pesada, rígida, pálida, y extraña que se propuso entorpecer mi diario accionar con el mismo empecinamiento que tiene una suegra.
La presentación de mi pesada amiga, fue en la guardia de traumatología del hospital. Unas vendas comenzaron a cubrir mi pierna desde el tobillo hasta la ingle. Fría y húmeda se fue endureciendo y secando hasta convertirse en un aprendiz de sarcófago.
Me habían prohibido pisar por el momento, y me prometieron que luego con un estribo de hierro colocado debajo y en el medio del pie podría caminar apoyándome en el suelo. Mientras tanto y con la ayuda de muletas y manteniendo la pierna en el aire, podría deambular por la habitación compartida por otros dos pacientes.
Los pobres sujetos estaban hechos mierda, inmovilizados. Uno de ellos con las piernas abiertas y enyesadas, levantadas por un sistema de roldadas, y el brazo derecho doblado en ele también enyesado desde la muñeca hasta el cuello.
A la hora de hacer mis necesidades fisiológicas, la cosa se ponía seria, caminar hasta los sanitarios no era simple, paresia una torpe marioneta tratando de avanzar entre las camas de mis compañeros que me miraban aterrorizados rogando a todos los santos que no me cayera sobre ellos. (Debo recordarles que no podía todavía apoyar el pie) Las maniobras en el cuarto de baño, girar la cabeza y darme vuelta eran similares a las que haría un camión con acoplado en un jardín lleno de flores. No sabía donde poner las muletas que chocaban con los sanitarios, sentarme en el inodoro apoyando el culo con suavidad, era un cometido imposible de lograr, uno cae pesadamente y el cimbronazo que se siente es como un sismo grado 5 en la escala de Rigter y el dolor de la pierna ni lo quiero recordar.
Eso era la mitad del camino recorrido, la vuelta no era menos fácil. Después de terminar con mi misión evacuativa, tenía que proceder a higienizarme. Incorporarme con dos piernas sanas y con mis 100kg ya es difícil, imagínense con una pierna rígida que no se puede apoyar y utilizando las muletas como apoyo, herramientas que en la puta vida maneje. Una situación de lo más complicada y todavía me faltaba limpiarme la parte sur de la espalda, bueno un poco más al sur, se entiende ¿no? Para ello debía soltar una de las muletas, (la del mismo lado de la pierna enyesada) tomar el papel higiénico, inclinar el cuerpo para un lado y hacia delante, doblar el papel con una mano para colocarlo en la misma, de modo tal que uno pueda manejar la situación con decoro y no ensuciarse los dedos.
Lo recordaba en ese momento a mi padre cuando le decía a mi madre, míralo al mocoso, se quiere ir de campamento y todavía no se sabe limpiar el culo. Si me vieras papi, no es tan fácil como párese.
Hoy me faltan 15 días para despedirme de mi pierna de yeso. ¿Y quieren saber una cosa, me parece que la voy a extrañar?
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