El hombre del sombrero tragó saliva. ¿seguro desea que le cuente?. Inquirió a su interlocutor. Éste afirmó moviendo la cabeza. Tal vez así logre impedir que firme el contrato. El hombre del sombrero se inclinó sobre sus rodillas, acortando la distancia que lo separaba de su interlocutor. Echó un vistazo a la multitud que se desplazaba en todas las direcciones a su alrededor. Tomó aire como si en vez de hablar, estuviese a punto de caer a l fondo de un precipicio. Nada de lo que vio le parecía conocido cuando llegó a la fiesta. El hombre del sombrero prendió su pipa y chupó un par de bocanadas. Mientras el humo le salía desordenadamente por la boca, exclamó: lo peor de todo no era que ignoraba que ya había estado previamente en aquel lugar, sino que la mansión a la que había llegado la recordaba a ella perfectamente