


| Escritor: | CARICIA |
| Públicado: | 19/07/2007 |
Al amanecer, no lo creía, ¿era cierto?, ¿estaba ahí?, se pellizcó un brazo y el dolor le hizo entender que no soñaba, la luz a chorro por la ventana lastimó sus recién amanecidos ojos, levantó una mano para cubrirse la cara.
Ahummm... un bostezo y a desesperezarse; vaya, la fiesta estuvo buena, algunos detalles nítidos: las botellas, las copas, las chicas bailando y... ¡ah si!, "el coctelito", una mezcla de substancias raras que hizo que subiera al cielo y volara...
Miró a ambos lados de la cama, una matrimonial que compartían hombres y mujeres por igual, tratando de molestar lo menos posible se movió lento como gato se acercó a la orilla y se levantó.
Afuera en la estancia, había varias personas durmiendo todavía, ignorantes del amanecer. Estaba completamente vestido, así que sigilosamente se acercó a la puerta dispuesto a escabullirse antes de que alguien despertara. Entonces reparó en la jovencita de ojos claros, cabello castaño y total expresión de inocencia. Como ráfaga vinieron a su mente los recuerdos: había estado platicando con ella, recordó claramente que le dijo llamarse Sofía y que sus padres no sabían que ella estaba ahí, -igual que los míos se dijo-, la joven también dormía encaramada en el sillón sólo tenía un zapato y en una de sus manos una copa vacía. Un impulso lo hizo acercarse hasta donde estaba y siempre sigiloso, tratar de despertarla; le tocó el hombro suavemente, la chica comenzó a despertarse, al abrir los ojos, se quedó un tanto atónita, parecía no estar muy conciente, volvió su mirada hacia el joven que estaba de pie a su lado, luego de un lado a otro de la habitación y finalmente preguntó que estaba pasando, donde estaba, que hacía ahí.
-Tuvimos una gran fiesta anoche pequeña, pero creo que este no es lugar para tí y como yo ya me voy, la verdad no quisiera dejarte.
-No... no me acuerdo de nada y me siento sumamente mal, me duele la cabeza, creo que quiero vomitar -se llevó una mano a la boca- ¿dónde está el baño?...
-No se chica, tampoco recuerdo gran cosa, pero, creo que es mejor no hacer ruido, vámonos y ya veremos, mi carro está allá afuera... espera ¿donde demonios están las mald...? ya, aquí las tengo uff, que susto.
Sofia miró al joven, no era mal parecido y sintió que era confiable, además había tenido el gesto de despertarla y no dejarla ahí y pues no, no era feo, y ademas... ¡demonios! sólo tengo un zapato... ¿dónde pudo haber quedado?
-Espera, no me puedo ir así-dijo señalando sus pies- ayúdame a buscar mi zapato.
-Ni hablar tendrás que aguantarte, ya por favor vámonos ahorita.
-Está bien, carajo no se que voy a inventarles a mis padres cuando me vean como llego, creo que ya les he dicho todas las excusas posibles, no me van a creer nada.
Se dirigieron a la puerta abrieron con sumo cuidado, salieron y caminaron hacia las escaleras para alcanzar el estacionamiento.
-De verdad muchas gracias por no dejarme aquí, por cierto; ¿como te llamas?
-Ricardo, y tu eres Sofía -dijo con una sonrisilla de cómplice y mirando de frente sus lindos ojos miel, ella le devolvió la mirada sorprendida.
Por fin econtraron el auto y entraron en él, Sofía se volvió hacia Ricardo con expresión pícara y le dijo:
-¿Sabes? no recuerdo mucho de anoche pero, creo que la verdadera fiesta apenas está comenzando ¿no tienes esa impresion?
Ricardo sonrió: -Me parece que sí preciosa, pero creo que primero te compramos un par de zapatos... ¿o no?..
Arrancó y salió triunfante del edificio.
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