


| Escritor: | eccito |
| Públicado: | 15/05/2008 |
Es una ciudad del norte de África que presume de tener la casbah mejor conservada de todo el mundo musulmán.
El cielo es límpido, como corresponde a la latitud de la ubicación de nuestra ciudad, al sur de las montañas del Atlas.
También se corresponden con la latitud, las gentes, las costumbres, el ambiente, los largos ropajes, los negros colores, las siluetas ocultas, la resignación en los ojos, las manos suplicantes, el dejar que el tiempo cumpla con su cometido......
La vieja y destartalada estación de autobuses, la hora temprana, los escasos viajeros.
El orgulloso viajero occidental, bien vestido, bien alimentado, razonables perspectivas de futuro, bolsillo provisto, insaciablemente curioso. Devorador de sensaciones nuevas.
Los autobuses razonablemente bien conservados.
La puerta del patio de la estación, pequeña, como acostumbrada a que no la cruce mucha gente.
Y junto a la puerta....la mujer.
Musulmana, edad indefinible, negros y ajados ropajes, negro y pudoroso velo a la cabeza, detenida en el tiempo.
Los ojos de la mujer se cruzan con los del viajero occidental al que alarga la mano implorante. La mujer calla consciente de que es difícil que el viajero entienda sus palabras, y consciente también de que el universal gesto de petición de limosna le será fácilmente inteligible a nuestro viajero.
El viajero busca en su bolsillo, y encuentra una moneda que alarga a la mujer.
El viajero sigue buscando y encuentra un caramelo , que también alarga a la mujer.
La mujer recibe las dádivas, y después, siempre mirando al viajero, señala con su dedo índice derecho al cielo repetidas veces.
Parece querer indicar que alguien allá arriba lo está viendo todo. lo bueno y lo malo.
La mujer, después, junta las palmas las manos , como indicando las páginas de un libro, y como indicando que el que está allá arriba, viendo, no se conforma con ver, si no que además, lo anota todo en un libro, que debe de ser muy importante, para que no se le escape nada, ni de lo bueno ni de lo malo. El agradecimiento de la mujer es claro..........y excesivamente generoso. Por una escasa moneda y un pequeño obsequio, ha devuelto un gesto de infinita generosidad y ha regalado al viajero una lección inolvidable.
El viajero ya no puede hacer nada mas, ya no puede volver la mano al bolsillo en busca de un billete, sería un vergonzoso soborno. Solo puede bajar la cabeza y alejarse con una sensación de culpabilidad.
La mujer sigue sentada, el sol sigue su periplo inmutable, las calles siguen semidesiertas, y el autobús con ronco zumbido se aleja llevándose a nuestro viajero, que continúa con su búsqueda y su aprendizaje.
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