La muerte sabe mejor si se sirve con sangre


   -Qué jodido, carajo – dijo Laura, cubriéndose el rostro.- Por la gran puta que lo parió.
   La mujer observó el rostro de la muchacha, encolerizado por el prematuro desaliento que presagiaban los barrotes oxidados del panóptico de Lima, el confinamiento en el infierno, el internamiento inevitable en la oscuridad. Las píldoras se encontraban dispersas sobre la mesita de noche, y el paquete de fármacos vacío junto a una soga mal amarrada, listo para ocupar un profundo lugar en el canasto. La mujer guardó silencio, esperaba la tranquilidad de la muchacha.  Pero volvió a escuchar la voz alterada, nerviosa:
   -Mierda, esto sigue siendo una gran mierda.
   Laura se levantó de la cama, se dirigió al espejo de su armario y se miró un instante en la platina oblonga. Una imagen nublada, de vapores de baño. Su rostro pequeño, de ojos grandes y labios gordos se encontraban disueltos por el vaho de su aliento borrando la superficie. Luego empezó un sollozo apacible, quebrantado por un acceso repentino de tos. El aire ondeaba sobre los canosos árboles en la ventana, y en lo alto, donde la luna iluminaba como un disco que se incendia entre las nubes de muerte, la noche era plena, rotunda; en la avenida Lima sólo sonaban las llantas de un coche quemando el asfalto. La mujer se acercó a la muchacha, que ahora miraba el vacío, apoyada en el respaldar de una silla. Le tomó la frente, cuidando de no sobresaltar el ánimo pateado que la sobrecogía. Sintió que la piel de su hija latía impulsivamente, con golpes de locura. La atrajo hacia su pecho, y le pidió calma. Aún Laura sollozaba, ahora en silencio.
   -Calma, hijita, porfavor, ya todo ha pasado. Tranquila que estoy contigo.
   -Ese perro… era un miserable, un canalla- susurraba su hija.
   La mujer ahora cogió sus manos y las miró. Ambas se encontraban manchadas, sucias por la exploración de la sangre enardecida. Mientras procuraba serenidad, la madre arrastró la silla y sentó en ella a Laura. La muchacha actuaba por un impulso de reacción. Sus miembros cedían a cualquier fuerza, ahora ya no había determinación alguna en sus nervios. La muerte había despojado también en ella cualquier evidencia de  fuerza. Sus ojos indicaban cierta ausencia, evasión, como si la vida le hubiese sido arrancada de tajo a través de sus cuencas como una muela que infecta. La vida le infectaba ahora, agriaba su existencia, y la muerte ahora le imprimía a su espíritu con su santidad de eterno sueño la quietud del responso.

 

   -¿Cómo fue que lo hiciste, hija? –preguntó la madre, acariciando el cabello largo de Laura.
   La chiquilla se apartó del pecho de la mujer, se levantó con esfuerzo y abrió la puerta. Los pasos arrastraban tras ella un enrarecido síntoma de pesadumbre, de sobresalto. Con el mango de la puerta en la mano derecha, Laura observó hacia la planta inferior, en la sala los objetos viciados por la penumbra de los focos más altos, y advirtió la neblina del crimen rodeando el jardín de gladiolos en la parte trasera de la casa, como un aliento estremecedor; y desde allí se quedó quieta, con la mirada fija sobre el cadáver, tendido junto al sofá como un bulto rígido de papas. Pronunció algunas palabras sin que su madre pudiera comprender lo que había dicho, y luego se miró las manos, apoyada en el barandal de las escaleras.
   -Laura, hija… -la mujer la miraba desde la habitación, con un remordimiento oculto. Laura había  abierto sus manos, y se frotaba repetidas veces, con nerviosismo, las palmas sobre el pantalón, sobre la blusa. La sangre había sobrecargado los colores albos de sus prendas, pero eso ya no importaba mucho ahora, ya que el coágulo de sangre había hecho de sus manos un arma de sofisticado terror y enajenación. Luego dijo:
   -Preferí la hoja del cuchillo para hacerlo, su aluminio entrando en la carne, el estremecimiento de sus nervios cediendo, la sangre brotando como un jugo tibio, y ya todo lo demás, y Ricardo… dijo algo…, no recuerdo…
   -¿Las pastillas? ¿Le pusiste pastillas en el trago?
   -No. Me pareció… creí que con el cuchillo no escaparía de la muerte. Las pastillas no iban a darle muerte tan fácilmente, y por eso creí… por eso pensé que la sangre daría sentido a su muerte
   -Laura, por el amor de Dios, ¿cómo fue eso? –su madre no pudo evitar sentir un fuerte estremecimiento al oír las palabras de su hija.
 
 La muchacha empezó a bajar las escaleras, golpeando sus zapatillas en las baldosas. El cabello le barría los hombros hasta la cintura delgada, y ocultaba su rostro desencajado. La luz del foco de la sala-comedor encendió por un segundo el brillo opaco de su pelo, pero luego al internarse en la oscuridad del estudio, el perfil de la chiquilla parecía desvanecerse como una ola buscando la orilla. La mujer bajó precipitadamente las escaleras cuando perdió de vista la presencia de su hija en el descansillo. Pensó que sería mejor llamar a su hijo para ayudarla con el cuerpo, para poder borrar toda evidencia del crimen de Laurita. Pero también temía la sentencia de la policía, la complicidad con la muerte si ocultaba el hecho. La idea de ver a su muñeca entre rejas pesadas, le producía arcadas. Lamentó el día que aceptó la boda, la ceremonia festiva que celebraba el matrimonio de Laura con Ricardo, ese canalla. El se había mostrado tan servicial, culto, atento con su hija y con ella; en resumen, una persona de carácter dulce, enérgico, todo un caballero. No había advertido lo malo que podría llegar a ser con el tiempo. Ahora estaba muerto, con las carnes ya en proceso de su descomposición, y con el cuello destajado por un cuchillo de cocina.
   Un olor a vegetales podridos escapaba del jardín y abrazaba todo el estudio de la casa, causando confusión entre el olor de la muerte horrenda y el de la humedad del otoño. Laura dio un grito en la sala y la mujer escuchó de inmediato, el ruido de un cuerpo cayendo aparatosamente al suelo. Salió despavorida en auxilio de su hija, y al encender la luz principal de la sala, encontró a su pequeña llorando, abrazando el cuerpo de Ricardo en medio del charco escarlata, con el cuchillo en la mano y presionando una y otra vez la hoja de aluminio, contra el pecho del cadáver, mientras besaba la boca inerte del hombre que alguna vez había amado con arrebato, con una entrega incontrolable, pero que con el desengaño de un amor furtivo, había provocado en el espíritu inquieto de su hija a la ejecución final de su sentencia de muerte. “Lo hice así, mamá, porque la muerte sabe mejor cuando se sirve con sangre”, dijo, en el momento en que a lo lejos la sirena de la Policía Nacional del Rímac ingresaba en el silencio de la noche limeña, como una serenata del estrangulador en medio de una emboscada de fantasmas y muertos redimidos.
   La madre empezó a llorar.
 

 

 

 





 

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Comentarios:

Escrito por: mariarosa       15/01/08 01:49
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Fuerte historia de dolor y desengaños. Bien lograda.
Escrito por: Rina       26/12/07 05:56
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Coincido con los demas, que buen manejo de descripciones y sentimientos...Es como transportarse a el espacio donde se encuentran estas mujeres...realmente llevas muy bien la trama...continuas llevandola desde el principio la fuereza y suspence...que tanto atrapa
Fascinante historia
Nos estamos leyendo
Besos
Escrito por: lidianakasone       22/12/07 11:19
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Creo que mostrar una realidad de la vida cotidiana
con el mismo lenguaje que se usa que nose quien
lo llamo malas palabras y lucen feas y desagradables
para cierto tipo de lectores...y risuenias y verdaderas
para otros...
lo demas te dieron otras opiniones
en realidad no soy afecta a los cuentos o novelas
pero siempre busco que lugar pertenece al autor
como protagonista escondido....
te dejo mi abracito
con el placer de haberte leido
PD si yo tuviese que escribir un cuenta fabula etc...
no sabria ni comenzarlo...mi suenio fue siempre
escribir la historia de mi vida ...pero soy incapaz
te felicito
besitos
Escrito por: FranciscoARC       18/12/07 18:23
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Sobra algún adjetivo pero está muy bien. Pero claro, esto seguro que ya lo ha hecho otro escritor mucho antes y quizas mucho mejor y has de ser original, si no no vale, si no serás un mediocre. Claro que dicen que ser original es bueno pero intentar serlo es malo. Pero y intentaría ser original. Por ejemplo, hubiese puesto al perro de la familia o al gato lamiendo la sangre. O como Pedro Almodovar hubiese matado al hombre con el hueso de una pata de jamón, o hubiese hecho una historia humorística o la muerta hubiese sido la madre, etc, etc, etc, o sea, la historia está bien pero puedes si te empeñas hacer cosas mucho más substanciosas y enjundiosas.
Escrito por: crizangel       14/12/07 18:17
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Bien escrito, dejaste tu huella en la historia, la maestria de las descripciones es maravillosa, uno puede oler, sentir la sangre, y el gusto de la protagonista por haber desencajado la rabia en medio de esta.
Una historia me parece logradisima, con sus toques de suspenso, el nudo en la garganta, el saber lo que habia detras, muy buen toque y manejo del asesinato, de los temores que vienen detras de uno, pero tambien del instinto de supervivencia que se desata en una pequeña mujer que se defiende despues de todo, ¡y con que saña!.
Muy bueno como siempre amigo, es un gusto leerte.
Un beso.
Online
Escrito por: ferruz       14/12/07 01:25
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¡Qué fuerte! pero que bien escribes, atrapas al lector...

Saludos
Escrito por: arturo       12/12/07 17:36
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Sobre el panóptico, naturalmente no lo conocí, aunque si tengo en mente trabajralo en una novela histórica, donde los dementes y extraviados se internen (o los internen) en medio de una infausta guerra, lo cual los haria libres del suplicio de la muerte. Si lo trabajo en algunos de mis escritos, es por una añoranza a ese refugio, algo que necesitamos en Lima, pero con ciertas nuevas condiciones para los inquilinos. En mi primera novela tres autores de novelas conversan en un café de la plaza Neptuno, plaza que no existe, pero que fue escenario de conversaciones y bohemias de un grupo de diletantes, entre ellos mui admirado valdelomar. la literatura permite ciertas licencias, mi amigo lino. un abrazo a todos, y gracias por leer este cuento. mi aprecio a todos. son muy amables.
Escrito por: lorebl       11/12/07 06:25
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Una historia confeccionada cuidadosamente...Me gustó muchísimo.
Escrito por: Linosangalli       10/12/07 23:14
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Vaya Arturo, qué buena historia. Narrada con sumo cuidado, evitando el mínimo error. La trama está excelentemente planteada y los detalles trabajados con esmero. Te felicito amigo.
Aparte te quiero hacer una pregunta: Siempre mencionas el Panóptico de Lima, ¿lo conociste? no creo, pues no tienes edad. Ya me contarás esa historia algún día.
Palmas por tu impecable trabajo. Aunque yo hubiera utilizado un cuchillo de acero; el aluminio no es tan efectivo.
Escrito por: gaaalleta       10/12/07 21:43
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WoW! me gusto muchisimo la historia tiene vida propia, fluye increiblemente bien y es verosimil hasta en el mas pequeno detalle, te felicito !
Escrito por: rotko       10/12/07 02:10
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puta carajo...
que bien la descripción del ambiente...
la lectura es una lectura fuerte..
que bien...
Páginas: 1

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