LA MUERTE DE KLINGSOR

             A veces solamente una pequeña luz iluminaba los sentimientos de un anciano mago bajo un árbol hasta que la luna muriera cada veintiocho días. Nunca pude entender - pensaba en su noche - como un jardín tan tierno tuviera un árbol tan grande. No es difícil adivinar - insistía - que si los milagros no existen, al menos una pequeña voluntad puede transformar el mundo.             Habían pasado muchos años entre consultas esporádicas de personas buscando sanación y curas a todos sus males, discusiones con gente incrédula y temor de los niños por los bosques y por las calles. Su soledad había madurado, y hechó gala en sus noches de insomnio, hasta hacerse amiga y compañera. Pero no hay amistad de dos que no tuviera un tercer amigo que cause separación, o al menos confusión y celo, pues, a casi ciento veinte años la amiga muerte se acercaba al mago. Se podía adivinar las caricias de la muerte en sus cabellos largos y blancos, en las manos huesudas y arrugadas, en sus párpados caídos en sus tres dientes que aún le dejaban sonreír. Aún con todo, el mago había logrado ser un guerrero feroz y valiente por su vida y nadie le podía quitar la mirada profunda, aniquiladora, cuando atendía las personas u observaba las cosas, tampoco perdió la precisión de sus dedos cuando tocaba las cosas o señalaba, casi ordenando, a todo lo existente. Y ahora, estaba frente al árbol donde sembró el heraldo de su presencia en este mundo y los secretos de su magia, meditaba _ aunque no lo quisiera reconocer - sobre la violencia del tiempo y la belleza del mundo.            -  Recuerdas cuando eras semilla y con tu propia magia te impregnaste en mi ropa, y llegamos cruzando un bosque y un llano hasta este lago. Recuerdas que sólo sabíamos intuir las cosas sin mayor ciencia... los nigromantes quisieron tenernos como discípulos para obtener herencias de conocimientos negros. Recuerdas que yo era joven y tu semilla, y danzamos la noche de San Juan y sin que sea tiempo en el frío invierno caíste al suelo y te hundiste en la tierra y apenas con mi sudor y mis lágrimas sobreviste hasta que la lluvia te hiciera fuerte y te aferraras a la tierra. Yo lo recuerdo siempre y al verte hoy grande en mi jardín, se que no es mi voluntad, sino la voluntad del mayor de todos los magos que te ha hecho fuerte y en ti veo mi fuerza...            El anciano miró la noche llena de estrellas y con suave brisa se abrazó al árbol y sonrió. Así empezó a recordar y en su silencio el eco de las imágenes se desbordó ante sus ojos como si fuera una iluminación o la noche más mística:            1.-        El pequeño Klingsor, de siete años, no lloraba mientras enterraban a su padre en una fosa de tierra y con pocas flores, sonreía, estaba feliz porque en su mente quedaron grabadas las promesas “la muerte es solo una amiga que nos trae paz, te prometo que cuando muera estaré contigo para que nunca venga sin que hayas cumplido con dejar un jardín para que sus flores alegren a otros niños como tú”.2.-        Klingsor era acechado por sus compañeros quienes lo molestaban por ser casto y estar muy enamorado de la hija de un mago imaginario, que en realidad era su sirvienta que nunca le había pedido explicaciones para salir a jugar. Hasta que corriendo del sarcasmo huyó de la escuela y al llegar a la casa encontró a la dueña de su corazón que lo esperaba como si supiera que iba a venir con tanta prisa y le dijo “ Ha llegado el tiempo de tener mis propios hijos a quienes querré como a ti, no comentes con nadie, pero no volveré”. A sus catorce años Klingsor pudo recibir su primer y único beso de amor...3.-        Klingsor había dejado todo para irse, no perdía mucho, puesto que al morir su madre y no tener amigos, dejó que su ímpetu lo lleve hacia donde el destino quiera, caminaba con una bolsa y una manta, y al caer una semilla se adhirió a su ropa en forma misteriosa que no pudo sacarla de la tibia lana que lo cubría. Una noche la semilla cayó y se hundió, Klingsor no podía encontrarla y en sus esfuerzos sus lagrimas y su sudor hicieron un poco de barro que hizo la semilla fértil. Era medianoche y Klingsor cumplía veintiún años decidiendo asentarse frente a ese lago hasta el final de sus días.4.-        Había cumplido ciento cinco años cuando descubrió que todo el conocimiento nacía de su intuición y su inconformidad con lo dado, y recordando su juventud decidió volver a ser niño e investigar la solidez del conocimiento que se adquiere con amor e inegoismo. El Primer día de esa primavera un ser transparente y brillante lo miraba y le dijo apacible ”hemos tenido que esperar mucho tiempo para que descubras el amor más profundo y el agradecimiento más dulce”.             Ahora yacía el mago Klingsor feliz de haber encontrado un árbol fuerte en su jardín de flores nuevas y jóvenes, podía volver a sonreír y esperar la muerte en forma apacible, pues la soledad no estaba tan sola y el podía compartir con el mundo las ansias de amanecer feliz cada día, así se lanzó a conocer los alrededores de su jardín y del Lago que tanto tiempo había visto y no acudió con cariño. II             Faltaba poco para iniciar el invierno, otra vez a sus ciento veinte años. Sus ojos brillaban y aunque no lloraría, parecía que sus lágrimas solo esperaban un pequeño pretexto para salir, así el mago encontró a una carita de niña en el cielo y pregunto:-           Quien eres?-La fuerza de tu llanto y la caricia de tu comida, soy la lluvia..quien eres tú?-Soy Klingsor, el mago..-No creo en magos - cortó la lluvia - solamente eres un hombre tan viejo que no entiende que no se necesita magia para dar vida. Mira como yo cuando toco la tierra puedo dar vida a los jardines y a los prados y a la s selvas y... incluso a tu jardín.-Lo conoces...?-Desde la primera vez, viejo tonto. O te creías podías llorar siempre para que ese roble creciera contigo siempre. VI tu llanto hace muchos años y te amé, por eso lloré contigo.-Si lo hubiese sabido...pero, ahora te ofrezco mi amistad, aunque no se si pueda amarte.-No estas hablando con una mujer, deja el miedo y únete a mí, aprenderás que más allá de todas las cosas, el principio de todo es un amor muy grande que ni siquiera necesita de la materia para manifestarse.-Mi querida lluvia, no sabes cuanto bien me hacen tus palabras, y puedo entrar hasta los secretos de las religiones en tus palabras simples. Quisiera poder estar siempre contigo pero aún quiero conocer más del mundo y compartir mi alegría con tantos otros seres que he tenido cerca y no he tenido a menos.            La lluvia no replicó nada, pero sonrió de forma tal que el mago se sintió feliz de guardar una sonrisa muy cariñosa en su corazón. Luego se puso a mirar cómo los relámpagos acariciaban la cumbres a lo lejos y el atardecer sólo parecía un apasionado abrazo de dos amantes que jugaban en el cielo y que cada gota de lluvia solo era una sábana húmeda que cubría los cuerpos del cielo y de la tierra.Puno, febrero de 1998 
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