Entra a las seis. Los muertos comienzan a llegar diez minutos después. Entran. Los registra. Se van para el cuatro frío. Uno tras otro, todos sobre la mesa larga de metal rayado.
Frente a él un computador portátil. En la laptop una base de datos en Excel. Por los parlantes suena Portishead. Él está solo en el cuarto de registro.
Entran. Los registra. Cuarto frío. Uno asfixiado. Otro con una puñalada sangrante. Entran. Los registra. Cuarto frío. A las dos sale a fumar un rato. Afuera llueve y en el piso se reflejan las pálidas luces amarillas. Sale a fumar un cigarrillo pero fuma dos. Come algo y vuelve al trabajo. A las seis de la mañana acaba su turno y se va a casa. Duerme hasta las tres. Esta vez ha dormido con la ropa puesta. Se levanta embotado. Se coge la cabeza con una mano y va a la cocina por un vaso de agua.
Llama a su novia. Al segundo timbre se acuerda que ayer acabaron y cuelga. A las seis está de nuevo en la morgue. De nuevo un asfixiado. Ahora un suicida. Luego varios de un accidente de trafico.
Hoy no sale a fumar. El tiempo se va entre cadáveres. Entre música de la laptop. Entre rock, entre trip-hop.
Sale a las seis de la mañana. Coge bus. Duerme hasta las dos. Cocina algo y a las seis la morgue lo espera. A las diez sale y fuma tres cigarrillos. A la mitad del tercero llega otro suicida. Tras el suicida sale y se fuma el cuarto. Ese día el bus está solo, el busetero pone mala música. Él se aguanta.
Esta vez duerme hasta las tres y media. No cocina nada, sale a comer fuera. Tres empanadas y un gaseosa. A las seis está en el trabajo eructando de vez en cunando carne molida. Se fuma el último cigarrillo de la cajetilla a las doce. Cuando lo termina maldice por el frío que hace. Sale a las seis. Coge el bus y piensa en que es su día libre. Duerme hasta las cuatro. Come cereal en leche cortada. Luego se va un bar cerca.
En el bar unas cuantas botellas de licor. No sabe cuál licor. Vuelve a casa a las once de la mañana. A las seis está en el trabajo con dolor de cabeza y nauseas. Al primer cadáver se vomita encima de él. Al cuarto no puede más y sale. No vuelve y no volverá. Se queda en una banca cerca al trabajo fumando cigarrillos. Uno tras otro. Tocándose la cabeza con las manos. Quemándose los dedos de tanto calar. Cuando se acaban los cigarrillos se queda mirando el suelo. Mirando el reflejo de las luces en el piso mojado. Al amanecer se va para su casa.
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