La Montaña Gris

 

 

LA MONTAÑA GRIS 

EL CALLEJON DE LA MUERTE (desenlace)
(Esta parte es inédita, de momento todavía nadie me ha ayudado a corregirla)



Noche cerrada. Un mugriento y maloliente callejón. Puerta de servicio de un restaurante chino clandestino.
La ciudad duerme envuelta en un apestoso y denso halo atmosférico con olor a muerte y a ratas podridas...
Repiqueteo de tacones..., un suspiro, un alarido...



Un gorila humano amenaza con un arma blanca a la indefensa mujer rubia que está sentada frente a él y la obliga a salir a la calle por la puerta de servicio sin que ninguno de los demás clientes del antro chino haga nada por impedirlo.

Un hombre maduro, de aspecto solitario y expresión de indiferencia, ha estado cenando como un rey en una mesa cercana. Se levanta sin pedir la cuenta y hace ademán de marcharse. Uno de los camareros le despide reverencialmente y le dice: "Que tenga buena noche, teniente Cunninghan, vuelva cuando quiela".

El teniente es un policía, un sabueso viejo de esos que se las saben todas. Con cierta parsimonia rodea la manzana fumándose tranquilamente un cigarrillo camino del callejón donde se ubica la puerta trasera del restaurante.

Mientras tanto, un hombre con un profundo golpe en la sien, tirado junto a un contenedor de basura, despierta de su letargo bastante confuso y aturdido e intenta ponerse en pie. Está malherido y no tiene fuerzas. Se palpa los bolsillos intentando localizar su móvil.

Ocultos en la oscuridad de las sombras, distingue a un hombre y una mujer que parecen una pareja de enamorados. Tambaleándose y sin que apenas le salga la voz del cuerpo, intenta acercarse a ellos para pedirles que lo auxilien y lo lleven a un hospital.

Al acercarse cree reconocer a la dama: "¿Marion?, ¡Marion!"

-"Ni un paso más, amigo, o la rajo entera aquí mismo delante de tus narices. ¿De dónde sales tú, esperpento?"

Aún no ha terminado su recorrido el policía cuando un grito de mujer le obliga a acelerar su paso.

Cuando llega al lugar de la escena, lo hace a tiempo de ver al grandullón que cenaba junto a la rubia desplomándose herido de muerte con un balazo entre ceja y ceja y a un tipo, ensangrentado, con aspecto de zombie, sosteniendo en su mano derecha una pistola con silenciador.

-"Si quieres librarte de una temporadita entre rejas vas a hacer lo que yo diga a partir de ya".

Cunninghan se cansó hace mucho tiempo de hacer su papel de policía bueno al servicio de la ley; algo imposible, por otra parte, en ese asqueroso tugurio y, un buen día, decidió que le traía más cuenta hacerse corrupto; al menos se divertiría más, sería más satisfactorio para su ego; al fin y al cabo, a su edad ¿qué podía esperar ya de la vida...?

Entra en el restaurante por la puerta de atrás y ordena a uno de los camareros que le de la llave del almacén. Sin rechistar, el oriental obedece. Cunninghan accede al back stage y abre la trampilla del sótano. Baja con precaución la angosta escalerilla de caracol que conduce a sus profundidades y penetra en un apestoso recinto inundado de asquerosas ratas. Tosiendo y desprendiéndose de ellas como puede se aproxima a un pequeño ventanuco. Lo abre y comienzan a salir, una tras otra, atropelládamente, invadiendo el callejón, donde está situado el ventanillo a ras del suelo.

Los roedores acuden a la sangre, a los cadáveres, pero los dos hombres los reconducen al del acompañante de Marion y, una vez comienzan a devorarlo, ya todo es coser y cantar. El cuerpo de la víctima en pocos minutos está totalmente cubierto de ratas, irreconocible, desfigurado, ante la atónita mirada de la indefensa mujer, que, aterrorizada, no da crédito a lo que sus ojos están viendo.

Por iniciativa de Cunninghan, las van matando a golpes, a cuchilladas, a desgarrones, a tiros, las queman, se ensañan con ellas utilizando cualquier arma, cualquier herramienta les sirve para este fin, en una orgía de diversión y muerte, y las dejan sobre el cadáver hasta conseguir hacer una montaña gris a base de cientos de estos asquerosos roedores.

La retorcida mente del policía pone la guinda con desalmada fruición al cortar dos rabos de rata e introducirlos en los agujeros de la nariz de la víctima. A otra de ellas la divide en dos y se las ingenia para que parezca que la rata le atraviesa la cabeza al occiso, haciendo salir cada mitad de una de las orejas, y una tercera, se la mete en la boca dejando asomar medio cuerpo. Mientras tanto, dos más de ellas, ya actúan por su cuenta comiéndose los ojos del orangután y otras cuantas saborean las tripas del desdichado bañándose dentro de su abdomen.

-"¡Amigo, que disfrutes de tu banquete de bienvenida al más allá, jajajajajaja!"

Ahora, dirigiéndose al hombre que disparó sobre la víctima:
-"Lo siento, mamón, te has quedado sin bici, tendrás que volver a tu casa andando. Tu telefonillo..., mira dónde está; cógelo y te lo llevas de recuerdo. Imagino que comprenderás cuál es el precio de tu silencio..."

Y, agarrando a la fémina del brazo:
-"Rubia, hoy es tu día de suerte y aún te queda por cobrar el premio gordo..., tú vienes conmigo."



Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Pedro_B       26/09/08 21:51
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Yo no hablaría de errores. Este relato tricéfalo nos proporciona el acercamiento a uno de los males más enraizados de nuestras sociedades: la corrupción, casada con la violencia y los desenfrenos. Me ha gustado su carga de novela negra, salpicada por el escarlata de la sangre. Las ratas vendrían a ser una especie de funcionarios menores que corroen las entrañas de las instituciones. ¿Tiene este desliz alguna justificación en la alienación y el cansancio del policía? Tal vez, pero a este servidor, le ha parecido una lúcida descripción de un mundo surgido de las piedras de las paredes de las cloacas burocráticas y de organismos de seguridad erosionados por la insatisfacción. Saludos.
Escrito por: narciza       25/09/08 10:01
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Que final, muy buena historia, un 10 para sus letras.
Escrito por: Antares       25/09/08 07:50
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Otro muy buen giro a la historia. Habiendo leído las tres partes, puedo decir que éste final es digno de las otras dos. Y mira que la historia policiaca (aunque esta tiene elementos de suspenso y pasajes bastante macabros) no es mi género predilecto, pero lo has hecho tan bien, que desde los primeros renglones de la primera parte me quedé enganchado.

Me gustan las tres partes, y me gustó leerlas en la secuencia que les has asignado. Saludos, amiga, te felicito!
Escrito por: Momo       25/09/08 02:26
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Truculenta historia de corrupción en la que describes muchas situaciones. En algunos momentos pone los pelos de punta. Manejas muy bien el asunto del móvil, porque estremece esa angustiosa llamada que no puede ser recogida. Las tres partes están muy bien. Me ha gustado. Saludos. Chares
Escrito por: sumysel       24/09/08 23:26
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Bueno, bueno...qué tenemos aquí?...
Un relato policial con una descripción que hace que el lector se introduzca en la escena. Me recuerda un poco a la canción que interpreta Rubén Blades "Pedro Navaja"...pues me imagino totalmente las escenas.
Un abrazo Sol, te felicito.
Escrito por: Osvaldo       24/09/08 16:14
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me dolieron las tripas. Qué descripciones tan fotográficas!
Escrito por: mariavictoria       24/09/08 15:35
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Este es el primero de tus cuentos que leo, fuerte con algunos pequeños errores, pero bueno muy bueno. Adelante, solo escribiendo se corrigen autores Marìa Victoria
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Preguntas frecuentes    -     Anunciar    -     Publicar cuentos
Nuestra red: Adelgazar sin trucos