


| Escritor: | nyu_fb |
| Públicado: | 18/11/2007 |
Tal vez cabe aclarar -o no- que hablando con mi mamá hace un rato surgió esta idea. Hablábamos de un tío -tampoco se porqué entro a hablar de lo privado- la cosa es que dijo que muchas veces la gente se queda con lo que tiene al principio, creyendo que los que trabajan, que se esfuerzan para obtener algo en la vida tienen suerte, solo eso. No crean que es una explicación hacia el texto, no tienen mucho que ver.
Mediocridad es una palabra fuerte.
Una cafetería de suburbio,
bastante mugrosa y cochina.
Come una milanesa, él.
Cree que los demás tienen suerte,
pero él es un mediocre.
Sentado en la barra, su voraz estomago hace que su
barriga se hinche,
se llena de sangre, atacada por un apetito insaciable.
Asquerosamente manchado se limpia el aceite, quien
sabe cuantas veces utilizado en hacer la fritanga que come, en esa chomba
gastada.
Un pibe le pide una moneda. Lo ignora.
Va a pagar, pero lo sorprende ver entrar a un viejo
compañero, quien sabe de que encuentros turbios lo recuerda. El hecho es que
éste no lo ve, o está muy concentrado en lo que va a hacer como para recibir
estímulos externos.
Un acto clave.
Amenaza, presiona, exige.
El dueño no tiene lo que busca, lo que todos buscan.
La falta, se hacía notoria ya de por si por el aspecto del chocarrero
lugar, no se porque la gente cree que en la puerta de al lado va a haber lo que
uno no tiene.
La situación se torna nerviosa, aunque es rápida, como
para que las pocas personas que hay que se pueden contar con los dedos de una
mano- no tengan ese tiempo para actuar inteligentemente.
¿No hay? El viejo compañero se pone nervioso, seguro
que alguien sabía, o tal vez no, que este hombre impulsivo padece de algún
desequilibrio mental.
Ya basta, en un estúpido intento de terminar con esta
escena, nuestro hombre mediocre no más mediocre que el resto- intenta desarmar
al viejo compañero.
¿Un mal movimiento? Ya lo creo, amigo. El recién
llegado reacciona y cobra las consecuencias pintando de color rojo este maldito
teatro negro. Brota interminable la sangre que antes ocupaba la barriga, ¡con
que fuerza mancha esta pintura brillante la mugre que conformaba el cuadro!
Quien vea esta imagen congelada, contemple el espanto
y el horror de expresiones faciales tan marcadas por las cicatrices de toda una vida.
Se da a la fuga, cobrando más de lo que esperaba. Quien sabe a donde iran a parar todos estos personajes...
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