La Lumbre Perdida

Quimey tomó el pucho, e instantes antes de encenderlo, Vicente se lo sacó de la boca de una bofetada. Con sus ojos en llamas veía con funesta seriedad la reacción. Responde entonces con risas grotescas. Levantó el cigarro del suelo para fumarlo en el jardín.

Se sentó apoyando su espalda contra la tarima que sostiene el Helecho de Cristal. La neblina le contenía toda la vista. No se dejaba dilucidar más que la posición de la brasa del cigarro, esquivando los charcos de vapor. Lo misaba ensordecidamente. Hacía cuentas mentales para medir la distancia y calcular el margen de error entre el filtro y la lumbre, a la vez que veía piruetas rojas pintando de naranja la bruma; la lumbre también tenía sus aplicaciones estéticas.

La meta, observó, estaría a seis centímetros de la luz. Claro que, obviando el tacto de los dedos sobre el tabaco, no sabía en que dirección. Por lo que para asegurarse llegar a puerto, debía de realizar una circunferencia.

Para aprobar la hipótesis lanzó el cigarro a medio metro. Para fumar debería tomarlo del suelo. Lo único que la neblina hacía visible era la lumbre. Sin embargo no podría tomarlo por allí. Los dedos se quemarían y no sería agradable. Por otro lado, si se proyectaba a siete centímetros, la circunferencia no cortaría jamás por el filtro. Ya delimitados los parámetros cualitativos, ajora procedería a las cuestiones de cantidad. Debería proyectarse lo más cercano posible al fugo. Porque si se aleja, el radio del circulo aumentaría, haciendo crecer a su vez la circunferencia. Si a los cuarenta mil kilómetros de circunferencia de la tierra le agregaras un metro, el radio aumentaría unos quince centímetros. La misma cifra que en el caso de una rueda de bicicleta de metro y medio. Yendo al grano, mayor circunferencia, menos tiempo de vida me queda para transcurrirla.

Se le ocurrió en un momento de lucidez proyectarse sobre un punto y deslizarse luego a través de una espiral concéntrica, que le significaría una reducción del tiempo. Rápidamente, igual, se dio cuenta de su error teórico. Sería preferible una circunferencia con el menor radio que haya alcanzado la espiral. Aunque, siempre y cuando no corte con la lumbre antes de la primera vuelta, en la práctica sería siempre preferible la espiral.

Después de semejante preámbulo, Quimey se decidió por fin abordar la empresa. Colocó su dedo en la partida, pero al comenzar el trayecto, un par de dedos extraños tomaron al cigarro por la brasa; haciéndola desaparecer en el acto. La lumbre estaba perdida para siempre.

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