PRELUDIO
En el despacho de un prestigioso arqueólogo, entró Adolf acompañado de la cúpula
mayor de su partido. Aquel investigador de aspecto serio, y vestido con elegancia para
su época ofreció asiento a todos los presentes, aunque el único que se sentó fue el
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pequeño hombre de ridículo bigote mientras que el resto de la comitiva se mantuvo de
pie.
-Has conseguido algo relacionado con aquello que te comenté-dijo Adolf a aquel
hombre de tez tostada.
-Si.-afirmó mostrándole un legajo de aspecto deteriorado.-Pero sabes muy bien que esto
te costará un dinero importante.-se dirigió a él sin tapujos ni solemnidades. Era de las
pocas personas capaces de dirigirse al Führer sin amedrentarse.
-Sabes muy bien que por eso no hay problema.-el tonó del dictador intentó ser
despreocupado, aunque en su interior sentía una inquietante intriga por descubrir el
contenido de ese legajo, aunque evidentemente su status le hacía evitar en la medida de
lo posible, mostrar su inseguridad en público.
-Bueno de dinero hablaremos luego.-obvio el arqueólogo el tema monetario.-He logrado
encontrar este documento cerca del mar Muerto, justo en lo que fuese una comunidad
esenia.-señaló el lugar del hallazgo.-Creo que te será de gran utilidad.-afirmó
tendiéndole el pergamino.
-Sabes muy bien que desconozco esa lengua.-rechazó coger el documento entre sus
manos.
-Está bien te diré lo que pone.-aceptó con cierto tono sarcástico.-Pero será mejor
hablarlos los dos a solas, solo tú y yo. Hay posibilidad de que existan topos y no me fío
lo más mínimo.-propuso el investigador.
A una señal de la mano del dictador, salieron todos de la sala, quedándose a solas los
dos. Con impaciencia animó al historiador a traducir aquel documento. Pero este no se
dio muchas prisas, al contrario se acomodó en su asiento, para luego, tras encenderse un
puro, lanzarle un folio con la traducción exacta de aquel legajo.
Lo tomó entre sus manos con la misma agonía que quien guarda entre sus manos su
propia vida. Leyó, con una mirada misteriosamente brillante, aquel texto que lo
terminaría de marcar por vida.
Y de la tierra de Canaán nacerá un Antimesías que confundirá al mundo, y lo llevará
por el camino de la destrucción y el Apocalipsis. Pero llegará el Elegido, aparecido
tras la muerte de último de los cuatro profetas, quien reunirá a los hombres bajo una
insignia y bajo la forma de una gran nación, y los hará grandes.
El espíritu del Bien permanecerá por los tiempos y será al destruir a los vástagos del
Maligno cuando esto acontezca.
-¿Y bien?-preguntó el investigador cuando vio a Adolf concluir el texto.
-Claramente esto guarda relación con mis sueños.-aseguró satisfecho por el contenido
del texto.-Está clarísimo que habla de mi al referirse al Elegido. Yo los reuniré bajo una
misma bandera, la alemana, y haré grande a la raza entre las razas, la aria. Son los arios
quienes deban dominar el mundo.-se mostró orgulloso y soberbio.-Aunque para ello
deba acabar con los judíos, malditos hijos de Satanás.
-Mein Führer recordarle que a este pergamino le falta la otra mitad, por lo que le pediría
que aún no emprendiese ninguna acción contra los judíos. Recuerde su poder
económico dentro del país, y el apoyo con el que aún siguen contando. Tal vez la otra
mitad revele algo más sobre la identidad del Antimesías.-le aconsejó ante la visible
euforia de Adolf.-Permítame un par de meses más en la excavación por si logro
encontrar algo más. Después si quiere debatimos su plan nuevamente.-sugirió.
Pero la codicia del dictador le había cegado hasta límites insospechados. Aquel texto le
había dado alas como para verse como el Emperador del Mundo. Fue este el aliciente
para hacer la jugada maestra de desprestigio semita. Incendió el Reich acusando a los
hebreos de tal hecho. Aquello era una excusa perfecta para cargar abiertamente en
contra de ellos, discriminándoles en un primer momento a través de las estrellas de
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David bordada en la ropa, pasando por la creación de guetos, y concluyendo en los
grupos de exterminios como las S.S.
Era tan grande su codicia, como su afán de poder, que el 1 de noviembre del año 1939,
invadió Polonia, ante el beneplácito de la URSS estalinista, anexionando el país al
recién creado imperio del que ya formaban parte tanto Alemania como la vecina
Austria. Luego serían países como Bélgica, Holanda, Francia, o la propia Inglaterra, a
los que intentó anexionar, dando pie a la más terrible de las guerras conocidas por el ser
humano: la Segunda Guerra Mundial y el mayor genocidio de la Historia a través de los
mal llamados campos de concentración.
La política del Führer tuvo muchos detractores, aunque sin embargo también tuvo
aliados. Gente que como él resultaban ser codiciosas, y sin escrúpulos, que no sentían
rubor al apoyar la causa nazi. Gente como el Duce Mussolini, el Caudillo Francisco
Franco, o el mismísimo emperador del Sol Naciente.
La intervención de Estados Unidos sirvió de gran ayuda a los oprimidos europeos,
aunque con ellos se perdieron cantidades importantes de documentos. Con la entrada en
Berlín de las tropas aliadas, concluía los delirios de grandeza de un loco, que
supuestamente había acabado junto a su locura, con un disparo en la sien en el bunquer
donde paso los últimos meses.
La victoria sobre el ejército nazi no solo trajo la paz al empobrecido pueblo alemán,
sino también uno de los mayores saqueos más despiadados de la historia moderna. El
dictador poseía información muy valiosa y peligrosa sobre otras naciones, que de salir a
la luz harían temblar las estructuras de sus sistemas. Mucho de los países actuales deben
su régimen actual, a la desaparición o destrucción de cierta clase de documentos.
De este botín no solo formaron parte los protagonistas conocidos como Churchill,
Stalin, o el mismísimo Truman, quien sustituyó a Roosevelt tras su repentina muerte,
sino también los nacionalistas judíos, quienes desde sus bancos, habían apoyado
monetariamente esta guerra, hecho que les permitió hacerse con el legajo que un día
poseyese Hitler, coincidiendo la reacción al verlo con la del genocida. Y es que para
ciertos rabinos de gran renombre el mensaje guardaba relación con el pueblo de Dios.
Pensaron de manera ruin, que aquella gente que vivían en donde un día fuese su patria,
debían de ser vástagos del Maligno, pues esos infieles, se habían atrevido a usurpar sus
tierras, que tiempo atrás el buen dios Jahve, por lo que la venida del Antimesías se daría
dentro del pueblo palestino, aunque para entonces, esperaban que el Mesías salvador
hubiese nacido guiándoles hacia la libertad, y la supremacía del pueblo judío sobre las
demás naciones.
Llegó a ser tanta la obsesión del gobierno israelita con este tema, que hicieron una
autentica cruzada por destruir cualquier indicio de malignidad en los diferentes
asentamientos palestinos, llegando a matar a niños inocentes, cuyo único delito ha sido
nacer en el lugar incorrecto, por mucho que se hayan excusado en denominar a tan
sangrienta represión, ataques selectivos contra focos insurgentes. Un eufemismo cruel
para ocultar la verdad del genocidio.
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