


| Escritor: | Tandil |
| Públicado: | 18/10/2007 |
Todos los lunes y miércoles de cada mes y de cada año a las 10 de la mañana y hasta bien entrada la tarde, Laura, Raquel y su hermana Marta llevan los pesados canastos con la ropa acumulada durante días, al precario lavadero que esta ubicada justo al lado de su casa, si puede llamarse casa ya que una pocilga seria el mejor adjetivo.
Laura es la encargada de lavar la ropa, no tiene más que un pequeño trozo de jabón que su padre le ha dado hace ya tiempo, mientras tanto Raquel será quien enjuagara una y otra vez las prendas hasta que el agua salga incolora.
Marta, la mas pequeña, las mira con atención, así aprende la tarea para cuando le toque su turno, que calculando el ritmo que lleva últimamente su padre acumula ropa sucia, será antes de lo previsto.
A pesar de lo que puedan pensar y chusmear las vecinas, ellas toman esas horas como su momento, aprovechan a contarse cosas, a reírse y a cantar las canciones que aprenden en la iglesia, y que su padre no les permite cantar en la casa, ya que cree en la vieja leyenda que cuentan los aldeanos de la zona, sobre la vaca y la leche.
La leyenda cuenta que un niño llamado Pedro, vivía en la ciudad de Esmuylejosydificildellegar, comenzó a tararear en su casa las canciones que aprendía en la misa de los domingos a partir de ese momento la única vaca que tenían en su familia, para alimentar a sus cinco hermanos comenzó a dar leche descremada pero todos pensaron que seria por la gran lluvia que estaba cayendo y que hacia que el agua entrara en el cuerpo de Florencia (por cierto la vaca se llamaba Florencia). Pero Pedrito dio un paso mas, y comenzó a cantar las canciones a partir de ahí la vaca dejo de dar leche descremada, dejando paso al agua A partir de ahí nació la leyenda de la vaca y el agua.
Dolorosa es la vida de estas tres hermanitas desde que su madre se marcho de la casa con el lechero, aunque parezca mentira la desgracia de la vaca, la leche y el lechero las persigue. Su padre luego de ese lamentable hecho, ya no les regala historias antes de dormir y mucho menos caricias o besos.
Solo tienen estos momentos, los momentos de la lavandería, como suelen llamarlo ellas, para alegrar sus tristes días, alejándose así de su casa y sobre todo de su padre.
Ya va llegando a su fin la jornada de limpieza del día lunes, pero saben que pronto llegara el día miércoles y nuevamente tendrán la posibilidad de profesar ese rito prácticamente pagano para su padre, que era cantar las canciones de la iglesia.
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