Y fué cierto , le conte de mi vida, hoy veo a lo lejos que poco había para contar , pero uno siempre piensa que la vida gira
por nosotros o que nosotros hacemos girar la vida , en fin ideas de jóvenes , de todas manera a ella le parecía fantás-
tico , representaban mis recuerdos la experiencia de un tipo
de mundo , donde en realidad mi mundo , lo había definido
ella en las primeras palabras que me dijo , ella me las dijo
con cierta admiración - hoy las digo yo con cierta resignación - tenía algo de caradurismo - la misma accion de
ir hacia ella como fuí , fué suficiente para entusiasmar su excitabilidad femenina y para iniciar una relacíón que sembró
la ciudad con nuestro amor,así lo dejamos ver cuando caminabamos tomados de la mano por la ciudad y para que
todo el mundo viera la fuerza que tenía la inocencia de que nos amábamos , que no había nada tan bello como lo que nosotros sentiámos , ni las bellas sierras de San Luis , ni la
fuerza del Chorrillero (viento serrano muy frío ) ni sus ríos , sus arroyos , sus lagos , tenían la dimensión de lo que era
lo que con la complacencia de su silencio o el valor de la accion climática , diagramada por la naturaleza , habian generado en nuestra almas, exclusivamente en ese mágico momento de nuestras vidas - la incesante demostra-
ción de la limpieza de los sentimientos - Así nos amamos y
eran esas noches cálidas y si eran frías no importaba, camina-
bamos buscando un árbol donde nuestra carne ofrecía su mejor color y calor a nuestra necesidad y al gran temor de hacer lo que queríamos y no nos atrevíamos , pero esos ár-
boles añosos, de aquel San Luis inolvidable, eran nuestros confidentes y confesores de nuestra prudencia y de nuestros
deseos , ellos competían y distraían nuestra sensualidad con
hospitalidad , con abrigo , con sombra , con silencio - Lamentablemente no fueron ellos finalmente los que sintieron nuestras lágrimas por la grandeza de la realización
sexual - fueron otros lugares , tampoco los próximos de éste relato , se siguieron las ansias que hacian enardecer la
femeneidad y la virilidad de dos jóvenes en el éxtasis de sentir lo bello del deseo , no siempre el deseo resulta una incomprensión desechable , tiene la atracción de lo que se
puede y que se tiene que esperar - el premio es tan grande
que aún la imprudente impaciencia del temor frente a la al-
ternativa que no llegara - se ponia de rodillas y nuestros
sueños que eran muy parecidos acosaban la felicidad de lo
que ya simbólicamente estaba pactado pero no decidido ,nuestras confidencias cuando emocionalmente y entre dientes hablábamos que nos despertabamos tomados
de la mano y luego nos abrazábamos para llenarnos de be-
sos , hacían como adelantar lo que hoy estoy relatando -parecía una novela - allí podía apreciar a traves de sus ojos, esos que me permitían por dentro ,acariciar sus moldeadas y elegàntisimas piernas , piernas que eran dueñas de todos mis celos , cuando los ojos masculinos las gastaban, y allí si
surgía mi pulcritud varonil de sentirme profanado , pués eran
mías y me dolía , por otra parte me sentía halagado - todo en ese momento de nuestra relación era confuso y ello surgía por la intensidad de nuestros deseos ... eran tan grandes , eran tan fuertes , eran dueños de nuestras horas y
era la piadosa resignacion por la distancia que día a días se
acortaba - la que hoy , les aseguro , en éste momento ,la estoy viviendo en la profundidad de éste suspiro ... cuando les digo ésto recien empieza - continuará - Litosanbarreix
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