La Guerrera de Piel Canela

 

Capitulo 1

 

Kelisha nadaba en las cristalinas aguas del río sonrisa que se hallaba a kilómetros lejos de su pueblo Arbutos. Eran las 2:00 de la tarde y el sol comenzaba a volverse insoportable, la mejor manera de evadir su furia era tomando una buena bañada en el río. Mientras disfrutaba de la fresca agua miraba a vuelta redonda la zona para protegerse de cualquier curioso o lujurioso. A pesar de todo, muchos la respetaban por ser la hija del líder de la raza Arburquen, también estaban aquellos que le arrojaban piropos no muy bien intencionados y, eso la hacia mantenerse alerta. Árboles se alzaban a su alrededor pareciendo tocar los cielos, aves cantaban, el viento apenas soplaba sobre el calmado río. Ese era el único lugar en que podía sentirse libre y con derecho a todo, odiaba que su padre la sobreprotegiera y la obligara a no ser nadie, las mujeres de la raza Arburquen no tenían voz ni voto. Eso la enfurecía. Solamente el hombre podía ejercer oficios de riesgos, mientras la mujer sólo vivía criando muchachos.
Salió del río con un traje de baño de tela fina y de color blanco. Tomó su cabellera negra y la exprimió con gran fuerza. Kelisha era una mujer de tez canela, cuerpo esbelto y rostro fino. Ojos oscuros que al ser impactados por los rayos del sol se veían marrones claros. Luego de secarse y vestirse se alarmó al escuchar de alguna parte unos quejidos, preocupada, pensó que se podía tratar de alguien de su raza. Se dirigió hacia los gemidos incesantes. Se abrió camino entre los arbustos, avanzó el paso. De momento…
Tres hombres guardias de su raza aparecieron de entre los arbustos y le apuntaron con lanzas de punta muy afilada. Kelisha saltó del susto y luego se llenó de alivio al ver que eran los guardias de confianza de su padre.
—¡Casi me matan del susto! —expresó Kelisha casi sin aliento— ¿Qué hacen por aquí? ¿Me estaban vigilando?—
—No, señorita. Escuchamos unos quejidos extraños y decidimos venir a investigar. Quédese detrás de nosotros, podría ser un criminal peligroso —le dijo uno de los guardias—
Siguieron el camino con mucho cuidado y dando pasos silenciosos. Abrieron los ojos grandes al ver a un hombre de tez blanca y cabello marrón tirando a negro recostado de un árbol, sangre manchaba su ropa. Kelisha preocupada se acercó al hombre y le preguntó:
—¿Cómo te llamas? ¿Qué te sucedió?—
El hombre apenas hablaba, sus ojos comenzaba apagarse mientras su cuerpo se iba cayendo hacia el lado derecho, así fue, cayó de cuerpo completo al suelo sin contestar la pregunta de la bella mujer. Los guardias se unieron y tomándolo entre todos lo llevaron en dirección al pueblo.
Kelisha se mantuvo detrás de los guardias mientras observaba al misterioso sujeto, le era extraño, muy extraño ver a un hombre de tez blanca rondando los terrenos de los Arburquenes. No paraba de preguntarse: ¿Qué le habrá ocurrido?
Llegaron al pueblo luego de caminar un largo trecho, fueron recibidos por adultos curiosos. Otros guardias se acercaron para socorrer al hombre herido. Lo llevaron a la casa del líder de la raza y allí le curaron las heridas. Tardó horas en despertar.
Kelisha se hallaba en la sala de su enorme casa, sentada en un sofá esperaba saber algo sobre el hombre blanco. En ese instante, se acercó su padre Balendin y su prometido Aingeru. Kelisha no mostró mucha alegría al verlos. Su padre era un hombre de mirada ruda, bigote y cuerpo sólido a pesar de su gran edad, su prometido tenía tez canela, ojos color miel y una mirada juvenil pero varonil.
—Me alegra que este bien. Los guardias me informaron de todo lo acontecido, el hombre despertó, no recuerda nada sobre su vida antes de llegar aquí. La sangre provenía de cinco orificios ubicados en su pecho… tiene suerte de estar con vida —habló Balendin—
—¿Qué hacías en el río sonrisa, princesa? —le preguntó Aingaru—
—Simplemente descansaba, tomaba un baño—
—Sabes que no debes estar sola, siempre que salgas acostúmbrate a salir con tu novio y futuro esposo ¿entendido? —dijo Balendin con autoridad—
—Entendido, padre —expresó Kelisha seguido de besar molesta en la mejilla a su padre y sonreír forzadamente a su novio—

Aingaru se aprovechó y le robó un beso en los labios a Kelisha, ésta no tuvo más opción que responderle de igual manera. Se alejó, y se dirigió a su habitación.

 

Continuara..


 
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Comentarios:

Escrito por: KARYNNA       22/09/08 04:15
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Me alegro de ver nuevamente historias tuyas por aqui,si que me hicistes esperar por algo màs,pero lo bueno es que ya llegaste con nuevos relatos,ahora tendre que esperar por mas de ellos,sabes bien que me hice fans de los relatos por los tuyos,me fascina la forma que tienes para atrapar al lector,unes fantasia,amor,batallas,de forma excelente y limpia....


dos besos
Escrito por: smaug       18/09/08 03:26
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me encantan este tipo de historias


Saludos
Páginas: 1

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