La guerra de los dedos (Fábula)

Categoría(s): Fábula

Fue necesaria la intervención policiva, la Fiscalía General de la Nación, abogados litigantes a favor y en contra, para que finalmente la Honorable Corte Suprema de Justicia pudiera fallar dictando una sentencia que dejaría aún sinsabores por un supuesto y orquestado complot. Todo comenzó a finales del siglo pasado entre las cuatro paredes de la sala de Informática del “Colegio Federal Casa de María” dirigido por Hermanas de una prestigiosa y respetada comunidad religiosa en las afueras de una lejana ciudad en el país de la Gran Colombia cuyos límites eran:  Al Norte con la ciudad “Donde el viento se devuelve”  al Sur con la ciudad  de Patagonia, al Oriente con la ciudad  de Perraperdía y al Occidente con la ciudad “Donde el diablo no se atreve”. Después de tantos maltratos, atropellos e injusticias en donde como siempre la fortaleza de los fuertes y el poder de los poderosos se imponía aún con violencia sobre la debilidad de los débiles, pobres, menesterosos y menos privilegiados quienes después de tantos rodeos y temores se unieron para acabar por fin con la tiranía de los más fuertes y despiadados. 

-¡Nooo… ese dedo noooo!  

Retumbaba detonante la voz desesperada del profe Yorgs.

  

Las niñas de ese colegio se caracterizaban por su dulzura, ternura y obediencia, pero ante esta orden del profe eran incapaces de pulsar las teclas con los dedos correspondientes y por consiguiente les era imposible mirar en la pantalla como iba saliendo el trabajo pues sus miradas siempre estaban clavadas en el teclado, parecía que sus cerebros dictaban una sola orden: 

 

- Índices y medios, ¡al ataque, destruyan todo a su paso! 

 

Los meñiques y anulares desde su mano empuñada miraban con tímida ira deseando participar, pero atropellados e impedidos, solo mirar les era permitido. En medio del caos, el abuso y la violencia de índices y medios, los pulgares, a pesar de su tamaño y fortaleza, también miraban con una tonta y asustada sonrisa, pues ellos también eran víctimas de tan cruel atropello. 

 

- ¡Si tan solo una tecla pudiéramos pulsar…!   

 

Se decían entre sí. Sin que ellos lo notaran, el meñique izquierdo escondido debajo de su mano escuchaba esta quejumbrosa charla y, dándole un codazo a su vecino el dedo anular, le dijo muy recargado de ira:  

 

- Creo que debemos aprovechar la inconformidad de los pulgares para unirnos a ellos, ¡luchemos por una justa causa!  

 

¡Pelearemos por nuestros derechos!

 

Afirmó el anular izquierdo, que inmediatamente llamó por celular a su hermano anular derecho para exponerle los planes.                                                           

 

-Creí que yo era el único inconforme; no solo para lucir los anillos hemos sido creados-  

 

repuso el anular derecho.  Sin pensarlo más y envalentonados de coraje se congregaron frente al teclado. 

 

-¡Al  ataqueeeeeeeee! 

 

Gritó el valiente meñique izquierdo mientras abanderaba a la furiosa multitud de dedos. Atrevida y violentamente comenzaron a pulsar todas las teclas indiscriminadamente. Al ver esto los índices y medios siempre listos para aplastar y oprimir se abalanzaron contra los meñiques, anulares y pulgares y comenzaron a golpearlos y a atropellarlos con violencia.  La guerra y el caos era total, el pobre y asustado teclado entró en pánico y gritaba desesperada e inútilmente: 

 

-¡Auxilio, socorro, que alguien me salve!   

 

En el monitor o pantalla salían mensajes desesperados de lo más profundo del computador: 

 

-El sistema ha entrado en coma, ayúdenme por favor. 

 

Eran tantos los gritos de dolor  por los choques de los huesos de los dedos, que casi se partían. Cierto día, en su recorrido cotidiano para verificar que todos los computadores estuvieran correctamente apagados y  las sillas en sus lugares, el profe Yorgs encontró unos dedos enrollados y encaramados, quienes aún luchaban por el dominio del teclado. Se necesitó la fuerza de 3 seños y 2 profes para poder desencaramarlos. De pronto, atraídos por los gritos que se oían a casi tres cuadras alrededor, irrumpió el cuerpo de policías, que armados hasta los dientes debieron pedir refuerzos al Ejército y a las Fuerzas Especiales Antimotines para poder detener esa horrible guerra. Finalmente lograron detener a todos los dedos de la mano llevándoselos presos, esposados y amordazados. Aún presos detrás de rejas se escuchaban gritos y consignas ofendiéndose entre sí. Aparecieron en la cárcel abogados defensores y acusadores de parte y parte, La Fiscalía General de la Nación llevó a cabo la investigación pertinente y finalmente hubo la necesidad de un juicio ante la gran Corte Suprema de Justicia. 

 

-¡Orden en la sala!-

 

Gritaba el Juez mientras golpeaba la mesa con un pesado martillo de madera. Se escucharon las declaraciones de todos los dedos: 

 

-Siempre hemos sido atropellados- 

 

alegaba el meñique izquierdo. 

 

-¡Esto no es para débiles!-

 

enfatizaban los índices. 

 

-¡Silencio!- 

 

Gritaba otra vez el airado juez.  Después de un profundo silencio en la sala, los jueces murmuraban entre sí hasta que finalmente el Juez dijo: 

 

-Hemos deliberado y hemos llegado a la siguiente conclusión-: La sentencia es esta:                                    ¡Acérquense todos frente al teclado!  

 

Tímidamente se acercaron todos los dedos de la mano, el juez prosiguió:                                                    -

 

Utilizaremos como modelo a LAS TECLAS GUIA, cada dedo pósese sobre una tecla, ¡solo una!-  

 

Gritaba airado. 

 

El meñique izquierdo se posesionó sobre la A, el anular izquierdo tomó la S, el medio sobre la D, y el índice izquierdo sobre la F.  De igual forma la mano derecha se posesionó así:  El meñique la Ñ, el anular la L, el medio la K, y el índice la J. Inmediatamente los pulgares dijeron:  

 

-Como la BARRA ESPACIADORA nos queda cerca ¡tomémosla!  

 

Los jueces y abogados observaban sin perder detalle. Por unos instantes hubo un silencio abrumador casi sepulcral, de pronto, la voz del juez interrumpió aquel pesado silencio diciendo: 

 

-LAS TECLAS GUIA son diez, pero teniendo en cuenta que los pulgares pulsarán la barra espaciadora, quedan libres en el centro la G y la H, entonces se las daremos a los dedos más cercanos a ellas-. 

 

-¡Yupiiiiii!  

 

Festejaron los índices, pues eran ellos los dedos más cercanos a la G y la H. El Juez sentenció que el índice izquierdo debía pulsar la F y la G, y el índice derecho la J y la H. Resignados los meñiques, anulares y medios muy a regañadientes aceptaron al igual que los pulgares. 

 

Además de lo anterior el Juez les dio libertad bajo fianza y les puso una condición: 

 

-Si vuelven a pelear y si hacen mal uso de los dedos, serán arrestados sin beneficio de excarcelación-, dijo. 

 

Todos regresaron a sus labores en el colegio. El profe Yorgs pensó que ahora sí las niñas iban a aprender a usar el teclado y que a partir de entonces escribirían con mayor rapidez y sin necesidad de mirarlo. 

 

Pasaron dos semanas después del juicio cuando abrumado de gozo  el profe Yorgs corría por todos los pasillos del colegio mientras gritaba a todo pulmón: 

 

-¡Soy el profe más feliz del mundo, mis niñas escriben con todos los dedos y sin mirar el teclado!- la, la, la, cantaba. 

 

-¡Parece loco!- 

 

Murmuraban las seños al verlo pasar. 

 

Transcurrieron algunos días cuando repentinamente la Secretaría de Educación Federal hizo una visita sorpresiva al colegio e hizo una inspección general y al pasar por la sala de informática quedaron atónitos y boquiabiertos mientras miraban deslumbrados como las niñas de todos los cursos, aún las de 3ºD, 4ºC y 4ºD escribían sus tareas, trabajos y cartas utilizando todos los dedos de la mano sin mirar el teclado. 

 

La fama de ese colegio se extendió por todos los rincones del mundo hasta el punto que diariamente se recibían visitas de todos los medios de comunicación, los cuales después de hacer largas filas con sus pesados equipos y cámaras filmaban y difundían imágenes de alumnas y profesores en sus noticieros exaltándolas y poniéndolas como un ejemplo digno de imitar. 

 

Ese año el Colegio que tenían a su cargo Las Hijas de la Misericordia recibieron la más grande condecoración de todos los tiempos: Una medalla de oro de 24 Kilates con una inscripción que decía:  

 

“AL COLEGIO CASA DE MARIA POR EL EXCELENTE MANEJO DEL TECLADO”. 

 

Desde entonces cuando alguien se refiere al Colegio CASA DE MARIA lo hace con respeto, admiración, orgullo y dignidad en aquella lejana ciudad.                                                                         FIN 

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